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¿Por qué nos gusta lo que da miedo?

June 18, 2013

El gusto por el terror es puro amor a la vida.

¿Por qué, como dijo Schiller, “es un fenómeno general en nuestra naturaleza que lo que es triste, terrible y hasta horrendo, nos atrae con una fascinación irresistible”?

Aún Schiller: “Las escenas de dolor y terror nos repelen y atraen con la misma fuerza.”

“Todos se aprietan expectantes en torno al que cuenta una historia de asesinato; devoramos con avidez el más osado cuento de fantasmas, y la avidez es cuanto más mayor cuanto más nos hace poner los pelos de punta.”

En literatura este regodearse en lo tétrico se acentuó con el nacimiento de la novela gótica a finales del siglo XVII, con temas como crímenes macabros, experiencias sobrenaturales, fantasmas y hasta la necrofilia, si no de hecho, por lo menos de pensamiento; no pocos poetas cantaron la pálida belleza de mujeres muertas, idealizándolas, amándolas hasta la locura, precisamente por imposibles.

La primera novela gótica publicada fue El castillo de Otranto, que propone la fórmula que se volvió clásica: una mansión embrujada donde, tras innumerables crisis, muere la joven doncella que tiene el infortunio de vivir allí, víctima de la maldición.

Aquí El Castillo de Otranto, son apenas 70 páginas que se leen rápidamente, recomiendo mucho la lectura de esta novela pionera del terror. 70 páginas se van como agua.

http://www.edu.mec.gub.uy/biblioteca_digital/libros/W/Walpole,%20Horace%20

Su fórmula, con sus variantes, sigue usándose hoy en día; sigue siendo irresistible.

El secreto es ir entrelazando misterios, a cada nuevo suceso inexplicable, más se espolea la curiosidad del lector por llegar al final, y entonces comprenderlo todo.

Aunque dar “sustos” a esta generación postmoderna de vuelta de todo ya podría parecer burdo e ineficaz, aún funciona.
A mi gusto, el terror psicológico es más sutil, pero precisamente por ello más atemorizante. El maestro es, claro, Edgar Allan Poe, cuyos macabros cuentos pulidos hasta la perfección influyeron a gran cantidad de escritores y poetas, no solo del género terrorífico, sino de muchos otros. Poe mezcló el horror con el estilo detectivesco, y fue precursor del sci-fi. Su poema El Cuervo es todo un ícono cultural; mencionarlo es traer a la mente la sensación más paralizante de temor y sugestión nerviosa rayana en la locura. Y es también, un gran ejemplo de la idealización de una mujer ya muerta. Hoy día ya no es necesario que alguien muera para provocar tal obsesión amorosa, jeje. Con volverse el ex que ya tiene otra pareja basta. O cualquier persona fuera del alcance, en general. Bueno, ese es otro tema.

Solo por deleite, recordemos un fragmento:

“Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!”

Y aquí un cuento suyo, mi favorito, por encima de sus más populares El corazón delator, o El gato negro, de gran mérito, por supuesto, pero este me provoca un delicioso escalofrío cada vez que imagino el tañido musical del reloj; la rica descripción de Poe no podía ser más vivida. Además, claro, está la refinada moraleja social.

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/poe/mascara.htm

Otro genio del terror es, claro, H.P. Lovecraft, que revolucionó el género al proponer como causa de los fenómenos sobrenaturales, no solo a los fantasmas o espíritus demoníacos, sino a extraterrestres, la existencia de mundos paralelos y viajes en el tiempo.

Con esto, liberó a la literatura de terror de la moral cristiana, que insistía en que el mal siempre provenía del demonio.

En cambio, sugiere la idea de que el hombre es solo un pequeño habitante del cosmos, cuyas acciones “buenas” o “malas” importan poco a los seres de inteligencia y conocimiento superior allí afuera, tan antiguos y complejos que trascienden el tiempo y el espacio.

Lovecraft es el creador de todo un “ecosistema” al que pertenece Cthulhu, poderosa deidad extraterrestre presa en el mar terrestre.

Cthulhu mide 10 km, tiene cabeza de pulpo o calamar, cuerpo de dragón alado y el poder de la metamorfosis. Su cuerpo es de una substancia gelatinosa y espesa, por lo que no se le puede herir. Y aunque lo fuera, tiene el poder de regenerarse.
Monstruoso a la vista, nada impone más, pues nada da más miedo que algo atrozmente grotesco, deforme, feo.

El mito del monstruo siempre ha existido, es necesario para la humanidad tener un contrapeso para la belleza.

El hombre necesita algo que simbolice la maldad, los vicios, para entender la bondad y las virtudes. Los monstruos son necesarios.

Atávicamente se ha asociado lo bello a lo bueno, y lo feo a lo malo.

Cito a Karl Rosenkranz: “Grandes conocedores del corazón humano se han sumergido en los abismos terroríficos del mal y han descrito las espantosas figuras que surgen de sus tinieblas.
El infierno no solo es ético o religioso, también es infierno estético. Lo feo más feo no es lo que repugna por naturaleza, pantanos, árboles retorcidos, monstruos marinos (…) ratas (…) sino el egoísmo que manifiesta su locura en los gestos pérfidos y frívolos, en las arrugas de la pasión, la mirada torva y el crimen.”

Un excelente ejemplo de esto es el cuento, precisamente de Lovecraft, “Las ratas en las paredes”
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/lovecraf/ratas.htm

Quien desee leerlo, seguramente sentirá repugnancia ante la descripción de los ríos y ríos de inmundas ratas.

Pero al final, descubrirá que es mayor la repugnancia por el ser humano mismo.

Es decir, todo símbolo del mal, depositado en las cosas feas, es una simple proyección de la maldad humana.

Cuando la experiencia ha enseñado que la naturaleza humana puede llegar a extremos indecibles de maldad, y como muestra de ello tenemos noticias a diario de torturas, asesinatos, crímenes, guerras, uno no puede sino sentirse íntimamente aliviado de no haber sido víctima o victimario de uno de estos horrores. Los verdaderos monstruos son humanos.

Uno se estremece de egoísmo puro, porque está vivo.

Dice Edmund Burke que el horror es agradable… cuando no nos toca demasiado cerca.

“Si el dolor y el terror son modificados de manera que no sean realmente nocivos, si el dolor no llega a la violencia y el terror no tiene relación con el peligro real de la destrucción de la persona, (…) son capaces de producir deleite. No placer, sino una especie de tranquilidad teñida de terror, la cual, como depende del instinto de supervivencia, es una de las pasiones más fuertes.”

Y ahí reside lo sublime del horror, porque sobrepasa la razón, por incomprensible.

He ahí porqué nos gustan los cuentos y las películas de terror, los deportes extremos y los juegos mecánicos. Nos son agradables las emociones fuertes, intensas, porque nos hacen sentir sobrevivientes. Nos sentimos más vivos.

Y a guisa de apéndice…
Claro que también existen los que se van al extremo.

Hay quien gusta del terror porque fantasea con ser víctima, sobre todo aquella que sobrevive y toma venganza. Muchos que sufren alguna ofensa o maltrato, por leve que sea, se envanecen de haberse vuelto “fuertes” y “malos”.
El gusto por el terror, dicen, es una muestra de lo rudos y resistentes que son, y de que algo “quedó mal en ellos”.

No digo que no haya quien sí haya sufrido agresiones serias, pero estas personas no suelen alardear de su “rudeza”. Y algunos de ellos sí, tristemente, llevan su venganza de la fantasía a la realidad, pero son pocos y aislados casos.

Aquellos que afortunadamente no han vivido desgracias graves, mejor a alegrarse por ello y no en las pequeñas desgracias…

Digo, es una opinión, jaja. Aquí no se juzga a nadie. A disfrutar del terror sin culpas.

Esta es una de mis divagaciones, casi una conversación, no pretende ser una cátedra sobre la literatura de terror, porque me faltaría profundizar más, mencionar muchos autores, libros y colecciones de cuentos. Lo que sugiero escribir un cuento tratando de comprender la fascinación humana por lo que la da miedo, probemos a activar esos mecanismos en el inconsciente que provocan tanto temor como morbo, euforia y alivio.

@yuriikko

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