Skip to content

Conversión de Virginia Woolf en la señora Dalloway y conversión de metáfora lexicalizada a metáfora literaturizada.

July 10, 2014

Hola, en esta ocasión estudiaremos dos tipos de metáfora a la vez, la lexicalizada, que es aquella que se ha incorporado al léxico común, al lenguaje cotidiano, tanto, que el que la dice ni siquiera nota que está diciendo una metáfora.

Como “hoja de papel”. La hoja es un órgano de las plantas; por extensión, se aplica a toda lámina de algún material, como el papel.

Y partiendo de “hoja de papel”, con la que estaban hechos los libros de los contadores, por ejemplo, se acuñó “hoja de cálculo”, programa computacional que hace automáticamente las operaciones que antes se hacían manualmente en tales libros.

¿Me explico? Entender una metáfora lexicalizada es muy sencillo.

La metáfora literaturizada es el extremo contrario, es la metáfora de la metáfora, por decirlo así.

Se trata de analogías tan rebuscadas, que el lector tiene que pensar bastante para descifrar qué quiso decir el cultísimo escritor, jaja.

Retomemos el ejemplo de “hoja de papel”. Convirtámosla en una metáfora literaturizada. Hoja, por ejemplo, también se llama la lámina de metal de un puñal, o espada, o cualquier otra “arma blanca” (“arma blanca” es otra metáfora lexicalizada, por cierto). Así que podríamos convertir “hoja de papel” en “blanca espada en la que escribo”. Si lo pusiera en una construcción literaria, vgr, así…

“Tu nombre azul gotea sobre la blanca, endeble espada que cortó mi anular al escribirlo. Puse el punto final en rojo.”

Significaría, simplemente, que escribí el nombre de alguien con un lapicero de tinta azul, que goteó, en una hoja de papel en blanco. El azul haría alegoría a a la nostalgia o añoranza, el goteo hace referencia obligada al llanto, mencionar el corte del anular, el dedo donde se lleva el anillo de compromiso o la alianza de matrimonio, simboliza la ruptura de una relación, el punto final se explica solo, y el rojo alude a la sangre. No mucha, es de una cortadura de papel, ¡pero la frase se lee muy dramática!

Aunque solo yo supiera qué diablos quise decir. Pero si mis lectores lo pensaran un poco, probablemente desentrañarían el misterio.

Una anécdota chusca, antes de seguir, que siempre nos cuenta un profesor de filosofía: “Había una vez un filósofo que contrató a una secretaria para que tomara el dictado de sus libros. Terminando de desarrollar una idea, le pedía a la secretaria que le dijera si había entendido o no, lo que quería decir, que si consideraba que el texto podría ser comprendido por cualquier persona. Si la secretaria contestaba que sí, el filósofo exclamaba: ‘¡eso está muy mal escrito, entonces! No es digno de un filosófo. Hay que oscurecerlo’.

Jaja. A mí me encanta leer filosofía, pero es un hecho que algunos textos son intrincados.

Ese efecto parecen querer lograr, también, algunos literatos, sobre todo, los poetas. Mucho se acusa de complicados a algunos. No los animo a llegar a los extremos del culteranismo snob, pero sí a desarrollar un lenguaje literario.

No toda la literatura necesita expresarse en metáforas, pero la gran mayoría de los géneros y estilos recurren a ellas. El arte es subjetivo, en sí creación y en su recreación por el espectador. Sin embargo, el lenguaje literario aún debe ser un lenguaje inteligible, en mi humilde opinión, para que la comunicación sea exitosa.

Ya en contexto, viendo “el todo”, el arte es más sencillo de interpretar. Contexto social, histórico, personal del autor, político, etc.

Para este ejercicio, vamos a trabajar con ejemplos de metáforas lexicalizadas, a convertir en metáforas literaturizadas.

Primero, unas muy comunes en el lenguaje cotidiano…

1. Cintura de avispa
2. Pan comido
3. Colgar los tenis
4. Miel sobre hojuelas
5. Niña de mis ojos

Algunas, como dijo @_artillero, son Metáforas “Mexicalizadas”, jaja. Los refranes nacionales están hechos de metáforas muy buenas.

Luego cada quién aportará otras metáforas lexicalizadas, para “traducirlas” y completar diez. A
poner a trabajar el ingenio y la creatividad. ¡Metaforicemos!

Mis construcciones:

Cintura de avispa

Mi índice y pulgar pellizcan el breve talle, arriba del polisón. La reina se defiende y me pincha. Qué ardor.

Pan comido

Robar fue fácil. Tenía hambre. Harina y agua, ambrosía y néctar del dios que es un hombre pobre, después de haber comido.

Colgar los tenis

La violencia del impacto dispersó las partes del atropellado. Un tenis quedó colgado del cable del trolebús.

Miel sobre hojuelas

La vida me sirve de ese oro dulce que es la felicidad, hoy. He de relamer el plato.

Niña de mis ojos

Traviesa, toma mis dos lunas azules por espejos, y se mete, a través de ellos, a jugar en mi alma.

Varita de nardo

Le das varapalos al orgullo, con tu figura esbelta… y dura. ¿Cuándo darás una flor que suavice tu encanto?

Piel de durazno

Redondo corazón de terciopelo, ay, suave es tocarte por fuera, y más por dentro, cuando cedes y abro tus dos mitades.

Ventana del alma

Fueron hechos tus ojos, para iluminar tus interiores. Más erró el arquitecto. Tu luz escapa por ellos.

Luna de miel

Selene, monta tu caballo de plata toda la noche, escóndenos de Helios; los enamorados soñamos a ojos abiertos.

Pedrada

Golpeó certero a la víctima, el primer insulto, duro y pesado, arrojado como al azar. Todos se unieron a la lapidación.

Las conversiones de metáfora lexicalizada a literaturizada de @pliniux

 

Cintura de avispa

Me llevaste a ti con tu talle fino de himenóptero y luego, con dulce crueldad, perforaste mi alma con tu aguijón.

Varita de nardo

Tu esbelta y delicada silueta, tu blanca piel que espera paciente la noche para apresarme con su dulce aroma.

Pan comido

Doce trabajos imposibles que, para el grandioso Hércules, pronto fueron trigo deglutido.

Colgar los tenis

Noble calzado que imprimiste mi huella en el mundo, hoy –con dolor– te convertirás en un satélite de la pista.

Miel sobre hojuelas

Utopía, reino mágico de la perfección, manjar de buñuelo regado con exquisito néctar de flores.

Niña de mis ojos

No te vayas, mi niña, no me dejes ciego en la oscuridad.

Cuerpo de uva

Podía rodar por el mundo, dejando en el paladar de sus amantes el dulce sabor de la vid.

Tapar el sol con un dedo

Cerró los ojos para no ver los rayos justicieros que lo castigarían por todos sus engaños y mentiras.

Loco por ti

Me derrumbo sin esperanza por la ladera de la cordura y caigo, por ti, inexorablemente a la sima de la locura.

Una de cal por las que van de arena
Amistad. Tierra y más tierra. Siempre tierra. Y una única paletada de blanca cal.

 

Las conversiones de @_artillero:

Cintura de avispa

Mis retratos dactilares elevan tu cáliz atigrado, óvalo fecundo, clamas victoria desde nubes de durazno.

Colgar los tenis

San Pedro se negó y los arrojé de vuelta. Cuervos Converse graznando, desde la eléctrica telaraña.

Pan comido

Robarte un beso recién horneado o morder una de tus orejitas de hojaldre, ¿pecado o travesura? Mi repostera de maple.

Niña de mis ojos

Las letras bailan y cantan, los números corren y chocan, todo a través de tus ojos, de solo cinco años.

Como agua para chocolate

Nos arrancamos el papel. Concha y piloncillo.
Nata adornando tus jarros, a la olla y molinillo.

Ojo de hormiga
Te salen antenas y patas, desapareces en un santiamén; lo haces, sueldoinsecto, quincena a quincena y mes tras mes.

Las perlas de la virgen

Las iridiscentes se asoman, opacando los tiernos encantos, vista a ojo de ave, la foto y la boca de pato.

La inmortalidad del cangrejo

Escucho a la Hidragerente y mi mente divaga: la arrojo a los campos de Marte o a Troya, a la playa.

Miel sobre hojuelas

Crocante néctar, dorada semilla, bocado a bocado el maná nos alimenta. Cuarenta años parecerán solo días.

Patas de gallo

Cordilleras de sal arropan, al atardecer, a las sonrientes gemelas, las lunas acuosas. Coquetas, se sonrojan.

Las conversiones de @Jarekzado:

Cintura de avispa

He de buscar el antídoto contra el veneno que me inyectas; sé bien que en la estrecha curva no sé encuentra.

Pan comido

Maestro panadero el que hace cien encargos solo y de noche.

Miel sobre hojuelas

Te invito esta noche a mi casa. Últimamente servimos platillos de ambrosía.

Niña de mis ojos

Desde los prismáticos te observo, tan apacible, tan deslumbrante, tan dentro del corazón.

Romper el hielo

Frío cristal, separando el mundo de nuestras palabras. Contundente pica resquebraja en el silencio.

Como alma que lleva el diablo

Hacia el feudo infernal el viaje se hace corto. Fugaz como la misma muerte.

Pez en el agua

Corrientes y mareas parecen un juego al remontar. No intentes en la tierra, no es tu hábitat natural.

Delicada como una flor

Primavera, verano, otoño o invierno, te cuido desesperadamente, no te vayas a deshojar.

Corazón roto

Se notan en el cuerpo las heridas de antaño, el rojo caballero que lo entrega todo, cuestión de orgullo, de amor.

 

 

Y ahora, nuestro próximo truco -con la magia de la literatura- ¡consistirá en integrar metáforas lexicalizadas-literaturizadas a un cuento breve!

Vamos a llevar la conversión de lo común a lo literario más allá, extendiendo la metáfora a todo un concepto.

El personaje tristemente célebre será Virginia Woolf, conocida por su depresión crónica, transtorno bipolar y muerte suicida -eligió acabar con su vida saltando al río, habiendo llenado los bolsillos de su abrigo con piedras- pero hablaremos de ella solo en su versión literaturizada, es decir, nuestro personaje será no exactamente Virginia Woolf, la escritora, sino la señora Dalloway, alter ego de Virginia en la novela del mismo nombre.

Es un personaje autobiográfico. Ella se “deslexicalizó”, se sacó de la vida real y común, y se llevó a un libro.

Esta obra es famosa por sus imágenes poéticas, en una época en que la novela se escribía en una prosa… pues bastante prosaica, si me permiten la redundancia. Si no han leído La señora Dalloway, aquí está en PDF.

http://hispaforum.ru/resources/file/6930

Basta que lean las dos o tres primeras páginas para que noten la exquisitez literaria con la que describe las rutinas de la vida diaria.

¿Ven de qué se trata la literaturización a gran escala?

¿El objetivo propuesto al convertir metáforas lexicalizadas en literaturizadas? Espero que sí.

Vamos a los cuentos.

El primero, de @Pliniux, que fue más allá de la Metáfora Lexicalizada utilizada como dicho o adagio y convirtió en literatura una canción que es ya parte de la cultura popular en los países de habla hispana, y que relata la ” escena de la despedida misteriosa” de un amante, aquel que debe irse y no puede decir porqué, tan retratada en el arte. Plinio hace un símil que demuestra que el amor y las personas suelen comportarse igual sea cual sea su escenario geográfico.

Molinos de viento adentro, en la mente.

“Nosotros que nos queremos tanto, debemos separarnos, no me preguntes más”.

Dos años antes de que el joven Pedro Junco, escribiera esta bella despedida (¿o debo decir bella declaración de amor?), Adeline Virginia Stephen (¿o debo decir la señora Dalloway?) también buscaba el modo de explicarle a uno de sus grandes amores que partiría a un nuevo continente incierto, desconocido, opaco y que lo tendría que dejar a él y a la playa y a las flores y a los árboles y a los pajarillos volando arriba y abajo y a Vita y a Orlando y a Leonard (otra vez) y a Bloomsbury y a las olas. “Tú me has dado la máxima felicidad posible”, le dijo. “No puedo luchar más”, añadió. “Toda la felicidad de mi vida te la debo a ti”, confió, susurró. “Empiezo a oír voces y no me puedo concentrar”, aclaró. “No creo que dos personas hayan sido mas felices que lo que nosotros hemos sido”, finalizó. Se puso su abrigo, sus piedras preciosas de río y emprendió el viaje a lo profundo, lejos de los molinos de viento.

Ahora mi propio cuento…

La señora Díaz dijo que ella misma compraría las flores

Vicky cerró el libro goteado de lágrimas, y lo decidió. Mientras buscaba su abrigo negro, el de los bolsillos amplios, pensó que ya nadie le decía Vicky, a excepción de ella misma, en su interior. La llamaban Victoria. O la señora Díaz.
Él dejó de decirle así antes que nadie. Llegaba con flores, la hallaba triste, le reprochaba: “¿Otra vez llorando, Vicky Woolf?”
Pero era un reproche dulce, de preocupación. Y la consolaba a besos y bromas sobre la depresión de la escritora Virginia Woolf.
“Basta de admirar tanto a tu tocaya, ya no la imites, Vicky. Lo bueno es que no hay ríos cerca…”, y le hacía el amor.
A la mañana siguiente ella cantaba como pájaro griego y le servía café caliente en las tacitas nuevas. Luego se quedaba sola.
Y lloraba. Un día él llegó sin flores y al encontrarla sollozando, le espetó: ¿”Otra vez, Virginia?” Sin Vicky, sin Woolf.
Ya no la amaba pero siguió viviendo ahí, por desidia. Ella siguió viviendo, nada más. El café estaba frío y las tacitas, viejas.
Tacita nueva, dónde te pondré… Tacita vieja, donde te tiraré. La señora Díaz estaba rota, como La señora Dalloway.
Ese era el libro que, goteado de lágrimas, había terminado. Ya no había vuelta de página. Fin. No había río, pero había azotea.

Epílogo
Cuando él llegó halló la casa llena de flores. Ella había dicho que sin su amor, ella misma compraría las de su funeral.

@yuriikko

Leave a Comment

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: