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Mi efímero reinado de belleza, o de cómo aprendí del racismo

August 25, 2012

Antier, que dediqué una entrada de este blog al racismo y clasismo en México, recordé una anécdota que conté hace un mes que festejaba mi cumpleaños y conté cuando fui candidata a un puesto de elección popular. ¡Cuando me robaron las elecciones!
Una persona me aconsejó que lo relatara todo junto. Hélo aquí.

Jaja. Explico. No se alarme nadie por lo de las elecciones robadas, pero es un ejemplo en micro escala de cómo se piensa en este país… Un ejemplo de soborno, por ejemplo.

Pero también es un recuerdo entrañable en mi vida, muy bonito. Contaré porqué más adelante.

A los 4 años fui candidata a Reina de la Primavera del kinder ¡sí, rían, yo también me río!🙂 La elección consistía en que los niños votaran con el método más sencillo y a prueba de errores del mundo: levantando la mano a favor de la candidata de su preferencia, y absteniéndose de levantarla cuando se nombrara a la candidata que no querían elegir. Las maestras, claro, contaban los votos, y yo, su servidora, gané por abrumadora mayoría, jaja. ¡Era muy popular por contar cuentos dramatizadamente!

Bueno, pues mis oponentes eran dos niñas que recuerdo bien: Ema Osti y Amy Kuri. Ema era de ascendencia polaca y tenía ojos grises.
La mamá de Ema fue a reclamar al kinder que su hija no hubiera ganado la elección a reina, pues al tener ojos azules, era la más adecuada, decía.
Yo, dijo la Sra. Osti, era bonita y güerita pero mis ojos eran color aceituna, era más apropiado que la reina tuviera ojos grises.

¿Qué habrá pensado de Amy Kuri, que tenía un rostro precioso, con lunares, pero era apiñonada y de pelo y ojos negros?
No me quiero imaginar. Pero el caso fue que la Sra. en cuestión hizo un fuerte “donativo” al colegio y Ema fue reina de la primavera. A mí, me dijeron que también iba a ser reina, pero del carnaval. Y las dos tendríamos nuestro respectivo trono y carro en el desfile.
Vaya, era una pequeñez de desfile, unas cuadras alrededor del colegio, jaja. ¿Por qué tanta obsesión de la Sra. en que su hija “no perdiera”?
Creo que la estaba educando para sentirse superior a los demás… Que siempre ganara, aunque fuera con trampa. ¿Suena conocido? Ejem.

Mi papá, que era artista plástico, diseñó y personalmente decoró mi “carro alegórico” para el desfile, con papel maché, tela y pintura… Claro, fue mucho más llamativo que el de Ema, a quien pusieron en el cofre del coche de su papá, adornado con papel, para la furia de la Sra. Osti.

Esta fue la primera vez que presencié un soborno y la compra de una elección, jaja. Y supe que hay gente racista y grosera.

El kinder terminó, a Ema la reencontré un año en el colegio, en secundaria. A Amy también, en bachiller. Ninguna recordaba el episodio.

Sin embargo, ya seguían el patrón de conducta que les enseñaron sus papás. Ema decía que jamás “andaría” con un moreno… Y Amy era extremadamente vanidosa y fatua por tener esa cara tan bonita llena de lunares, con ojazos grandes.

Mi papá nunca quiso que volviera a ser “reina” de nada en el colegio, quiso enseñarme que el valor no se le da a una persona por su aspecto físico. Yo recibía constantes halagos por mi cabello y mis ojos, me querían mucho las Misses y monjas del cole. Pero mi papá no me dejó envanecer.
Me enseñó a que, las alabanzas o, en caso contrario, las críticas que recibiera por mi cabello, ojos, o cara , eran irrelevantes.

Porque yo nací así, no tengo mérito alguno en tener estas características físicas. Ni las escogí ni me las gané. No son producto de mi esfuerzo. Ni tampoco una culpa. Un “defecto” físico, no es defecto, es natural. La naturaleza favorece las formas irregulares.

El nivel de inteligencia, tampoco es algo que uno elige, me decía. Se nace con cierta capacidad intelectual, alta o baja.
Pero, lo que sí se podía hacer, era ejercitar la inteligencia nata para desarrollarla más y emplearla bien, eso sí ya era meritorio.
Lo mismo con la poca o mucha belleza física. Ejercitarse para tener salud era la única forma de belleza que reconocía y admiraba.

Él, además de empresario, era pintor, judoka y karateca… Para que no añorara “reinados” de belleza en los colegios, me nombró… Reina de mi casa, jaja. En mis cumpleaños me ponía una corona, y era Reina por Un Día. Mis regalos eran de acuerdo a mis calificaciones.

Me encantaban mis fiestas de cumpleaños. Pasaba los meses anteriores esperando la fecha y guardando algún vestido nuevo.
Una vez yo sola hice mis invitaciones “a mano” con dibujos y todo, y las repartí a medio cole. Llegó una multitud a la casa… Y lo más gracioso fue que el payaso contratado llegó caminando ya disfrazado, y como no hallaba la dirección, muchos niños de la calle lo habían seguido. Cuando por fin dió con la casa, salí disparada a abrir yo y dejé pasar a los niños que traía “pegados”. Jaja. Pero no me regañaron.

Hubo para todos y fue el cumpleaños más feliz de mi vida. Luego crecí, todo eso pasó, y mi papá falleció. No había vuelto a ponerme una corona.

Hasta este año, que festejé mi cumple, y mi sobri Samy me la dió. Recordé mucho a mi papá y las cosas buenas que me enseñó.

Y estoy en paz con el recuerdo de mi papá, y con su muerte; volví a tener un cumpleaños tan feliz y divertido como a los ocho años. ¡Me disfracé!

Jaja. Nunca he podido superar, y espero no hacerlo nunca, el gusto por que mi fiesta sea igual a una infantil. Globos, piñata, etc. En fin, ese domingo fue un día bonito y muy divertido.

Esto de estar acostumbrada a aceptar de modo natural el aspecto físico, mío y de las demás personas, me hace una persona “rara” en un mundo donde la apariencia suele ser lo más importante, y es con frecuencia utilizado para atraer, o conseguir cosas. Lo que me lleva a otro punto. Creo que a veces se malentiende un poco la intención de publicar fotografías en las redes sociales. Somos tres cosas: alma, mente y cuerpo…

En los medios virtuales, el alma y la mente se translucen a través de la palabra escrita. El cuerpo, pues en fotos. Yo, no me avergüenzo de mi alma… Ni de mi mente. ¿Por qué habría de avergonzarme (o enorgullecerme) de mi cuerpo, que incluye la cabeza? Nací dentro de él, es mi estuche, jaja.

Por eso no me cohibo de poner fotografías… Hasta que llamo la atención de forma equivocada. Cuando es interpretado como coquetería.

Entonces me abrumo. Pero jamás voy a caer en el sometimiento del MMM (Maldito Mundo Machista) que hace ocultar la cara y el cuerpo a las mujeres.

Si el cuerpo y la cabeza en él son cosas perfectamente naturales, quisiera que se tomara así. Es lo único sano.

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