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La Condesa Sangrienta

January 31, 2014

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En el taller de cuento Tristemente Célebres que actualmente tengo el honor y el placer de dirigir a través de la red social Twitter, cada miércoles a las diez de la noche, bajo el hashtag #10alas10, los participantes del mismo estaremos inspirándonos en personajes reales de la historia pasada o presente, que hayan alcanzado la fama, pero no la gloria, por sus malas obras.

El primer personaje invitado es la Condesa Elizabeth Báthory, o en húngaro, Erszébet, es la mujer que ostenta el récord de más asesinatos cometidos, entre 650 y 685.
Nació en 1560, descendiente de un antiguo linaje de la nobleza húngara; casó a los 15 años con Fèrenc Nádasdy, El Caballero Negro.

Era una mujer inteligente, excepcionalmente culta para la época, políglota, que se vió en la necesidad de dirigir su feudo cuando su marido falleció de enfermedad, en una guerra. Erszébet rigió con mano de hierro a sus siervos. Y administró astutamente su enorme riqueza para obtener protección política de su primo Gábor, Príncipe de Transilvania ya que ella no se encontraba en el favor del Rey Màtyas. Dada esta situación, algunos historiadores señalan que las acusaciones contra esta mujer, de cientos de asesinatos, pudieron ser una intriga para deshacerse de ella.

Sin embargo, los rumores que empezaron cuando la Condesa enviudó, a los cuarenta y cuatro años, pronto se convirtieron en leyenda.

Se cuenta que una vez, al castigar con una fuerte bofetada a una sirvienta que le había tirado del cabello al cepillárselo la sangre de la infortunada muchacha le salpicó, y ella creyó notar que en ese sitio, su piel había recuperado la lozanía.

Entonces buscó el consejo de brujas que la iniciaran en la práctica de la magia roja, o hematomancia, practicada con sangre.
La magia roja, además de usar la sangre, utiliza otros tejidos del cuerpo (que pueden ser ingeridos), y algunos de sus rituales involucran sexo.
Así Erszébet se entregó a ritos que incluían sexo con hombres y mujeres, violación, tortura, mutilación y desangramiento de sus víctimas.
Era una costumbre común y corriente que los nobles golpearan, torturaran y mataran a sus sirvientes, entonces, era su derecho.
Amparada en esta impunidad, Erszébet empezó a asesinar jóvenes criadas de entre nueve y veintiséis años, para bañarse en su sangre.

Llegó incluso a beber esta sangre, y presumiblemente, hasta a practicar la antropofagia.

Antes de matar a las jóvenes, se complacía en mutilarlas poco a poco y en infligirles crueles torturas, como meterlas a jaulas con pinchos.

Probablemente de allí surgió la leyenda de que Erszébet utilizaba la Doncella de Hierro, ese aparato en forma de mujer cuyos pinchos de hierro internos, se hendían en la carne de quien encerraran dentro. Pero no hay pruebas.

En su enajenación, Erszébet cometió el error de limitarse solo a asesinar plebeyas (por las cuales nadie reclamaría); cuando escasearon empezó a reclutar niñas y adolescentes de la nobleza menor para “educarlas” en su castillo. Cuando se reportaron sus muertes, que ya eran consideradas crímenes, por su estatus social, el Rey envió a un investigador al hogar de la condesa, el castillo de Čachtice.

El investigador era un primo de Erszébet, enemistado con ella. En su informe relató que entró al castillo sin que nadie lo recibiera. Y que encontró atadas en diversos lugares, a varias desafortunadas muchachas en distintos estados de agonía, mutiladas.

Encontraron centenares de cadáveres enterrados en el río de la fosa, bajo los pisos del castillo mismo, en el huerto, el granero, el jardín, etc. Muchos más ya habían sido enterrados en cementerios a petición de la Condesa, por el pastor protestante de la localidad, mismo que fue el que la denunció, por prácticas de hechicería y asesinato de las jóvenes nobles.

Fue despojada de todos sus bienes, que pasaron a la corona, y sus cómplices, los sirvientes, brujas y amigos que la ayudaban, fueron sentenciados, bien a la hoguera, estando vivos, o a la decapitación. La Condesa fue condenada a confinamiento solitario vitalicio.

La encerraron en la mazmorra de su propio castillo, y tapiaron puertas y ventanas, dejando solo un hueco para pasar comida.

Allí murió, tras cuatro años de encierro, a la edad de cincuenta y cuatro. Por diez años se había dedicado a asesinar jóvenes mujeres.

Por todo esto, Erszébet se ganó el mote de La Condesa Sangrienta, y en su afán de conseguir la eterna juventud bebiendo sangre inspiró en gran parte el estereotipo del vampiro femenino; ya conocen el masculino, Drácula de Bram Stoker, inspirado en Vlad Tepes.

Las vampiresas, haciendo alusión a la sexualidad desbordada de Erszébet, se representan muy sensuales y atrayentes. Invariablemente, a las vampiresas se les confieren actitudes lésbicas, explícita o implícitamente.

Un ejemplo de ello es la novela corta precursora del género, Carmilla, escrita en 1872 por Sheridan Le Fanu e inspirada en Erszébet.

Aquí dejo a la sensual y bella vampiresa Carmilla, tratando de seducir (y beberse) a la ingenua Laura. PDF
http://www.edu.mec.gub.uy/biblioteca_digital/libros/s/Sheridan%20Le%20Fanu,%20Joseph%20-%20Carmilla.pdf

Podría poner muchísimos ejemplos, la condesa ha inspirado casi una veintena de obras literarias, como personaje principal o secundario…

Pero baste con dos, el primero, Carmilla, es una obra muy asequible y disfrutable, fácil de leer en un santiamén. El segundo un peculiar trabajo de Cortázar, Modelo para armar, en que se alude a la condesa. Para cortazarios expertos, aseguran.

Yo lo hallo delicioso, y más ambicioso aún que Rayuela. 62 Modelo para armar. http://www.textosenlinea.com.ar/cortazar/62%20Modelo%20para%20armar.pdf

Ese no se lee de un tirón, pero dedicarle sus horas, bien vale la pena.
Erszébet Báthory también ha inspirado casi medio ciento de películas, de entre las cuales, elegí el trailer de Bathory, De Juraj Jakubisko, coproducción de Eslovaquia, República Checa, Reino Unido, Hungría y EE.UU, del 2008.

La condesa también “sale” en varias obras teatrales, incluyendo La bañista de la tina púrpura, de la mexicana Silvia Peláez, los artistas de nuestro país no han pasado de largo la oportunidad de recrear la leyenda de Erszébet Báthory, también hay una película mexicana inspirada en Erszébet, Juego de niñas, del año 2007.

Claro, La Condesa Sangrienta también ha sido tema de composiciones musicales, casi todas de Metal, Extreme Metal, Black Metal, etc.

Ahora mi propia aportación literaria sobre el tema, escrito bajo el seudónimo @yuriikko, y el segundo, de la autoría de Manuel Solís, que utiliza el seudónimo @_artillero.

La figura retórica a ejercitar en los cuentos será la imagen.

La imagen consiste en evocar un elemento figurado, en el momento de describir un elemento real, o viceversa.

Por ejemplo:
Su talle frágil es de bambú.

Estamos hablando de un torso delgado (elemento real) y al describirlo, evocamos la imagen del bambú (elemento figurativo).

Hay dos tipos de imagen:

1. Directa.
La descripción de las cosas sensibles (que se perciben con los sentidos, vista, tacto, gusto, oído, etc) mediante elementos figurativos, y es tan vívida, que casi la podemos ver. Por ejemplo, que al leer “ojos de miel”, literalmente nos imagináramos unas pupilas constituidas de esta sustancia.

2. Figurada.

Es la descripción de las cosas suprasensibles (más allá de los sentidos, como las ideas, los pensamientos, los sentimientos, los presentimientos, los conceptos abstractos o hasta los seres ultraterrenos, como los espíritus, fantasmas y presencias) mediante adjetivos aplicables a las cosas sensibles.

Ejemplo: El miedo me amortajó; pesado lienzo, me inmovilizaba.

Ahora sí, los cuentos.

Dulce manzana 

Llamé al número del anuncio en el periódico, al fin. No era tonta, aunque fuera joven, y sabía qué clase de “empleo” era aquel.
Pero qué más podía hacer para vivir. Y quería vivir todavía. Me dieron una dirección, en la zona más suntuosa de la ciudad.
Los hombres de seguridad me revisaron e interrogaron minuciosamente. No, nadie sabía que estaba allí.
Entré, tímida, a la mansión, fascinada por su rica apariencia antigua. Esculturas de doncellas sugerentes, tapices decadentes.
Oro, por doquier. En repujados, en oropeles, en los floriturados marcos de los muchos espejos. En ese resplandor, estaba ella.
Pálida y pulida como los mármoles rosados que la rodeaban, su pelo de lustroso ébano se fundía con la seda negra de su sillón.
La Madame, pensé, mientras se levantaba y abría provocativa el brocado carmesí de su bata, soberbia de su desnudez dura, eterna.
Su voz luminosa como el rubí de su boca, me corrigió. -No, La Condesa. ¿Eres virgen?
-Sí -musité, incandescente. ¿Leía la mente?
-¡Se arrebola! -Rió encantada, La Condesa (Erszébet, oí, en mi cabeza).
-Dulce manzana…
Y me pellizcó la mejilla.


Sus aguzadas uñas me arrancaron un trozo al retirarse, y ella sorbió mi juventud por aquel agujero, y me vació de vida.


Epílogo

-Otro cadáver de una desangrada, jefe. ¿Decimos que fueron los narcosatánicos? Ni modo de decir que fue un vampiro…

Fin

Sobre mi cuento.

Escribir la belleza de la casa y la de la dueña de la casa era un modo de describir la riqueza, y por detrás de la riqueza, el poder. Y cobijando al poder, la impunidad.
Hice del mito del vampiro, una fábula social ambientada en nuestro país, como dije ayer, El País de No Pasa Nada, los que más feminicidios reportan y menos investigaciones de los mismos, concluyen. Esclavitud sexual, reclutamiento como “halcona”, “mula” o vendedora al detalle para el narcotráfico, violación, asesinato, lo que sea puede pasarle a una mujer en este país, sobre todo si es pobre. Y nadie hará nada. Por ello la ironía final, de incluir a un policía hablando de culpar a los narcosatánicos como si el narcotráfico fuera una pantalla y no la causa de tantas muertes. El el país de la vidente La Paca y el Chupacabras, y de la pequeña niña muerta que todo el tiempo estuvo bajo el colchón, jugando a unas siniestras escondidillas, la policía sería capaz de culpar a un vampiro.

Respecto a la leyenda original, usé el nombre de la mujer que inspiró el mito del vampiro femenino, y la insinuación de cierta tensión sexual lésbica, como corresponde a una vampiresa que quiera cumplir con los cánones de la literatura del género.

El daño del Caballero Negro

El conde Fèrenc abre de limpios tajos los vientres de sus más recientes víctimas; gritan indefensos, empalados por el costado. Extasiado, observa largamente como cuelgan las entrañas; rasgadas, lustrosas, chorreantes; humillante bandera de los vencidos.

Llena a rebosar una copa con liquida vida y regresa a su enorme tienda, situada a pocos pasos. Adentro, un baúl lo espera.
Al abrirlo, un furioso espíritu ataca en forma de hedor a putrefacción. Al fondo del baúl, entre restos humanos, algo se mueve. Arañas, de intenso y brillante color rojo. Ferenc las alimenta con la sangre de la copa. Sus pensamientos son nubes de tormenta.
“Pagarás por tu traición querida esposa —piensa —; tu aristocracia y educación no impedirán que desates tus peores apetitos.”
“Pronto cumplirás los 44 y será en medio de alucinaciones, de terror y de sed inagotable. Tu premio por engendrar hijos de otro”.
“El veneno de estas arañas, criadas por mi**, atacará tu mente y tu alma; te obsesionarás con la sangre y la muerte.” —Concluye.
El conde Ferenc o Caballero Negro, coloca algunos de sus engendros en una caja y la da a su hermano con instrucciones precisas.
“Suéltalas en la recámara de mi esposa, la condesa Bathory.”—Ordena, mientras mastica lentamente las arañas rojas restantes.

Fin

Sobre el cuento de @_artillero.

Escalofriantes imágenes, muy buen ejercicio retórico.

Esta es la mejor imagen:
“… cuelgan las entrañas; rasgadas, lustrosas, chorreantes; humillante bandera de los vencidos.”

También me gusta mucho esta, figurada.

“… un furioso espíritu ataca en forma de hedor a putrefacción.”

Y me gusta sobremanera la imagen de Fèrenc masticando las arañas rojas. Insisto, hiciste un gran ejercicio retórico con la imagen.
@_artillero sabe ver más allá de la leyenda a pesar de que hace un cuento de terror bastante “gore”. Le da el escalofrío que provoca un horror verdadero, real: el que la naturaleza salvaje del humano salga a relucir a pesar de la educación, a pesar de que sea un ser “civilizado”, cosa que está plasmada aquí:

“…tu aristocracia y educación no impedirán que desates tus peores apetitos.”

Claro, esta idea está recubierta de un horror rebuscado, la de la maldición que el vengativo Fèrenc echa sobre su esposa (para que se asusten los infieles, jaja, buen detalle, porque ese también es un temor real, la infidelidad y el descubrimiento y posterior castigo de la misma). Pero arañas rojas aparte, el horror real está allí, porque digan si no era un verdadero horror la forma en que trataban a los esclavos y los siervos en estas sociedades “civilizadas”. Y como cosas como esta siguen sucediendo, que los asesinatos de la gente pobre no cuenten más que para las estadísticas. Cosa que quise reflejar yo en mi propio cuento.

Es un gusto encontrar a un escritor de terror inteligente que no solo se regodee en el gore gratuito, sino que intuya que cada horror ficticio es solo un símbolo para un temor real. Y a lo que más teme el ser humano, aparte de la muerte, es a sí mismo.

Continuaré durante toda la temporada de Tristemente Célebres, contando aquí la historia del personaje que servirá de inspiración para los cuentos, e incluyendo el que haya sobresalido.

El siguiente personaje será Irma Greese, “El Ángel de Auchswitz”.

Leánnos en Twitter cada miércoles a las diez de la noche, hora centro de México.

@yuriikko

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