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Minicuento-s de la semana

April 10, 2013

Los suspiros le salían chiquitos, exhalados apenas, vergonzosos. Tantos se atoraron, inflándole el corazón, que explotó.

Ya no río. Te asustaría. Se me resquebrajó la risa. Me quedó un eco a derrumbe, ruido de cascajo. Mi garganta es una casa vieja.

Había una niña asomaba a sus ojos, picaresca, queriendo jugar al acertijo. Pero todos fallaron en adivinarle. Ahora se esconde.

Apenas despertó de la muerte, se vió vertido en el pequeño recipiente: un infante. ¿Otra vez a vivir? Rezongó, antes de olvidar.

Se arrepintió de tirarse, pero fue muy tarde, el aire le hizo suyo y calmó el pivoteo loco de sus brazos y mente. Pudo volar antes de morir.

La ira, roja cortina, fue cegando los sucios vidrios de sus ojos. Fue extrañamente apropiado que la sangre tapara las ventanas.

Le silbó el viento, así que giró, corazón de rehilete, hasta destrozarse al ritmo violento de la antiquísima tonada del cortejo.

Asomé al espejo y vi a la noche, con dos medialunas púrpuras por ojos. Será que se cambió por mí durante algún insomnio.

Tiembla tu castillo construido en mi pecho antes firme, ahora cumbre oscilante de sollozos. Huye, que te aplasto bajo escombros.

Bajo el árbol maltrecho de años oscila sin viento mi columpio podrido, y parecen colgar de él, andrajos de risas del tiempo ido.

Soy tu escalofrío, la risa nerviosa que apagó tu vela, la gota única que corre en tu nuca. Soy tú mismo. Cede, la locura es bella.

El crujir de la manzana mordida se confundió con el de sus desprevenidos huesos cuando él la apretó, abrazo que dolía a dientes.

Hay un agujero en la pared. Diminuto abismo, negro maldad. Mirándolo, siento encoger a tamaño y razón cucaracha. Entro.

El ave que se posa en el cable que atraviesa el paisaje de mi ventana es mi única e involuntaria visita. Hoy llovió. Y no vino.

Cara a la pared, aovillada en la cama, como pequeño erizo herido, aún usa sus espinas para poder morir sin que nadie la toque.

Al menor pretexto, llora a nariz sonora, solloza, hipa con ahínco. Sufre mejor con testigos. Es una de sus felicidades absurdas.

Sí, tengo pájaros en la cabeza, pero no presos; ellos entran y salen por mis orejas y me traen flores de recuerdo de sus vuelos.

La hormiga voladora, la alidispersa, se izó sobre la hierba y vió que no era el sombrero del mundo sino un vellito de la tierra.

Al despertar, su primer cigarro sabe desgano; a medio día, el quinto humea puro tedio; a la noche, el décimo ya hiede a soledad.

Apenas llegar se desliza fuera de los zapatos que son los que arrastran el peso del mundo. En casa, ella flota, ángel descalzo.

El reloj, tiempo artificial, marcha. Pero yo, fragmento de eternidad, vivo en un libro cuya frase final es la misma del inicio.

De tan gacha, tan triste, empezó a pisarse a sí misma, a meterse en su sombra, y luego, sombra ya, se dejó tragar por la tierra.

@yuriikko
༄ ༄༄

Nota: las minificciones aquí publicadas son propiedad de la persona que utiliza el seudónimo @yuriikko, y están protegidas por los derechos de autor.

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