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Pollo

October 15, 2012

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Pollo

Por @yuriikko
Editor: @Pliniux

Pollo, le decían. Desde que tenía memoria usaba el disfraz, antes amarillo brillante y ahora un opaco amasijo de plumas sucias.
No le importaba la mugre. Lo que sí le preocupaba era que el traje le quedaba ya muy chico. “Vas a cumplir seis”, dijo su mamá.
Pero, ¿qué sería cuando ya no pudiera ser el Pollo? Pronto le comprarían otro disfraz. Había oído a su papá quejarse del gasto.
¿Y si le cambiaban su número? ¡Ya no podría treparse en los hombros de su papá y luego en los de su Mano!
Ser la punta de la pirámide humana era lo que más gustaba a Pollo. Aletear y bailar allí arriba era mucho mejor que jugar.
¡Y mirar hacia abajo! ¡Ver los coches y la gente así de chiquitita, pensar que en una de esas, deveras iba a volar sobre todos!
Lo que no le gustaba era pedir monedas. A veces le daban una de a diez y entonces corría a dársela a su mamá. Eso era bueno.
Pero esa mañana no le habían dado nada y hacía calor. Se le habían quitado las ganas de actuar en el siguiente alto de semáforo.
Pero su papá y Mano no le dieron tiempo de hablar. Lo agarraron fuerte y ¡arriba! Se le olvidó todo, y feliz, aleteó con fuerza.
Con demasiada fuerza. Cayó. La fractura mal cuidada lo confinó a pedir en la banqueta. Cada luz roja aún siente ganas de volar.

Este cuento ya fue editado. El texto original fue enviado a través de twitter bajo el HT #10alas10 como ejercicio de la corriente neorrealista, atendiendo al Minicurso de Historia y Práctica del Cuento Hispanoamericano, documentado en este blog. La lección teórica puede consultarse bajo el título Minicurso de Cuento 10. Neorrealismo.

La versión original:

Pollo, le decían. Desde que tenía memoria usaba el disfraz, antes amarillo brillante y ahora un opaco amasijo de plumas sucias.
No le importaba la mugre. Lo que sí le preocupaba era que el traje le quedaba ya muy chico. “Vas a cumplir seis”, dijo su mamá.
Pero, ¿qué sería cuando ya no pudiera ser el Pollo? Pronto le comprarían otro disfraz. Había oído a su papá quejarse del gasto.
Eso también quería decir que cambiarían su número. ¡Ya no podría treparse en los hombros de su papá y luego en los de su Mano!
Ser la punta de la pirámide humana era lo que más gustaba a Pollo. Aletear y bailar allí arriba era mucho mejor que jugar.
¡Y mirar hacia abajo! ¡Ver los coches y la gente así de chiquitita, pensar que en una de esas, deveras iba a volar sobre todos!
Lo que no le gustaba era pedir monedas. A veces le daban una de a diez y entonces corría a dársela a su mamá. Eso era bueno.
Pero esa mañana no le habían dado nada y hacía calor. Se le habían quitado las ganas de actuar en el siguiente alto de semáforo.
Pero su papá y Mano no le dieron tiempo de hablar. Lo agarraron fuerte y ¡arriba! Se le olvidó todo, y feliz, aleteó con fuerza.
Con demasiada fuerza. Cayó. La fractura mal cuidada lo confinó a pedir en la banqueta. Cada luz roja aún siente ganas de volar.

Comentarios de @Pliniux:

“Muy bonito cuento de Yuri. Un personaje de clase baja. La historia contada desde la óptica de un niño. La realidad que se impone sobre la ingenuidad. La desilusión.

Solo le cambiaría una cosa. El tuit que dice:

Eso también quería decir que cambiarían su número. ¡Ya no podría treparse en los hombros de su papá y luego en los de su Mano.

me parece demasiado determinista. No es seguro que el apuro económico necesariamente haga que cambien su número. Podría ser pero no es seguro. Aunque sí es el temor de Pollo.

Yo lo pondría así (para dar el chance de la probabilidad), cambiaría “también” por “probablemente”:

Eso quería decir que probablemente cambiarían su número. ¡Ya no podría treparse en los hombros de su papá y luego en los de su Mano.

Como ves, Yuri, el cambio es menor y en nada afecta a la totalidad del cuento. Muy bien, ¡felicidades!”

Gracias, @Pliniux. La observación que haces, en efecto, denota que Pollo estaba siendo pesimista porque su mayor temor era que, con un disfraz distinto, uno que no fuera de algún ave, ya no le hicieran aletear en la punta de la pirámide humana. Esto era extremadamente importante porque al aletear, se imaginaba que alguna vez despegaría el vuelo.

Elegí el disfraz de pollo para representar la “ironía del destino” y como adelanto simbólico del final, porque un pollo es un ave que no puede volar. Pollo, el niño, nunca podrá volar. El cuento en sí es determinista. Personalmente creo que las posibilidades de cambio nunca están cerradas. Pero en este ejercicio, al mencionar al hermano mayor de Pollo y a su papá, quise expresar que los niños en situaciones como esta raramente salen de ella. No pueden volar, es decir, escapar. La fantasía de volar de Pollo es una evasión de su realidad. De su “destino”.

Yo, a modo personal insisto, no creo en la invariabilidad del destino. Creo que las circunstancias en que nacimos claro que determinan una parte (la inicial) pero la otra parte es resultado de acciones y decisiones propias. Pero mucha gente suele inculcarles inconscientemente a sus hijos eso de “el que nació para maceta no pasa del corredor”. Por eso generación tras generación se repiten patrones y hasta se heredan oficios.

Pero cambiemos el enfoque de Pollo, dejemos abierta la probabilidad. El inconveniente es que si cambio “también” por “probablemente” resulta un excedente de cinco caracteres. Debía ajustarme a 128.

Y como el cuento va siguiendo los pensamientos de un niño, un niño algo pequeño y que por su situación seguramente no asiste a la escuela, es poco probable que él empleara la palabra “probablemente”, valga el juego palabresco.

Pero para conservar tu sugerencia, al principio cambié “probablemente” por “a lo mejor”, más coloquial y más al nivel de expresiones de un niño. Cambiando un poco la frase, cabía en los caracteres disponibles.

“Entonces, a lo mejor le cambiarían su número. ¡Ya no podría treparse en los hombros de su papá y luego en los de su Mano!
5
#10alas10”

Aunque no me gustó mucho porque “a lo mejor” cuando se expresa un temor, debería ser “a lo peor”. Pero nadie usa esa expresión, jeje. Otra ironía es que, si ya le hubieran cambiado el número a Pollo, entonces se salvaría de caer. Desde esa perspectiva, si sería simbólico usar el “a lo mejor. Imaginar el “hubiera”. Pero Pollo cae. Se fractura. Ya no importará, porque ya no podrá actuar; queda confinado a la banqueta.

Pero dejemos abierta la posibilidad en el punto del cuento donde todavía no se sabe que pasará, con una pregunta:

“¿Y si le le cambiaban su número? ¡Ya no podría treparse en los hombros de su papá y luego en los de su Mano!”
5
#10alas10

Cabe perfectamente y de todos modos expresa la preocupación de Pollo por dejar de aletear en las alturas sin ser determinista.

¿Qué opinas?

Muchas gracias, Plinio. Un abrazo.

@yuriikko

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