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El Dios de la Danza y la Metáfora Cinestésica

July 10, 2014

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En el taller literario #10alas10*, dedicado a la creación de cuentos breves corresponde estudiar, tras una metáfora “fácil”, como la hiperbólica, una más compleja, la Cinestésica (no confundir con la Sinestésica, con “s”, que se refiere al intercambio de las percepciones los sentidos), o Kinestésica.

La Cinestesia o Kinestesia -de un modo simplista- es el estudio del movimiento. Más específicamente, del movimiento humano, de la capacidad humana de percibir el espacio utilizado por su propio cuerpo, mantenerlo en equilibrio, desplazarlo en el espacio que lo circunda, y en el tiempo. Esto se logra a través de la percepción interna, llamada sensibilidad interoceptiva y de la percepción externa, la sensibilidad propioceptiva, radicada en los músculos y articulaciones y auxiliada por el sentido del oído (esencial en la ubicación espacial y el equilibrio). Ambas se conjugan para llevar a cabo el acto voluntario del movimiento. Caminar, adelantar el brazo y la mano para sujetar algo, comer, negar con la cabeza, saltar, correr, bailar, etc., todos son actos cinestésicos.

Una nota cultural: la habilidad Corporal- Cinestésica hoy en día es considerada uno de los componentes de la “inteligencia múltiple”, según la teoría de Howard Gardner. un bailarín o un deportista son genios del movimiento lo mismo que un artista plástico.

La Cinestesia, como recurso literario, se emplea para dotar de movimiento aparentemente voluntario a cosas inanimadas que no lo tienen, por voluntad propia ni por reflejo. Por ejemplo, esta construcción:

La puerta se abrió, airada. La vela se estremeció y su llama quedó temblando de frío, hasta que murió.

Aquí estoy insinuando que la puerta se abrió sola, no que alguien o algo la abrió, aunque podía haber sido el viento; la llama de una vela puede “temblar” con una corriente de aire, pero está claro que no puede tener escalofríos, como un ser vivo. Estoy haciendo una Metáfora Cinestésica.

No es una antropomorfización, pues no únicamente los humanos se mueven, y, además, como figura retórica, la Metáfora Cinestésica se extiende a los sentidos y sensaciones, haciendo oír, palpar, olfatear y ver a las cosas que no pueden hacerlo. Pero lógicamente, todas estas cosas son efectuadas a través del movimiento. Les pongo un ejemplo:

Recosté mi frente en el cristal, que, al sentirla arder, le dió un frío y duro beso para absorber mi locura.

Es una metáfora Cinestésica porque un cristal “besara”, además de que tendría que tener labios, claro, habría de fruncirlos y presionarlos, efectuar un movimiento voluntario. No es el cristal el que se mueve, es el humano el que lo hace al acercarse al cristal y presionar su frente contra él, pero es una forma muy efectiva de comunicar la sensación de un cristal frío contra la piel caliente, que es lo que yo buscaba.

Hasta los actos de hablar y escuchar involucra Cinestesia. ¿Recuerdan esa frase, “las paredes oyen”? Es una Metáfora Cinestésica.

Para ampliar, con un agradable ejemplo, el concepto de Cinestesia como recurso retórico, aquí una construcción literaria de @_juan_karlos_, uno de los talleristas de #10alas10.

“Yo seguía a la noche y la madrugada a mí; el viaje estaba por terminar. El aroma a café recién hervido llamó al amanecer y las casas de mi pueblo respondieron al badajo que anunciaba el día cerrando los ojos.

El viento del norte bailaba con el maizal junto al camino viejo, que seco y agrietado, nos besaba los pies cansados que ya sentían la querencia por la tierra amada.

Por fin mi hogar me dio la bienvenida con el sabor humeante de la cocina.

La sonrisa de mi madre y el tibio calor de mi casa me reconfortaron. Las ventanas me abrieron los brazos.

Salí a buscar a mi padre y los zarzales dieron un paso atrás para mostrarme el camino. Fue un abrazo de hombres que se quieren, que hizo temblar la tierra y estremecer el cielo.”

@_juan_karlos_
Editora, @yuriikko

 

Y una ilustración de lujo, feliz hallazgo del tallerista @pliniux, un poema de Octavio Paz que, como bien nos lo dijo él, casi todo es pura metáfora cinestésica.

“Cantan las hojas,
bailan las peras en el peral;
gira la rosa,
rosa del viento, no del rosal.
Nubes y nubes
flotan dormidas, algas del aire;
todo el espacio
gira con ellas, fuerza de nadie.

Todo es espacio;
vibra la vara de la amapola
y una desnuda
vuela en el viento lomo de ola.

Nada soy yo,
cuerpo que flota, luz, oleaje;
todo es del viento
y el viento es aire siempre de viaje.”

Octavio Paz

El personaje Tristemente Célebre que protagonizará nuestras historias es el mítico bailarín de ballet ruso, Vaslav Nijinsky, llamado “El dios de la danza”, y caído en la mayor de las desgracias, pues desarrolló una enfermedad mental que, tras solo 10 años de carrera, le alejó prematuramente de los escenarios que le dieron fama y gloria a nivel de leyenda: esquizofrenia.

Vaslav Nijinsky, de ascendencia polaca, nació en Rusia posiblemente en 1889, aunque en su acta consta 1890; hijo de padre y madre bailarines, a los 8 años ya actuaba con ellos en sus giras.

A los 9 años (oficialmente 10) ingresó a la Escuela de Ballet Imperial de San Petersburgo, y a los 17, recién graduado, fue inmediatamente privilegiado con papeles estelares, dado su virtuosismo. Pronto se presentó con la también legendaria Anna Pavlova, en los ballets Las Sílfides, El Festín y Cleopatra. Ambos son famosos por dominar magistralmente la técnica “en pointe”.

Inició así su ascendente y polémica carrera, Nijinsky sorprendía en todos los sentidos, en los técnicos, y en el expresivo y convulsivo dramatismo que imprimía a sus actuaciones. Tras un breve romance con el príncipe Lvov, su primer protector, conoce al hombre con el que tuvo una intensa relación de amor-odio que marcó su destino: Serguéi Petróvich Diàghilev.

Diàghilev era un personaje muy influyente en el mundo de las artes ruso, y dirigía un grupo de intelectuales enfocado en la producción de obras de arte “totales”, música, teatro y artes visuales. Tras los desacuerdos de Anna Pavlova con Diàghilev, que redundaron en la creación de la propia compañía de ella, Nijinsky brilla aún más con su propia luz en Giselle, aunque pronto abandona el Ballet Imperial Ruso, tras la censura de su vestuario, considerado por el público ruso, “indecente”, por escaso y entallado.

Viaja a Montecarlo y París, obteniendo grandes éxitos con ballets como Narciso y El Dios Azul. El público francés, mucho menos propenso a escandalizarse que el ruso, lo adora. El momento álgido de la carrera de Nijinsky llega con su début como coreógrafo en la producción La Siesta del Fauno, basado en un poema de uno de los Poetas Malditos, Mallarmé.

Fue un escándalo, pues el bailarín incluyó movimientos marcadamente eróticos en su coreografía, incluyendo la simulación de una eyaculación con un pañuelo blanco, “en honor” a las ninfas. Pero había más, Nijinsky había creado un estilo nuevo que se alejaba del académico, experimentando con lo que mucho más tarde sería conocido como danza contemporánea.

Aquí el cartel de la famosa La Siesta del Fauno.

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Un análisis psicológico de la coreografía de El Fauno devela el debate de Nijinsky entre la sexualidad y la moralidad, su obsesión con la androginia, y con las enfermedades neurológicas, pues tenia un hermano que, al haber caído de una ventana de niño, habia sufrido daño cerebral, y fue internado en un hospital psiquiátrico. Poco antes de diseñar la coreografía, lo había visitado, y los movimientos espasmódicos de su personaje parecían imitar los de los enfermos psiquiátricos. El mismo Vaslav Nijinsky tuvo una caída importante a los doce años.

Siendo estudiante, sus compañeros le retaron a saltar sobre un atril, y embadurnaron el piso con jabón. Vaslav tuvo hemorragia interna y estuvo en coma cinco días tras el golpe en el abdomen y la cabeza.

Aunque los muchos médicos que atendieron su esquizofrenia años después no pudieron hallar evidencia de que la caída causara su patología, mucho lo especularon.

Prosigo. Tras otras presentaciones, y la creación de un método nuevo, que sin embargo, no tuvo oportunidad de presentar, inesperadamente, Nijinsky contrae matrimonio. Aprovechando un viaje en barco hacia Sudamérica, en el que Diàghilev estaba ausente, se compromete con Rómola Pulsky, aristócrata húngara, y se casa con ella en Buenos Aires, al desembarcar. Furioso, Diàghilev lo expulsa de su compañía, y Nijinsky forma la suya propia en Londres, pero entonces aparecen sus primeras crisis de salud, que le impiden presentarse en escena.

Por la cancelación de sus espectáculos, Njinsky enfrenta la bancarrota, y sobreviene su primera crisis nerviosa. Viaja a Budapest con su esposa, y allí es encarcelado, tras el inicio de la guerra. Diàghilev lo rescata, y lo lleva a Nueva York para que se presente con los ballets rusos en la Metropolitan Opera, y es nombrado director de la compañía.

El 19 de enero de 1919 baila en público por última vez, realizando un violento solo, danza poseído de furia, cosa que hace evidente su enajenación mental a los espectadores.

Los siguientes 30 años, hasta su muerte, fue atendido por los más prestigiosos psicólogos y psiquiatras de la época, incluido Sigmund Freud.

Su diario, escrito en tres libretas durante seis semanas, es considerado un valioso documento tanto para la psiquiatría como para el arte. Para la psiquiatría, porque es el único diario en que un esquizofénico ha plasmado sus ideas durante los ataques de psicosis, sus delirios y alucinaciones. Para el arte, porque en ese manuscrito se encuentra volcada el alma un genio, que trasmutó en arte su obsesión con la sexualidad y con Dios, su fragilidad, su introversión, la desprotección que experimentó de niño, ante el abandono de su padre y la convivencia con una madre depresiva, el sacrificio que supuso tener dos amantes- mecenas…

En fin, un artista atormentado, como muchos otros. El arte siempre ha sido una válvula para liberar el sufrimiento interior. Pero a veces la explosión final sucede, de todos modos.

El diario de Nijinsky, ha sido publicado en forma de libro, lectura que les recomiendo; es interesantísimo en todos los aspectos; en el humano, el clínico y en el artístico, no solo en lo que respecta a la danza, también en el literario.

Nijinsky se expresaba con abundancia de metáforas, por ejemplo. Son expuestas, en particular, sus ideas sobre Dios (un tiempo se convirtió a la filosofía de Tolstoi acerca de Dios).

Sobre que Dios está en cada ser humano y la bondad reside en su interior, no en la religión…
Pero eso merece un capítulo aparte.

Hoy, por último les recomiendo una de las películas que se han hecho inspiradas en esta trágica vida: Nijinsky, de 1970, con el también célebre y virtuoso bailarín Rudolph Nureyev.


L’apres midi d’un Faune, interpretada por Nureyev, coreografía de Nijinsky.

Ahora un par de cuentos, creados en este taller literario, con el objeto de estudiar la Metáfora Cinestésica y tomando como inspiración al gran artista del movimiento Nijinsky. Enseguida el mío propio, que he titulado…

L’apres midi d’un Faune

“Mírame de lejos y verás
como tu dios colapsa dentro mío Bajo este cielo de papel maché Entre el humo de sahumerios y pachulí…”

Las candilejas se besan, crecen y se multiplican, cientos de microsoles, girando todos alrededor del Dios Fauno, como flores.

Los velos de las ninfas, embriagados en aquella belleza masculina, aún más grácil que la de sus núbiles dueñas, se desmayan. Se corren y caen, enseñando un trozo de sonrosado hombro aquí, ocultando una redonda mejilla, o una mirada de adoración, allá.

Todo el teatro adora al danzante Dios Fauno; sus zapatillas de punta le lamen los pies, y enloquecidas, giran convulsivamente. Violentos aplausos remarcan cada gesto de Nijinsky; los binoculares que brillan en los palcos se le repegan a la piel.

El decorado de cartón piedra se vuelve un bosque vivo, parras de madreselva, pachulíes olorosos a deseo. Es el paroxismo.

La corona de azahares del Dios saca espinas como garras y las hunde en su sien; el Hombre-Fauno sufre, acosado por Venus y Eros. El Hombre quiere ser puro, como un Dios, pero bajo la túnica de cada Dios, asoman las patas cabrías de un lúbrico Fauno.

Se agita, bailarín, arriba, abajo, el pañuelo blanco en la mano del Fauno. Erupciona, espasmódico, al llegar un staccato.
El silencio deja de ser pausa en la música para volverse eterno. El Fauno no volverá a bailar. El Hombre está loco. El Dios ha muerto.

@yuriikko

Una aportación más, esta, de @_artillero. Disfruten de este mágico cuento creado por él, inspirado en Vaslav Nijinsky.

Marioneta

Tras la salva de aplausos, la efigie estilizada del bailarín de ballet Vaslav Nijinsky aparece sobre el improvisado teatro.

Luce magnífico en el disfraz del personaje que le diera fama en sus inicios: Petrouchka, la marioneta de paja, aserrín y magia. Con elegante y fluido movimiento saluda al público a la vez que comienza el espectáculo que año tras año da aquí, en este lugar.

La habilidad del bailarín es tal que toma los papeles de los demás personajes principales, maravillando a su cautivo público. La bailarina, El mago y El moro, además de Petrouchka, son fielmente representados, recibiendo cada uno un toque distintivo. Pirouette, arabesque, cabriolé, allegros; ejecuta a la perfección los pasos clásicos del ballet y se prepara para el gran salto.

Petrouchka toma impulso y vuela… Su salto dura un latido más de lo posible, entrecorta la respiración, arranca exclamaciones.

El cementerio de Montmartre cobra vida; árboles y plantas aplauden; en las lápidas los epitafios dejan paso a frases de asombro. Las Vírgenes, los santos y los querubines asienten, sin duda complacidos. No aplauden pues temen romper sus manos de mármol.

Petrouchka, marioneta de bronce, vuelve a su sitio: la tumba de Vaslav, junto a las flores que celebran su aniversario luctuoso.

@_artillero

Felicidades a @_artillero por el enfoque que halló sobre el tema; la escultura sobre la tumba de Nijinsky en Montmartre representa precisamente a Petrouchka, aquella marioneta que fuera su primer papel profesional. Haber elegido a Petrouchka, es muy apropiado; el concepto de una marioneta que cobra animación y vida, es en sí una Metáfora Sinestésica gigante. La ilusión de las marionetas consiste en hacer que una cosa, un objeto, parezca moverse como por voluntad propia. Lo mismo que hace un escritor al usar una Metáfora Sinestésica. Notarán que una metáfora puede llevarse tan lejos como uno quiera. Esto es ver en grande. Sin descuidar los detalles, pues la sinestesia está también en los árboles, las lápidas y las demás esculturas del cementerio.
Un gran acierto.

Gracias por leer.

*Las lecciones de #10alas10 se imparten a través de la red social Twitter, y publicamos nuestros ejercicios prácticos cada miércoles a las diez de la noche, hora del centro de México.

@yuriikko

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