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“El hombre Elefante” y la Metáfora Sinestésica.

July 2, 2014

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Tal vez recuerden el ejercicio de la sinestesia de cuando estudiamos, en el curso de Historia y Práctica del Cuento Hispanoamericano, el Modernismo (pueden consultarlo aquí: Minicurso de Cuento. 4. Modernismo.http://wp.me/p2CJMw-17 ), expresión de la lengua española derivada del Simbolismo; se trata de intercambiar las sensaciones producidas por los cinco diferentes sentidos, vista, oído, olfato, tacto y gusto; para hacer una metáfora Sinestésica Simple, basta elegir dos de ellos, pongamos por ejemplo, el gusto y el oído, y describir las sensaciones que cada uno produce, al revés. Si se habla de oír algo, se describe con un sabor, y si se habla de degustar algo, se describe con un sonido.

Constantemente oímos expresiones sinestésicas que ya se han incorporado al habla popular, como “mirada penetrante” o “voz acariciante”, pero en literatura, principalmente los poetas (aunque también los cuentistas, como Edgar Allan Poe o Rubén Darío) son los que utilizan la sinestesia como expresión de su profunda sensibilidad y como un modo de comunicar la compleja sensación que puede producirles algo, o para explicar un concepto abstracto; cuando se ilustra uno de estos con la sinestesia, entonces se hace una Metáfora Sinestésica Compleja.

Ejemplos de Metáfora Sinestésica Simple:

“Caricia rosa (tacto/vista)”

“Melodiosos oros (oído/vista)”

Juan Ramón Jiménez.

 

“Dulces azules (gusto/vista)”

Rubén Darío.

 

O este que les comentaba de Gabriel García Márquez…

“Mármoles estentóreos (vista/oído)”

 

Ejemplos de Metáfora Sinestésica Compleja o de Segundo Grado:

“Tierra amarga (tierra como el concepto abstracto de mundo/gusto)”

Antonio Machado.

 

Y el siguiente fragmento de una de las colecciones más importantes de la poesía moderna es toda una lección de sinestesia, casi una clase explícita de cómo hacer un poema simbólico a través de precisamente, un poema, alegórico a la vida. Cuánta belleza en estado libre, sin estar artificiosamente sujeta a la moral social. Atención.

 

Las flores del mal

“La Creación es un templo de pilares vivientes
que a veces dejan salir sus palabras confusas;
el hombre la atraviesa entre bosques de símbolos
que le contemplan con miradas familiares.

Como los largos ecos que de lejos se mezclan en una tenebrosa y profunda unidad,
vasta como la luz, como la noche vasta,
se responden sonidos, colores y perfumes.

Hay perfumes tan frescos como carnes de niños,
dulces tal como oboes, verdes tal las praderas
-y hay otros, corrompidos, ricos y triunfantes,

que tienen la expansión de cosas infinitas,
como el almizcle, el benjuí y el incienso
que cantan los transportes de los sentidos y espíritu.”

Charles Baudelaire.

 

Recuerden que esta corriente, el simbolismo, trata de ver la belleza a pesar de la fealdad aparente de una sociedad fría, dura, industrializada, artificial y superficial, y de una conducta moralina e hipócrita. La corrupción y la masificación del denominado “buen gusto” había horrorizado a los simbolistas, que acusaban a los realistas y naturalistas de tener una “sensibilidad falsa”, al describir las cosas tal como eran, bloqueando su percepción extrasensorial o espiritual, por lo que ellos exacerbaban la suya buscando lo oculto, lo no evidente, en las cosas, y que se revelan a través del uso de otro sentido, no el convencional, para observarlas. Así, podemos “ver” un sonido, u “oír” un color… Podemos percibir con el espíritu. Al percibir con el espíritu, se nos revelará el mensaje secreto del universo. Lamentablemente, para los Poetas Malditos esta revelación trajo dolor. El sufrimiento fue para ellos el modo de alcanzar la espiritualidad y comprender la belleza, esperemos tener, nosotros, amigos, caminos más soleados en nuestras vidas, para llegar al mismo destino. Pero este es un ejercicio literario y podremos hallar belleza hasta en lo más triste y horrendo.

El personaje Tristemente Célebre que protagonizará los cuentos en los que ejercitáremos la metáfora Sinestésica es el más tristemente célebre de todos los que han desfilado por aquí. Tristísima vida, conmovedora hasta la angustia. Joseph Merrick. Tratemos de encontrar la belleza más allá de lo evidente.
No tiene ninguna relación con ellos, pero el señor Merrick vivió al mismo tiempo que los simbolistas. Y gustaba de la lectura, acaso hubiera disfrutado a Mallarmé, Rimbaud o Baudelaire, o quizá habría sido demasiado ingenuo para solazarse en tan poco idealista literatura. Solo se sabe que le gustaban las novelas románticas, y que fue víctima de la cruel sociedad que los simbolistas tanto desdeñaban.

Joseph Merrick nació en 1862 en Leicester Inglaterra, hijo de un comerciante en mercería y un ama de casa. El bebé Joseph aparentó ser normal hasta el año y medio, edad en la que se hizo evidente que padecía una enfermedad desconocida, cuyo síntomas eran excrecencias de la piel y deformaciones de los huesos, que le impidieron desarrollarse normalmente, su estatura siempre fue baja y su complexión permaneció como la de un niño, especialmente en un brazo, delgado y pequeño, en contraste con el enorme tamaño y peso de su cabeza y el otro brazo, muy grueso, del que colgaban excedentes de piel.

A pesar de su aspecto físico, que sorprendía y desagradaba a la gente que lo veía, su madre lo cuidó y educó cariñosamente, defendiéndolo de los agresores hasta el punto de llevarlo de ida y vuelta del colegio diariamente, para impedir que se burlasen de él. Sin embargo, esta buena mujer falleció cuando su desafortunado hijo tenía once años. El padre volvió a casarse pronto, y la nueva madrastra de Joseph no toleraba a éste; le hacía víctima de discriminación y maltrato, exigiendo, además, que trabajara para ganarse el sustento. Por las deformaciones físicas de Joseph, trabajar le era casi imposible, pero lo intentó; fue obrero en una fábrica de cigarrillos hasta que se lo impidió el crecimiento anormal de los dedos de la mano derecha; pero sin desanimarse, tras su despido, tenazmente salía a vender las mercancías de la tienda de su padre en un carrito, o lo intentaba, puesto que nadie se acercaba a comprarle. A los quince años huyó de casa deseando escapar del constante maltrato de su madrastra, y empezó a dormir en las calles. Durante el día, intentaba tener éxito como vendedor ambulante. Su tío paterno, conmovido por la situación, lo llevó a vivir consigo durante dos años, al cabo de los cuales Joseph prefirió internarse en una Workhouse, que eran una especie de asilos/fábricas para indigentes, que ellos pagaban con su fuerza de trabajo. Joseph tomó está decisión para no quitar el sustento al hijo por nacer de su tío, con su presencia en la casa, ya que la situación era precaria y él no podía aportar dinero. Su estancia allí duró cuatro años, en el transcurso de los cuales una protuberancia que tenía sobre la boca, creció cada vez más, hasta adquirir el aspecto de una probóscide de elefante; los encargados de la Workhouse lo llevaron a la asistencia médica pública de Leicester, donde le operaron para extirpársela y dejarle libre la boca, pues ya no le permitía comer. Ya no lo aceptaron de regreso en la Workhouse, pues su política era no albergar a aquellos que no pudieran trabajar para ganar su manutención. Tampoco Joseph deseaba regresar, así que terminó por ofrecerse a un empresario, Sam Torr, como “fenómeno” para ser exhibido en una feria itinerante. Su nombre “artístico” fue el mote con que ya era conocido en Leicester: El Hombre Elefante. Luego su número fue traspasado a la feria de Tom Norman, que lo llevó a Londres, donde oyó hablar de él el doctor Frederick Treves, que le ofreció una revisión gratuita en el Hospital de Londres, a la que Joseph asistió; quedó internado varios días mientras Treves le examinaba y le presentaba ante otros médicos, buscando un diagnóstico para la enfermedad que lo aquejaba. Sin llegar a otra conclusión que era incurable, el consejo médico no le permitió quedarse. Treves se quedó con la impresión de que Joseph Merrick posiblemente padecía de retraso mental; ya que hablaba poco y con dificultad, cuando se le hacían preguntas, Treves dedujo que era porque no comprendía lo que se le decía. La verdad era que el carácter de Joseph era tímido y retraído. Prefería la introspección para no exponerse más aún a la burla y el desdén a la que estaba acostumbrado.

Otro giro en la suerte de Merrick sucedió cuando su espectáculo fue censurado en Londres, por considerárselo exhibicionismo indecente. Entonces pasó a manos de sí tercer promotor, un italiano, Ferrari, que lo llevó a Europa, donde también se encontraron con la prohibición de su espectáculo; al no haber obtenido las ganancias que esperaba de él, Ferrari lo abandonó en Bruselas. Joseph tuvo que ingeniárselas para empeñar sus pocas pertenencias a fin de trasladarse a un puerto y abordar un barco de regreso a Inglaterra, cosa que consiguió a duras penas, aceptaron transportarlo con la condición de que permaneciera oculto de la vista de los demás pasajeros. Joseph pasó el viaje de diez días escondido bajo cubierta, y la humedad le hizo enfermar de bronquitis. Al desembarcar aún pudo trasladarse a Londres, donde fue detenido por la policía durante el tumulto que se ocasionó con su presencia en la estación de trenes. Sin poder hacerse entender, solo atinó a mostrar la tarjeta del doctor Frederick Treves, y la policía lo llevó con él. Compadecido, Treves lo albergó en secreto y contra las políticas del Hospital de Londres, en una habitación aislada.

Pronto trascendió su presencia allí, y Treves encaró al consejo para abogar por que Joseph se quedara permanentemente. Por fortuna, el caso había llegado a oídos de la reina, la cual envió la orden de que se le diera alojamiento, alimentación y cuidados médicos vitalicios en el Hospital. Por fin Joseph encontró un hogar, y empezó una amistad con Treves, demostrando poco a poco que no solo no era un retrasado mental, sino que poseía una fina inteligencia, gran cultura gracias al hábito de la lectura, y una vena artística plástica, pues a pesar de tener una mano pequeña y delicada como la de un niño, y otra enorme y deforme, con ellas se dedicó a hacer réplicas en miniatura de edificios, con gran laboriosidad y excelentes resultados; los registros destacan la exactitud de la escala y el realismo de sus modelos.

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Varios filántropos y personajes de sociedad se interesaron en visitarlo, incluida la Princesa de Gales. También mantuvo amistosa correspondencia con una actriz, Mrs. Kendall, quien instruyó, a solicitud de Joseph, que se le enseñara el oficio de cestero, que aprendió con diligencia.

La existencia de Joseph Merrick transcurría al fin, tranquila y apaciblemente. Una mañana su enfermera lo encontró muerto. Tenía veintisiete años.
Treves asumió que estando dormido, el peso de su cabeza lo había vencido, provocando su asfixia. Joseph siempre dormía sentado, apoyado sobre almohadas, pues acostado hubiera sido incapaz de respirar. Después se concluyó que su muerte se había debido, más probablemente, a la fractura de la nuca, por el descomunal peso de su cabeza.

En la memoria de quienes lo conocieron Joseph Merrick quedó como un joven amable y dulce, muy cortés, de un carácter excepcionalmente sencillo e ingenuo, sin traza alguna de amargura o rencor por su enfermedad y el maltrato que había recibido a causa de ella. Se recuerda especialmente, su inocente creencia de que su enfermedad había sido causada cuando su madre estaba embarazada de él, durante un episodio en que ella cayó entre las patas de un elefante durante un desfile, por lo cual sufrió un gran susto. Probablemente esta anécdota se la contara su propia madre, para dar una explicación al pequeño Joseph de su terrible condición. Hoy la ciencia se inclina por la teoría de que su padecimiento era el Síndrome de Proteus, caracterizado por el crecimiento anormal de la piel, la deformidad de los huesos y la presencia de tumores.

Existe una excelente película con los actores Anthony Hopkins y John Hurt, basada en la vida de Joseph Merrick. Pueden verla completa aquí.

http://es.gloria.tv/?media=328966

A continuación dos cuentos, uno mío y otro de @pliniux, dedicados a este triste, tristemente célebre personaje.

Suave, dulce elefante

Joseph Merrick murió anoche. Dice el doctor que fue el peso de su cabeza lo que lo mató. Yo creo que fue el peso de su corazón.
Es verdad, tenía una cabeza descomunal, llena de protuberancias rugosas que raspaban la vista hasta la náusea, ¡pero, su alma!

Su alma era agua lisa, un gran espejo sereno que sabía a cielo, y sus ojos eran sedosos y mansos; me besó con ellos.

Lamento no haber tenido valor para amar yo, esos ojos de terciopelo y hacerlo tocar la felicidad. Joseph estaba enamorado de mí.

Enfermera, me dijo una vez, su risa vuela con las palomas, y señaló las que huían de la torre de la iglesia frente a su ventana. Otra vez, al arreglarle yo la almohada, aspiró profundo, y murmuró: estoy seguro de que su perfume contiene estrellas. 

Al día siguiente me contó haber soñado cortar estrellas para obsequiármelas en un ramo. Y que yo las comía como caramelos.

¿Qué hombre ama así? Ninguno. Joseph Merrick era un ángel, nacido por error de Dios en un cuerpo deforme y maltrecho.

Crestas y valles es mi piel, decía. Es una piel de elefante.
Afirmo, entonces, que el elefante es el ser más hermoso del mundo.

Suave, dulce elefante tierno, de ojos de agua, alma de espejo. En ella también vi nuestro reflejo. Nos decimos bellos. Somos horribles.

@yuriikko

 

 

El Hombre Elefante

La fealdad de Joseph Merrick se podía oír a kilómetros de distancia. Era, por así decirlo, un tumulto de bolas y moretones…
Su figura, una asimetría carente de ritmo. Su piel, rugosa y sincopada. Sus huesos: unos de niño y otros de elefante.
Joseph era conciente de su increíble fealdad: “De hecho, nadie que no me haya visto creería que una cosa así pueda existir”.
No solo no se podía creer, tampoco se podía soportar. Almas retorcidas con sabor a miedo. Miedo que apedrea al otro. Nadie lo quiso, salvo su madre. Ni siquiera su padre quien, muerta ella, se olvidó de ese amasijo de horror.
Nosotros –los que lo veíamos–… ¡menos! No entendíamos. Y nuestras almas estaban más retorcidas que sus huesos. Lo insultamos, lo herimos, lo despreciamos, hicimos escarnio de su condición. Nos burlamos. No lo tocamos, ni por error…

¿Por qué no nos guardó rencor? ¿Por qué aceptó su inocencia y nuestra crueldad? ¿Por qué no nos odió?

Su alma, en cambio, era tersa y suave como la seda. Su don de ser, multicolor. Su creatividad, crujiente y chispeante.

De sus manos deformes, emanó belleza. De su pluma, palabras de miel. Y, de su contrito corazón, líquida amistad.

@pliniux

 

Gracias por leer. Esta lección de metáfora Sinestésica y los cuentos pertenecen a un taller de creación literaria llamado #10alas10, que imparto a través de la red social Twitter y que actualmente se halla en el Ciclo Personajes Tristemente Célebres. Las actividades se presentan cada miércoles a las 10 de la noche, hora del centro de México. Para más información o contacto: @yuriikko.

También pueden visitar una ampliación de la lección de Metáfora Sinestésica para hacer un ejercicicio guiado paso a paso, en este mismo blog: Metáfora Sinestésica paso a paso http://wp.me/p2CJMw-k5

 

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