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¡Eva era el diablo!

September 28, 2012

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¡Eva era el diablo!

Un cuento del realismo mágico por @yuriikko.

Eva quedó huérfana y dolorida a los doce años. A falta de casa hogar en el pueblejo montañés, fue metida a fuerza al convento.
Allí la morena criatura montaraz fue despojada de sus andrajos verdes, que la hacían parecer una rama tierna, cubierta de musgo.
Recubrieron su piel con un hábito nuevo, y con una conciencia del pecado, también nueva. Quedó apresada en el sagrado recinto.
Cambiaron su aire salvaje, oloroso a fresas silvestres, por acres humos incensarios, hediondos a sepulcro.
Al ser una novicia niña, le tocó monaguillez: agitar la campanilla y mover pendulariamente el incensario tóxico, en la liturgia.
Eva estaba habituada a dar forma a las nubes. Allá en la libertad, si imaginaba un pez, la nube que miraba, hacíase perciforme.
Aburrida de los rituales de las misas, jugó entonces a dar forma al humo del incienso y al de las largas y gordas velas de sebo.
Atormentada por las prohibiciones de su nueva condición de monja involuntaria, transmutó su rebeldía en blasfemas figuraciones.
El humo hacía volutas igualitas a una cara demoníaca un segundo, y al otro, a una serpiente que acariciaba las sotanas del cura.
Terror poseyó a éste. -¡Eva es el diablo!- Y precipitóse
contra ella. Dicen, la emparedó en el nicho del santo tras el altar.

Un día fui a misa a ese convento. Lo que más me impresionó fue el aroma a fresas recientes que despedía el incensario.

Fin.

Los temas que inspiraron este cuento fue la imposición de la religión en niños, y, por otra parte, en las zonas rurales en que la religión aún es ignorante fanatismo. Casos como los de Nueva Jerusalén salen a la luz de vez en cuando porque siguen existiendo.

Claro, la literatura se inspira en la realidad, pero también tiene una imaginación exacerbada. Nunca he sabido y espero no saber jamás de un caso como el de mi cuento.

En la historia se habla de una adolescente, edad en la que para la mayoría de las religiones ya se está listo para comprender y participar de sus ceremonias. Para la iglesia católica son los siete años, edad en que se empieza su instrucción para recibir su sacramento más importante. La comunión.
Soy hija de padre budista y madre católica. Qué digo católica, catoliquísima. Mi padre me daba tranquilas nociones de la bondad universal. Mi madre era mucho más insistente en mi instrucción religiosa. Por supuesto que a los siete años yo ya estaba en “clases de catecismo”. Recuerdo bien la experiencia. Comprendía sí, todo lo que me explicaban, pero no me interesaba mucho que digamos. Mi mente estaba en otras cosas… Al mismo tiempo tomaba clases de ballet y me distraía de las lecciones recordando la música y los pasos. Sin embargo, observaba. Muchos niños, como yo, pensaban en cualquier otra cosa menos en las disertaciones de la señorita catequista. ¿Sería, acaso por la falta de recursos didácticos? ¿O por ser temas poco apropiados para la mentalidad de un niño? Y con esto no quiero decir que los niños sean tontos; me consta que no, jaja. Solo que los métodos de procesamiento mental, por así decirlo, van evolucionando conforme uno crece. El cerebro va aumentando de tamaño, y la experiencia también.

Pero retomando la pregunta, ¿la niñez es el mejor momento para formarse en una religión? Acaso sí y acaso no, ya que casi todas ellas necesitan de la credulidad dogmática. Todas las especies han sido condicionadas por la evolución para creer todo lo que se le enseñe en la infancia. Es una forma en que la naturaleza las ha protegido; si las crías (en el caso de la especie humana, los niños) cuestionaran y desobedecieran cuanto les mandan sus padres, no sobrevivirían.

Pero esto no solo se ha aplicado a fines prácticos como aprender a cazar, o a mantenerse abrigado cuando llueve o nieva para no enfermarse; los adultos aprovechan la credulidad infantil para crearles muchas bonitas fantasías… Pero también para decirles bastantes mentiras que a la larga los perjudican. Y claro, también los educan en sus creencias religiosas.

Es sencillo hacerlo. Si los niños creen en Santa Claus y en los Reyes Magos, muy probablemente acepten sin cuestionar misterios como el de la Santa Trinidad, la resurrección de Jesús o la ascensión en cuerpo y alma de la Virgen María. No es un ataque a estas particulares creencias religiosas; solo comento que son hechos contrarios al racionamiento científico y que precisamente por ello han de constituir un dogma. Hay que creer en ellos sin cuestionarlos. Tener fe. Por eso se catequiza en la niñez.

Vayamos más lejos, con un ejemplo no occidental. A los niños musulmanes, Alá les promete huríes en el cielo si son buenos en vida. Este concepto de ser buenos se interpreta en muchos casos como ser un buen muhayahidin. Un buen integrante de la Yihad, protector y defensor de la fe islámica a costa de lo que sea. Preguntemos a los talibanes. Reflexionemos un poco acerca de las guerras de Bosnia e Irán.

¿Adoctrinar en las creencias religiosas de los adultos a los niños es ético?

Hay cosas beneficiosas, claro. El fin último de una religión (o de la mayoría de ellas) es al fin y al cabo, hacer que sus adeptos sean buenas personas. En teoría todo es maravilloso, porque enseñan igualdad, respeto y amor al prójimo, generosidad, caridad, altruismo, y la rarísima virtud del perdón.

Mi observación es que las más de las veces los adultos no practican esas maravillas que desean enseñar a los niños a través de su formación religiosa. Y es ahí cuando se perpetúa la religiosidad como costumbre social en vez de un camino para el crecimiento espiritual. Se hace del niño, cuando crece, un joven adulto reacio a desarrollar su espiritualidad, porque se le ha saturado. Y como ha visto que no todos predican con los actos, prefiere no participar en una farsa.

Tal vez la solución sería educar a los niños con un buen ejemplo (básicamente solo hay dos reglas: no hacerle daño a nadie, hacer el bien a todos) Y que cuando crezca, elija su propia religión.

Ah, por cierto, mi ilustración fue un experimento con una apps para dibujar diseñada para niños. Mi pequeño sobrino de tres años estuvo de visita dos semanas en casa, y la descargué para él. Terminé dibujando yo. Jaja. Una fresa coronada de espinas, como un Corazón de Jesús.
Doble por cierto… la condición de mi cuñada, mamá del peque, para dejarlo tanto tiempo, fue que prometiésemos llevarlo a misa los domingos.

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