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La última Gran Reina

March 1, 2014

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“El asunto del collar” es como se conoce a un turbio fraude en el que se vieron envueltos una reina, un cardenal, un mago y una falsa condesa.

(Ya ven, no es práctica nueva que en la política y el gobierno se inmiscuyan los brujos y los videntes, como en nuestro país, jeje, N. de Y.)

María Antonieta, archiduquesa de Austria y reina consorte de Francia, esposa de Luis XVI, es nuestro personaje triste, tristemente célebre.

El apogeo de su triste celebridad fue su paso por la guillotina, tras el derrocamiento de la monarquía  en la Revolución Francesa. Claro que desde antes de perder la cabeza, era repudiada por el empobrecido pueblo francés, que la veían como el símbolo del extravagante derroche real, a sus expensas.

María Antonieta imponía moda en la corte con elaboradísimas toilettes de vestidos, peinados y joyas, que costaban miles de francos.

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También era aficionada al diseño de interiores, empleó millones en la remodelación del palacio Petit Trianon, regalo del rey.

Official Reopening of the Petit Trianon in the National Estate of the Palace of Versailles, France - 24 Sep 2008

Organizaba fiestas y paseos de un coste fabuloso, y se las arregló para convertir su íntima fantasía de ser una campesina, en un lujo millonario.

Su “hameau” o aldea, que mandó a construir a alto coste dentro de Versalles, incluía lago, casas humildes, aves de corral y vacas; allí, gustaba de ponerse vestidos sencillos de muselina, realizar tareas domésticas y pretender que había nacido en la pobreza.

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Pobreza. Extraña fantasía para una mujer bella nacida en poderosa cuna de oro.
La riqueza y sus excesos no le daban felicidad.

Hija de la reina Teresa I de Austria, de la casa de Habsburgo, fue casada por su madre, a los 13 años, con el delfín de Francia, como alianza política.
La inexperta nueva delfina fue mal recibida en la corte francesa, donde desde el principio causó envidias por su juventud y belleza; desde su llegada fue apodada por sus poco agraciadas cuñadas, como “la perra austriaca”, en un juego de palabras malicioso.

Su marido la rechazó durante los primeros años de matrimonio, que no se consumó hasta bastantes después. Sin conocer a nadie, y educada hasta entonces para un estilo de vida bastante más austero que el extravagante y libertino Versalles, la inocente adolescente María Antonieta hasta llegó a declarar que quería competir con Madame Du Barry, la amante de su suegro en las funciones de “entretener al rey”, explicación que le dieron cuando ella preguntó qué hacía aquella mujer en la corte.
Esto suscitó la regocijada burla de todos, y le garantizó la enemistad de la poderosa Du Barry, que tenía gran influencia sobre Luis XV.

Sin verdadera educación política, María Antonieta se dejó aconsejar por su madre y su asesor el conde de Mercy, y fue acusada de promover los intereses austríacos por encima de los de su nueva patria, Francia. Más tarde se dejó influir por dudosas amistades.

La correspondencia con su madre y el conde de Mercy es una gran fuente de información histórica sobre su vida y la vida en la corte, pero también es un testimonio de la infelicidad y el vacío de una joven mujer atrapada en una jaula de oro, esclava de su posición.

Volcó, pues, sus fallidos anhelos de cariño y compañía (y durante muchos años, sus también fallidos anhelos de maternidad), en el derroche, la superficialidad y el lujo. Podía hacerlo. Era la reina de Francia. Pronto la apodaron “Madame Déficit”.

El “asunto del collar” llegó a hundir aún más su reputación y acabó por desprestigiarla totalmente, aún en el extranjero.

Una mujer que se hacía llamar condesa de La Motte-Valois, que se decía descendiente venida a menos de la casa real de Valois, se infiltró advenedizamente en la corte, con el propósito de hacerse del favor de María Antonieta, sin lograrlo.

Cosa que no le impidió esparcir el rumor de que en efecto, era íntima amiga de la reina, con lo que gozaba de poder e influencia. Amparada en esta mentira, conseguía préstamos de grandes sumas de dinero, con el que llevaba un fastuoso tren de vida.

Uno de los prestamistas fue el Cardenal de Rohan, conocido por su afición al lujo, las fiestas, la vida disoluta y las bellas mujeres. Desaprobado por esta conducta poco digna de un religioso, por María Teresa I, la recta madre de María Antonieta, la hija tampoco lo tenía en su favor. Le había hecho algunos desaires públicos. El Cardenal deseaba congraciarse con ella.

Acaso la más cara fantasía del Cardenal era la hermosa María Antonieta, a quien se acusaba, de por sí, de tener aventuras amorosas.

Y acaso, creyéndose partido elegible para ser amante de la reina, se dejó embaucar, convencido por el mago Cagliostro (masón y rosacruz, alquimista y practicante de la Kabalah y la magia, que asesoraba al Cardenal de Rohan), para desembolsar más de millón y medio de libras que el joyero Bohmër pedía por un extraordinario collar de diamantes que la condesa de La Motte, le aseguraba, era a su vez, la más cara fantasía de María Antonieta, que deseaba comprarlo, pero a plazos y sin que su esposo el rey se enterase, puesto que las finanzas públicas no estaban para gastar tal suma en joyas.

La condesa de La Motte sería, le aseguró, confiable intermediaria para que el dinero del cardenal pagara el collar para la reina, y luego esta, le abonaría la cantidad a plazos. Para convencerlo, la astuta Jeanne de La Motte montó una farsa.

Hizo que Nicole Leguay, una prostituta apodada “la reinita” por su asombroso parecido con María Antonieta, se hiciera pasar por ella en una entrevista nocturna con el Cardenal, en los jardines de palacio. Creyendo todo a pies juntillas, el religioso dio el dinero.

De La Motte se quedó con el collar, y lo fue vendiendo por partes, hasta que se acercó la fecha del primer abono, y se descubrió el fraude.

Tuvo lugar un sonado juicio promovido por la reina con el objeto de limpiar su nombre, consiguiendo exactamente lo contrario.

El Cardenal fue exonerado, de La Motte condenada a ser marcada a hierro con la “V” de “voleuse”, ladrona, y encarcelada. Pero gozando del favor del pueblo y los revolucionarios, consiguió escapar a Inglaterra, donde se dedicó a escribir sus memorias, en las que retrataba a María Antonieta como una frívola libertina bisexual, desacreditándola.

Así que la única realmente condenada por este turbio lance fue la reina María Antonieta.

Empezaron a circular libelos en su contra en la que se la dibujaba portando el extravagante collar.

Aquí el collar, reconstituido.

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El pueblo francés, los sans-culottes, tenía la idea de que la reina de verdad se había quedado con el fabuloso collar.

Y odiándola por gastar millones en lujos, la convirtieron en el símbolo, más que a Luis XVI, de la monarquía que querían derrocar.

Ya saben como terminó todo. Tuvo lugar la Revolución Francesa. ¡Liberté, Egalité, Fraternité…!

Bien, este asunto es el que nos ocupó a los cuentistas.

En el aspecto “técnico”, teníamos que ocuparnos de emplear metáforas descriptivas…

Para quienes, de ustedes, amables lectores, se interesen en la confección literaria, aquí la explicación de lo que es una metáfora descriptiva, y algunos ejemplos.

Repasemos la fórmula básica de una metáfora: R=F, elemento real equiparado con un elemento figurado.

La fórmula de la metáfora impresionista o descriptiva es: R=F,F,F.

El elemento real se analoga no solo con un elemento figurado, sino con al menos tres. Pueden ser más, claro.

Ejemplo:

Tu cabello de oro, de miel, de espiga.

Esta sería una Metáfora Preposicional impresionista.

Otro ejemplo:

“Tus labios, fresas estrujadas, rosas húmedas, las dos mitades de un palpitante corazón.” *

Esta sería una metáfora Aposicional Impresionista.

El propósito es describir con mayor riqueza el elemento real.

Por otra parte, también teníamos que ejercitar la “visión de autor” en el cuento, reflejar nuestra opinión particular.

Les comparto la visión de autor de uno de nuestros participantes, Plinio Sosa (@pliniux). Interesantísima lectura.

“Sobre María Antonieta, ya tenía una opinión. Es porque vi la película con Kirsten Dunst. Muy buena y creo que muy apegada a lo que realmente debió de haber ocurrido. Me impresionó mucho una de las primeras escenas, en la que ella llega a Francia y tiene que pasar por dos casetas, una para simbolizar la salida de Austria y la otra, la entrada a Francia. Es conmovedora porque ella tiene 14 años y la llevan a casarse con otro niño, él, de 15 años. La sensación es de desamparo. Con el tiempo ella, hábilmente y con inteligencia, se adapta al tipo de vida de la corte y aprende a ser reina, a mandar y a sacar provecho de ese tipo de vida. Me parece que María Antonieta fue muy inteligente y que finalmente supo moverse en esa cárcel de oro que es el ser esposa del Rey. Además con la desventaja de ser una niña de 14 años, extranjera, a la que todo el mundo quería manipular. A diferencia de la patética Lady Di, que nunca pudo manejar su absurda vida en la corte.
A María Antonieta, nunca le perdonaron ser extranjera ni ser la esposa del Rey. En el imaginario público (y en el no tan público de la corte y los poderosos) ella era espía, derrochadora y la que mangoneaba al Rey. Esto último me recuerda a Martita Sahagún a quien el imaginario la ponía como la que tomaba las decisiones presidenciales y a Fox como a un mandilón. La idea es absurda. Por supuesto que un presidente (o un rey) tiene todo el derecho de consultar a quien él quiera. Y los consultados, el derecho de tratar de llevar agua a su molino. Es muy interesante, por ejemplo, el “estire y afloje” entre Catalina y el General Ascencio en Arráncame la Vida para tratar de influir, aquella en este. Aunque, obviamente, eran casos muy específicos y de poca importancia política. De hecho, en cuanto ella trata de ir más allá, inmediatamente el general le pone el “hasta aquí”. Pero sea como sea, el único que decide es el que tiene la investidura (o el poder). El poder no se presta pero tampoco se puede eludir. Quien firma los oficios (o los edictos) es el responsable.
A mí nunca me ha caído bien la monarquía. Creo que representa una de las peores etapas de la historia de la humanidad. Y la monarquía es casi toda la historia. Excepto los dos últimos siglos, todo lo demás ha sido monarquía: desde los chinos (hace 10 mil años) hasta Luis XVI. Si hoy hablamos de desigualdad, lo de los sistemas monárquicos no tiene comparación. Hoy también hay una enorme desigualdad. El sistema económico actual (el neoliberalismo) es la tragedia de nuestros tiempos. Pero hay un espectro enorme de niveles socioeconómicos y culturales donde hay diversos entornos en los que existen libertades y oportunidades individuales que nunca jamás hubo en el pasado.
Sin embargo, a pesar de mi simpatía por María Antonieta (la valiente y astuta niña que se llega a empoderar) quien más me llamó la atención fue Jeanne de Valois. ¡Qué bárbara! ¡Qué mujer tan extraordinaria! Quiero decir: tan extraordinariamente mala. Es increíble lo manipuladora, lo perversa, lo ambiciosa, lo mentirosa y lo intrigante que fue. Yo creí que ese tipo de villanas solo existían en las inverosímiles telenovelas.
La historia del collar es buenísima. Es una excelente novela de intrigas, a la cual solo le falta firmarla. De hecho, cuando la estaba leyendo, pensé: “parece una novela de Dumas”. Después me enteré que él también reconoció su propio estilo, su gusto y su tema y que, en efecto, escribió el libro correspondiente.
En lo que leí, varios sugieren que este asunto fue clave para que se desatara la Revolución Francesa. Los buenos historiadores estarían muy enojados con esta opinión. La verdad, había condiciones políticas, económicas y sociales suficientemente maduras para que estallara. De hecho, el asunto del collar es incomparablemente menor no solo a esas condiciones, sino simplemente a los problemas de gobierno que tuvo que enfrentar (y tratar de resolver) Luis XVI durante varios años: guerras, intrigas, relaciones políticas, familiares, etcétera, etcétera, etcétera. Les gusta mucho lo del Rey introvertido, débil, pusilánime. Y sí, de chico, él tenía problemas de personalidad pero obviamente lo debió de haber superado y se dedicó a gobernar (o a tratar de hacerlo) lo mejor que pudo. Lo que leí acerca de sus últimos días me lo hace pensar. Es impresionante la calma que muestra todo el tiempo. Me da la impresión que él supo desde el principio (desde que lo tomaron como rehén, antes de que lo arrestaran oficialmente) que sus probabilidades de sobrevivir eran prácticamente nulas. Su experiencia en política e historia (su reinado duró 15 años) así se lo indicaban, probablemente. Eso querría decir que no se hizo a un lado de sus responsabilidades como rey y que sabía muy bien de qué se trataba el asunto.
No lo defiendo ni como persona ni como estadista (insisto en que la caída de la monarquía fue lo mejor que le pudo haber pasado a la humanidad) pero hay que tratar de ponderar las cosas un poco y buscar ser, más o menos, razonable.
Hace unos años fuimos de viaje a Europa toda la familia. Era un tour por un montonal de ciudades (y países): Holanda, Alemania, Austria, República Checa, Italia y Francia. ¿Me creerán que en todos nos contaron, al menos una vez, una historia muy similar: la de uno de tantos Reyes cuyo heredero era pusilánime, tímido e irresponsable (en algunos  casos hasta homosexual) que al subir al trono lo hizo espantosamente mal? Qué falta de imaginación, ¿no? Como ven algunos lugares comunes son añejos e históricos.”

Plinio Sosa.

Un vistazo a la película Marie Antoinette,  protagonizada por Kirsten Dunst, sobre la que comenta Plinio. Sí, también creo que es muy probable que así haya sucedido.

http://youtu.be/hzISuEUezSg

Mi visión de autora, pues ya la han leído ustedes en este texto y la notarán en mi cuento.

Ahora, mi historia, cuento breve en prosema.

 

El juego de la reina

Llegó a la cita.
Oí sus pasos:
suspiros tenues,
titubeos tímidos,
besos de aquel pequeño pie
a sus zapatitos
de seda y piel.

Las cintas
de esas zapatillas
ataron a su empeine,
a mi corazón poeta,
trovador, cantor
de cada diminuta belleza
de su dueña.

Ese día, en Versalles,
la reina
vestía tonos de azul.
Réplicas
de su
mirar sin ver,
mar vacío,
zafiro roto,
frágil hielo.

Pero esa noche,
ahí estuvo para mí.
Lucero
embozado en terciopelo,
en capa de misterios,
en la cobija lunar
del romance secreto.

¿Su frivolidad
era el disfraz
de su soledad?
¿Sería yo, el Cardenal,
su consuelo?
Arrodillado, besé
el borde de su vestido.

-Levantaos
-dijo mi soberana.
Y me ofreció una rosa,
joya, alegre alborozo,
promesa amatoria.
-¡Pedidme
lo que sea, soy vuestro!

Nada pidió.
Se fue, paloma huidiza,
avecita asustada,
ninfa temerosa,
mujer en peligro.
Pero todo lo mío fue,
ya, todo suyo.

Di millón y más
de libras
a su íntima enemiga,
aquella condesa,
supuestamente
para que la reina
comprase el collar
de su anhelo.

Esperando pago, sí.
Beso por diamante.
¿No son los diamantes,
un compromiso
de amor?
Enamorado y ciego
estaba yo.
Me engañaron.

No era la reina
de Francia
esa noche;
la suplantó una flor
callejera,
casquivana y mentirosa,
pero igual de hermosa:
mi Nicole.

Apéndice
La verdadera,
fue decapitada.
Lo mismo me da.
Pues Nicole se disfraza
y jugamos “a la reina”.
La llamo
María Antonieta.

@yuriikko

Uno de los escritores de #10alas10, @_artillero, publicó su cuento (de ciencia ficción) inspirado en el asunto del collar, aquí, visítenlo. http://wp.me/p2lz4S-7A vía @ficcionomicon

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