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Reinvención de los cuentos de hadas

April 26, 2013

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Comentaba con @_artillero, integrante de nuestro club literario War of Words (visiten su blog, ficcionomicon.wordpress.com) sobre las nuevas adaptaciones de cuentos de hadas clásicos, y como nos ocupamos recientemente de la literatura fantástica, él nos propone hacer un ejercicio para #10alas10 reescribiendo uno de ellos. Tomar alguna de esas historias infantiles que todos conocemos, y actualizarla. Acaso aquellos mitos sobre valientes héroes incapaces de sentir temor y pasivas princesas a la espera, a cual más bella, no sean historias tan apropiadas para arrullar a la infancia; varias generaciones han crecido con condicionamientos que poco les ayudan cuando se convierten en adultas, aunque la intención de la moraleja en algunas de esas ficciones sea buena. Además de que literariamente, la fórmula ya está muy gastada. Explotada hasta el cansancio por películas y telenovelas, además.

Vuelvo al caso de la bella durmiente. Analicemos esta historia. Perrault en su moraleja dice sin tapujos que se trata de la espera femenina de un marido. En la versión conocida en la actualidad ya no se dice, pero sigue implícito.

Lo mismo que en el cuento de Blanca Nieves, apenas alcanzada la edad “casadera”, alrededor de los quince o dieciséis años (misma edad en que se sigue presentando en sociedad a las adolescentes, para anunciar que ya están disponibles para un eventual matrimonio; tal es lo que significan las fiestas de quince años y dulces dieciséis), ambos personajes caen un estado comatoso, mudo y akinético, hasta que llegue un hombre que las despose. El mensaje: que la mujer no vive realmente, no existe del todo, sin un hombre, sin el matrimonio. Por supuesto, hasta que llegue ese hombre que ha de validar y justificar su existencia, han de permanecer hermosas y de apariencia juvenil. Nadie desposaría a una ya no tan bella durmiente de 116 años…

¿Cómo trasladar esto a la realidad? Cuento una forma, que me pareció de lo más profunda.

Recientemente vi una obra teatral escrita por el premio Nobel Harold Pinter que hace alusión al mito de la bella durmiente, “Una especie de Alaska”, que narra el despertar de una mujer tras 29 años de semi inconsciencia, pero, como cuando cayó en tal estado cuando tenía dieciséis años, su mente (que no su belleza y juventud) se ha quedado estacionada allí, y en el paroxismo de la conciencia recién recuperada, se vuelca en una verborrea apasionada, reveladora de las inquietudes morales de una adolescente respecto a la sexualidad, la sensualidad y el amor, entre otras cosas. Llegado un momento, le dice a su médico, con picardía: “¿Dónde estoy? ¿Me ha secuestrado, porque yo le coqueteé? ¿acaso, me lo insinué? Creo que lo amo”. A lo que el médico responde: “No, no me amas”. Y ella: ¿Y por qué no? ¿Es que tengo de dónde escoger? Usted es el único hombre aquí”.

¿Qué tal esta gran verdad surgida del subconsciente, sin filtrar?

El primer amor no depende de “quién”, sino de “cuando”. El primer llegado a la primavera hormonal, si no es tan feo, será el afortunado.

Tan sencillamente que se comprende así el mito de la bella durmiente, aunque por supuesto, no es fantástico, ni romántico.

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Desmenucemos otro cuento.
En el de la Cenicienta, se perpetúa el clasismo social y la idea del matrimonio por conveniencia. Reflexionemos. Cenicienta es pobre, pero el hada madrina la hace pasar por rica con magia (mala idea, fomentar el no-esfuerzo por las cosas que deseamos tener). Ya ataviada adecuadamente para no ser discriminada en una fiesta de élite, y aparentando ser pudiente al llegar en carroza con chofer, puede accesar al príncipe. Claro está, que como es muy bella (y buena, aunque el príncipe no pudo llegar a conocerla bien en un baile), cuando la encuentra, ya no le importa su pobreza. ¡Pero! Cenicienta siempre ha tenido ascendencia noble, así que por esa parte no hay problema, ¿verdad?

Hoy día en vez de baile real está el antro, en vez de vestido mágico y zapatilla de cristal, ahora es ropa y accesorios de diseñador, obtenidos no ya a través de un hada madrina sino de la tarjeta de crédito de una institución bancaria (que parece resolver inmediata y mágicamente las carencias), el auto en vez de la carroza. El objetivo son los “mirreyes”. Si las “princesas”, no pueden atrapar en una de estas salidas nocturnas a un buen novio/futuro marido, y como las bebidas alcohólicas no son gratis, al menos obtienen que los fugaces reyes azules se encarguen la cuenta, justificándose en que las damas no pagan. No será en efectivo, pero en no pocas ocasiones, las “princesas” pagan en especie. Ay.

Hablábamos, @_artillero y yo de tratar a estas historias con realismo. Si los cuentos de hadas fueran escritos dentro de tal corriente, El párrafo anterior sería el crudo escenario de la cenicienta moderna.

Pero los niños no están listos para comprender cosas así, por eso reinventar un cuento de hadas de forma que no sea perjudicial para sus impresionables mentes en formación, es difícil. Pero ¿lo intentamos?

Acaso contar cosas más realistas a chicos y grandes al mismo tiempo que ejercitamos la creatividad al reinventar cuentos sirva de un regalo útil a la vez que bonito que hagamos a través de #10alas10 el 30 de abril.

Si de fantasías se trata, jaja, yo, de ser hada madrina, le conseguiría a Cenicienta un abogado para que se emancipara de su madrastra, le ayudaría a estudiar todos los días y si en vez de vestido y carroza, le conseguiría una beca, jaja. Que se casara por elección y no por necesidad de huir de la pobreza y el maltrato.

No tengo nada en contra, aclaro, del matrimonio ni de la mujer que tiene vocación por el casamiento, la maternidad y la familia. Es tan respetable y válida elección de vida como cualquier otra. Solo desearía que cualquier decisión se tomara con la libertad que otorga la equidad de género, nada más.

Y es que esto del matrimonio obligatorio es tema recurrente en los cuentos de hadas, lean este fragmento de Almendrita de Hans Christian Andersen y digan si no han escuchado más de una vez una conversación similar entre madres e hijas:

“- ¿Sabes una cosa?
– ¿Qué, señora rata?
– Que te he encontrado novio.
– Es que yo no quiero casarme.
– Una chica de tu edad y, sobre todo, estando sola en el mundo, debe tener un marido que la mantenga y la proteja.
– Me basta con lo que usted me da a cambio de mi trabajo, y con su protección.
– Pero yo soy muy vieja, Almendrita. Cuando yo me muera, ¿qué será de ti?
– Entonces Dios dirá; pero mientras tanto déjeme estar a su lado.
– De ninguna manera. Yo te quiero mucho y, precisamente porque te quiero, te he buscado un lindo novio. Y no me repliques, si no quieres que me enoje y te eche de mi casa.
– Si me lo manda, bueno: me casaré. Aunque me muera del disgusto.
– No se trata de eso. Yo no quiero que te cases a disgusto. Te presento el novio, y si te gusta, os casáis…
– ¿Y si no me gusta?
– Ya te buscaré otro.
– Es que yo no quiero ninguno.
– Pues a alguno tendrás que querer. Esto sí que te lo impongo como obligación.”

Al final resulta que Almendrita sí que se quería casar, pero no con un animal feo (huyó de un sapo, una comadreja y un topo) sino con el Príncipe de las Flores, porque esto es lo que sucede cuando lo ve: “La admiración que sentía Almendrita por las magnificencias que la rodeaban creció de punto al ver a un hombrecito blanco y transparente como el cristal, adornado con una diadema de oro…”
Por lo que ella piensa: “¡Qué diferencia con el sapo asqueroso y el topo estúpido!”
Ay, Almendrita interesada.

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Un cuento que yo dejaría (casi) intacto sería el de La Bella y la Bestia. El final me gusta: “muy largos años en una felicidad perfecta, pues estaba fundada en la virtud”. Creo que no hay felicidad perfecta, pero sí creo que la que más se acerca definitivamente está fundada en la virtud como sinónimo de buen comportamiento con uno mismo y con los demás.

Otro detalle interesante es que se describe a Bella como estudiosa y culta, amante de los libros, caritativa y amable, a comparación de sus frívolas y orgullosas hermanas, y de todos, es la que no tiene empacho en vivir en una digna pobreza y aprender a trabajar. Aunque objeto un poco el que después de todo, la recompensa de Bella por haber logrado amar a una persona por su interior y no por su físico, sea necesariamente que él se transforme enun guapo príncipe. ¿Qué importara que fuera feo, si era bueno? Echa a perder la moraleja del caso de una de las envidiosas hermanas que, casada con un hombre guapo, sufre por la vanidad de su marido. Pero en fin, son personajes arquetípicos. La verdad es que en el mundo real, aunque generalmente aciertan algunos prejuicios acerca de la gente bonita, porque la belleza consigue recompensas fácilmente, sin esfuerzo, por lo cual muchas personas físicamente hermosas ya no se esfuerzan por desarrollar otras cualidades y se hacen ególatras, también es cierto que hay de todo en este mundo; buenosbellos, bellosmalos, feosbellos, malosfeos, y una gran cantidad de gente “más o menos” en cuestiones de belleza y bondad o maldad. Y aprender esto sería mejor lección.

Pero los cuentos de hadas tienden a glorificar la belleza, como en el caso del Patito Feo. Ya que se había aceptado a sí mismo e independizado, se transforma en precioso cisne para humillación de los -a comparación- desgarbados patos. Aquí sería bueno añadir algo de esfuerzo para alcanzar belleza interior, jeje. En vez de que el salvador sea el destino.

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Hay cuentos en apariencia bastantes simples, enseñan que las cosas y las personas no siempre son como se presentan y que hay que ir con cuidado por esta vida, no vaya a ser que confiemos en algún malvado. Por ello hay que ser obedientes y atender a las advertencias de los mayores y/o el sentido común propio. Esa idea sustenta la historia de Caperucita Roja, Pinocho, la de Los siete cabritillos y la de Hansel y Gretel. No me quejo, buen punto, aunque es algo violento aquello de sacar a los cabritillos de la panza del lobo y llenársela con piedras, cuyo peso hace que se ahogue al ir a beber al río. Ley del talión, vendetta… También Hansel y Gretel se vengaron bien y bonito de la bruja.

Sin embargo, trasladando a la Caperucita Roja al realismo, podríamos encontrar semejanzas entre el lobo y un pederasta. Hay caperucitas que no son salvadas, que ya no vuelven a casa son su madre… El contenido erótico implícito en este cuento ha sido analizado por psicólogos, que hallan en el color rojo de la capa de la niña, un símbolo de su edad menárquica y plantean que es juzgada tácitamente por el autor al usar color tan llamativo, señuelo para atraer el peligro. Es decir, que Caperucita se vistió provocativamente y por eso le pasó lo que le pasó. Qué misógino y machista es esto ¿no lo creen? Otras interpretaciones señalan que Caperucita se siente atraída por el lobo, como muchas mujeres por hombres malos, dominantes y violentos.

Pero aligerémonos. Los tres cochinitos, pues, es bastante transparente y con buena moraleja. La ratita presumida, jaja, ay, como recuerda a algunas chicas quejumbrosas que a cual más defecto le encuentran a sus pretendientes. Las habichuelas mágicas plantea un dilema moral. ¿Robar es la única solución para sobrevivir a la extrema pobreza? Como Periquín y su madre estaban en la miseria, el niño le robó repetidamente al gigante su legítima propiedad, la gallina de los huevos de oro, la caja de oro inagotable, y el arpa mágica. Y el gigante muere por perseguir al ladronzuelo. Se da por hecho que al ser gigante, tenía que ser malvado.
Ya ustedes analizarán el cuento infantil que elijan, búsquenlo, leánlo, despedácenlo hasta develar el trasfondo que oculta, y decidan como reescribirlo.

Podemos hacer dos versiones, la realista para el lector adulto y la todavía fantástica pero inocente, sin mensajes subliminales perjudiciales para el lector infantil.

Aquí una lista de los que recuerdo:

Aladino, Alí Baba y los 40 ladrones, Hansel y Gretel, El príncipe y el mendigo, Peter Pan, La ratita presumida, Rapunzel, Pinocho, El traje del emperador, Ricitos de Oro, Juan sin miedo, Blanca Nieves, El gigante egoísta, La Bella y la Bestia, El rey Midas, El libro de la selva, El Bosque Encantado, Los tres cerditos, Cenicienta, Las habichuelas mágicas, Simbad el marino, El flautista de Hamelin, La bella durmiente…

Ya ven, tela de donde cortar hay mucha. Pueden elegir otro que no esté aquí mencionado, solo diciendo cuál es.

La dinámica será presentar el link al cuento clásico como introducción a su nueva versión o versiones.

La convocatoria es para el 30 de abril del año en curso, a las 10 de la noche, hora en que presentaremos a través de Twitter nuestros cuentos breves divididos en diez partes numeradas y seriadas incluyendo el HT #10alas10

Quien desee integrarse a la dinámica, solo avíseme, por favor.

Gracias por leer.

@yuriikko

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