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Cinco cuentos fantásticos

April 24, 2013

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Un suspiro

De niña, tuve un amigo imaginario. Pequeño como era yo a los seis. Le decía Musgo, como eso que crecía en el jardín. La vieja casa de piedra era húmeda y fría; mis juegos siempre me conducían al sol, al parterre de flores, y la fuente.
Allí estaba Musgo, llevando la aterciopelada textura de su nombre en la ropa, la piel y en el verde oscuro de los ojos. Musgo empezó a seguirme a la cocina, donde le invitaba meriendas de galletas con jalea, y a mi habitación.
Nunca se interesó en mis juguetes. Era serio, como un niño viejo. Pero me contaba historias maravillosas antes de dormir.

Cada mayo, en mi cumpleaños, recibía de Musgo un presente raro. Cajas de música antiguas, joyas de oro bizantino.

En temporada de lluvia jugabámos al escondite. Yo siempre perdía; él aparecía en los lugares más extraordinarios. Un día no apareció ya, aunque lo llamé y le dejé galletas en ofrenda por la casa. Supongo que ese día se fue mi infancia.

Hoy que cumplo veinte años, fantasías olvidadas, veo una caja de música y un anillo de rubí brillando bajo la cama.

Asomé, para ver si descubría un par de ojos verde profundo, pero no había nada, excepto un suspiro.

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El último dragón

Soy Spaeivk el Dragón. Conciencia del cosmos en cuerpo de sierpe, condenado a simbolizar la avaricia y maldad del hombre. Yo robaba el oro de los reyes y mataba a quien pretendiera robarlos a su vez, fina moraleja, nunca entendida.
Como tampoco lo fue la representación de mi otro papel, Guardián de Princesas. Es decir, Guardián de la Virtud.

A quienes lucharon contra mí les llamaron héroes, a pesar de su ambición de gloria. Ah, ¡persecutores de dotes! Mis protegidas siempre me odiaron y temieron, pero yo las amé con ternura y devoción; con mi fuego inextinguible.

Traté de enseñarles que la sabiduría es la más profunda de las bellezas. Que la juventud es un ropaje que se gasta.

Más ellas se dejaban engañar por las veleidosas flechas de Venus y Cupido, que oxidaban el amor y la felicidad eterna.

Ahora, que los reyes sin corona acumulan oro de papel, los héroes han muerto y nadie cree en mí ni en la virtud, anhelo la muerte. Pero no puedo morir, a menos de que un disparo de ballesta me atraviese el corazón. ¡Me ofrezco en sacrificio!
Sobrevendría una nueva era, de generosa iluminación, derramada la sangre del último dragón.

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El nacimiento del amar o de la mar

Caminan, lentamente
por las colinas del olvido,
voltean, brevemente,
a mirar el Reino Perdido.

Va el Rey de las Hadas,
y su séquito, disminuido;
marchando, sus alas
dejan vuelos al olvido.

El fuego artificial
les quitó el cobijo.
de la medialuz lunar
y las hojas de los libros.

Ahora, han de esperar
quietecillos y silentes
a que vuelva a resonar
la fanfarria del Olifante.

Se esconderán invisibles,
tras la risa más pequeña;
Descansarán en muebles
de casas de muñecas.

Saldrán a jugar en alfombra
de dalias y margaritas,
aquella que perfuma
los sueños de las niñas

No más trato con hombres;
no saben guardar secretos
apenas crecen
se olvidan de los juramentos

Entre juguetes se confundirán;
de su hermosura extraña
el resplandor ocultarán,
pidiendo ayuda a las arañas.

Llevarán grisácea sombra
sobre las hojas de siempreviva
que son tela sobrebordada
de plateados hilos de lluvia.

Así estarán a resguardo
de ciencia inquisidora
que triste cruzada inició
contra las hadas.

@yuriikko

Nota: Estas historias breves surgieron como un ejercicio creativo ¿deseas saber cuál y saber más de la literatura fantástica? Visita http://wp.me/p2CJMw-aK en este mismo blog.

Gracias por leer.

Antes no había mar. Sólo valles y cuencas. Pero entonces, a una doncella le fue cumplida la profecía del amor. La profecía ocultaba que el amor solo nacería en ella; le fue imposible inflamar al recién llegado, a pesar de que le besó.

En vez de eso, pronto, hastiado de mimos, partió, nuevas conquistas anhelando. Una mujer no era ya para él presea.
La abandonada lloró al filo del cañón por el que huyó el aventurero, hasta llenar todas las depresiones terrestres, gota a gota.

Se creó así la mar y su naturaleza vengativa, que arrulla a los navegantes con dulce calma, y luego, tormentosa, trágase las barcas.
Las aves naufrágas, arrancadas sus alas, y vueltas escamas sus plumas se trasfiguraron en monstruos marinos, sin alma.

La doncella misma se hizo una Medusa descomunal. Persigue a cada hombre que entra a sus olas de llanto, esperando al ofensor.
Vive de sorberles el corazón con sus tentáculos. Ya es tan vieja como la desilusión; sus cicatrices tan hondas como el tiempo.

Por ello, si un día empieza a hipnotizarte un aguamala rítmica y ondulante, refugiáte en playa calma, no nades más.

La Medusa te ha elegido. Revisa tu memoria, y si has dejado tras de ti alguna estela de lágrimas, ofrenda una flor al mar.

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Raíz del universo

El Gran y Antiguo Árbol ha estado desde siempre plantado; sus hojas azules debían ser perennes y estar eternamente en flor.
Su savia debía rezumar, dorada como luz de sol, y ser néctar que embriagara de vida a faunos, hombres y hadas.

Hubo un tiempo que fue así, las lluvias alegres lo hicieron crecer hermoso y fuerte, un niño que reía y jugaba.

Alcanzó altura tal, que cobijó al mundo bajo su sombra; y con su corteza, que se renovaba, todos tuvieron casas. Pero hoy su tronco se debilita, pues sus raíces tienen sed y no hallan agua; tienen hambre y la Tierra empobrece. Como una madre, se desespera de no tener alimento que ofrecerle. Queda una flor, en la rama más cercana al sol. Una.

Y esa flor tiembla. La primavera duró trece mil millones de años. Sin preludios veraniegos, el otoño ha empezado.

¿Qué será de los pájaros que no tendrán donde posar sus cantos? ¿Dónde podrán esconderse los escarabajos?

No habrá vida sin el Gran y Antiguo Árbol. Los Elfos, los más sabios, culpan al hombre de haberlo traicionado por ciudades.

El hombre, de todos los hermanos, es el que no recuerda el origen, y ya no sabe escuchar a las plantas y los animales.

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Caminan, lentamente
por las colinas del olvido,
voltean, brevemente,
a mirar el Reino Perdido.

Va el Rey de las Hadas,
y su séquito, disminuido;
marchando, sus alas
dejan vuelos al olvido.

El fuego artificial
les quitó el cobijo.
de la medialuz lunar
y las hojas de los libros.

Ahora, han de esperar
quietecillos y silentes
a que vuelva a resonar
la fanfarria del Olifante.

Se esconderán invisibles,
tras la risa más pequeña;
Descansarán en muebles
de casas de muñecas.

Saldrán a jugar en alfombra
de dalias y margaritas,
aquella que perfuma
los sueños de las niñas

No más trato con hombres;
no saben guardar secretos
apenas crecen
se olvidan de los juramentos

Entre juguetes se confundirán;
de su hermosura extraña
el resplandor ocultarán,
pidiendo ayuda a las arañas.

Llevarán grisácea sombra
sobre las hojas de siempreviva
que son tela sobrebordada
de plateados hilos de lluvia.

Así estarán a resguardo
de ciencia inquisidora
que triste cruzada inició
contra las hadas.

Estos cuentos fueron resultado de un ejercicio creativo, ¿quieres saber cuál, y saber más de la literatura fantástica? Visita http://wp.me/p2CJMw-aK en este mismo blog.

Gracias por leer.

@yuriikko

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