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Sobre la capitalización de la culpa, las religiones, Dios y la gente religiosa

April 10, 2013

En esos días de vacaciones para algunos y de actividades religiosas
para otros, que fue la Semana Santa, vi las celebraciones tradicionales de algunos pueblos.

Creo que la celebración del, sábado de Gloria, es la que siempre me agradado observar. Es jubilosa.

Así deberían de ser las prácticas religiosas, alegres. En cambio, la de ayer, vía crucis y pésame, son culposas. Tratan de generar remordimiento, incluso por haber nacido (con el pecado original).
La capitalización de la culpa por parte de las religiones es histórica, pero el cristianismo ha hecho de ello su base…

Es interesante que la humanidad haya concebido la idea de la redención mediante el sacrificio, por amor, de un hombre-dios. En principio, me da cierta esperanza en la gente, pues siendo capaz de concebir un amor tan desinteresado, tal vez pueda practicarlo.

Aunque la mayoría de las personas no llevan a la praxis la teoría cristiana respecto al amor, perdón, caridad, y respeto.
Ni siquiera siendo estas las principales enseñanzas de los evangelios, que fueron hechos bastante bienintencionadamente.

Haciendo historia, los evangelios pasaron de la tradición oral a ser documentados entre 60 y 70 años después de Cristo. Al menos, los evangelios sinópticos, los de Marcos, Mateo y Lucas (que junto con el de Juan conforman los Evangelios Canónicos).
Por eso se dice evangelio “según” tal o cual santo; no fueron escritos de su puño y letra. Solo las epístolas de San Pablo. Pero Pablo de Tarso no conoció a Jesús, nació después de su muerte y se convirtió al cristianismo ya adulto… A diferencia de los evangelios atribuidos a los apóstoles, en las cartas de Pablo a los corintios, tesalonicenses, etc., en ellos se trasluce la personalidad del autor, e información sobre su vida y actividades. Por ello no hay duda de su autenticidad.

Esas cartas aportan evidencia de la existencia histórica de Jesús de Nazaret, de la que hay poca, a excepción de la de los evangelios, de los cuales, los expertos corroboran la veracidad de las referencias geográficas y a otros personajes históricos.

Sin embargo, no pueden hacer lo propio con la narración de hechos milagrosos, que tenían como fin el propagar la fe.

En mi opinión particularísima, pienso que con difundir los sermones, como el de la montaña y las enseñanzas, como las parábolas, bastaba. Ahí es donde está el mensaje principal del cristianismo, lleno de sentido común y buenos valores. La ética.

No en balde el sermón de la montaña, que incluye las bienaventuranzas, fue retomado por Tolstoi y luego por Gandhi. Pero supongo que relatar milagros era más convincente para probar que Jesús no solo era un buen hombre, sino Dios.

Decía Einstein que las religiones inventan seres sobrenaturales por miedo, por malentender la causalidad del universo.

Al final, como en todo, solo queda respetar las opiniones y creencias de los demás tanto como exigimos que se respeten las nuestras. Al fin, la fe, es verdad, mueve montañas. Lo ideal sería que las moviera para bien.

Yo solo pediría coherencia entre credo y praxis. La doble moral es lo que es dañina, no los principios de la religión cristiana. El comportamiento ético no tiene porqué estar impuesto por una religión. Es cuestión de conciencia personal.

Tal vez la sociedad evolucione a una suerte de gnosis, superando los dogmas de fe, como la resurrección o la virginidad de María o cualquier otro dogma de otras religiones. Especialmente aquellos que inculcan culpa, temor, y miedo al castigo para iniciarse en el conocimiento y en la exploración de la propia espiritualidad como herramienta de autosalvación.

Y no necesariamente salvarse de un infierno como castigo satánico, sino para hallar el cielo dentro de uno mismo, en vida.
Como dice el título del libro de Leon Tolstoi, el Reino de Dios está en vosotros. Y se alcanza portándose bien con los demás.

Tiene sentido. Si se respeta al prójimo, no se le hace daño. Y si nadie se hiciera daño entre sí, viviriámos en el paraíso terrenal.

Por eso el principio tan sabio y sencillo “amaos unos a otros”. Amor es respeto.
Tiene razón la frase “Amar a otra persona, es ver el rostro de Dios”. Amar abre los ojos para apreciar la belleza que nos rodea.

Dios, como lo concebía Einstein, está en todas las cosas, es el orden mismo del universo, ante el cual el hombre se maravilla. Comparto esa noción suya y la de que un hombre religioso no era aquel que creía en tal o cual dios sino el que hacia el bien a los demás.

Incluso poniendo el bien al prójimo por encima del bien personal. Pero en la mayoría de los casos esto no sucede. Casi todos solo se aman a sí mismos aún cuando creen estar “enamorados”. Buscándose en otra persona sin hallarse.

Y se pierden de la felicidad que da hacer bien a la gente y de la belleza de la vida que se descubre al amar.

La admiración que provoca descubrir ese orden perfecto tras el aparente caos da paz mental y espiritual. Todo tiene sentido.

@yuriikko

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