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Cenizas a cenizas, polvo al polvo

August 24, 2012

Cenizas a cenizas, polvo al polvo.

Petrita tenía quince cuando llegaron los zapatistas a pelearse el pueblo, y un cañón mal cargado explotó iniciando la quemazón.
Ni jacal ni siembra; quedó pura ceniza quebradiza. Así se sentía Petra, un polvito que el viento se podía llevar a donde fuera.
Sin tatas ya, y levado su hermano, se fue con el calzonudo zapatista que tras el fuego la violó. Se hizo soldadera, sin saberlo.
Fue cambiando de hombre y de bando; se la robaban como botín de guerra. Primero la violaban y luego la hacían su concubina.
A pesar de eso, era fiel a su dueño en turno. Pero ahora, que había atravesado el país y terminado villista, estaba embarazada.
Su hombre, borracho, la acusó de mala, desconoció al niño por venir, y la echó del tren en el que iban de Torreón a Chihuahua.
Ella siguió al tren de todos modos, en un caballo robado. Una noche se coló al campamento y se robó algo más. Dinamita.
De observar a los hombres, Petra se había robado también el conocimiento para usarla. Planeaba adelantarse y ponerla en la vía.
Así el tren que llevaba a aquel desgraciado explotaría igualito al cañón que quemó su jacal y la dejó errante, alma carbonizada.
Pero algo falló. La trampa estalló al ponerla. Petra al fin se quemó en cuerpo. Se hizo fuego, y luego ceniza. Polvo al viento.

Epílogo.

La explosión despertó a los del tren. “¡Los contrarios!” dijeron, armándose. Pero sólo había un cuerpo calcinado de mujer.

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La presencia femenina en la Revolución Mexicana llama poderosamente la atención, porque se liberó en muchos aspectos, de su rol típico para incursionar, sin ser reprimida, en la lucha armada o en el activismo civil y la participación política.

Hubo organizaciones y asociaciones de mujeres que, a pesar de no tener el derecho al voto, abogaban por el antireeleccionismo, apoyando los ideales de Francisco I. Madero.

Algunas de estas asociaciones:
La Liga Femenil de Propaganda Política.
La Liga Feminista Antirreeleccionista Josefa Ortiz de Domínguez.
Club Sara Pérez de Madero.
Consejo Nacional de Mujeres Mexicanas.

Destacan mujeres como Hermila Galindo, secretaria particular de Venustiano Carranza y directora de la revista ilustrada, La Mujer Moderna, promotora de la participación política femenina. Esta mujer promovía ideas progresistas respecto al divorcio, la religión, y la sexualidad femenina.

Pero, claro, Hermila tenía educación, y vivía en un contexto urbano.

Las mujeres del medio rural, las campesinas, las muy pobres e ignorantes, fueron en su mayoría, a las que la historia colocó en el papel de soldaderas.

Cito a Julio Guerrero, en su libro La génesis del crimen en México. Estudio de psiquiatría social:

“Estas mujeres durante el día no tienen más hogar que la calle; y la cuadra del cuartel en la noche. Sentadas en la banqueta, con el perro á sus pies, y el muchacho recostado contra el canasto, forman frente a los cuarteles, grupos que ocupan media calle; acompañan al marido o amasio en sus marchas militares, llevando á cuestas al niño de brazos, al canasto lleno con ropa y los trastos de guisar (…) La mayor parte son concubinas de los soldados pero fieles, y jamás tienen dos amacios a la vez (…) Son celosas y valientes, habiendo, muchas veces, saqueado las poblaciones pequeñas; pues se encargan de procurar alimentos a la tropa; y los consiguen por la fuerza, cuando los rehusan los dueños de tiendas, corrales ó rancherías”.

Pero no sólo se limitaron a estas labores que pudieran considerarse tradicionalmente femeninas; algunas (bastantes) no se quedaban a resguardo en los campamentos mientras los hombres combatían, sino que también peleaban en las batallas; cuando no hacían de correos y de espías. Algunas llegaron a ocupar rangos militares.

Estas mujeres son las que decidió inmortalizar la literatura, resaltando como cosa extraordinaria su valentía y arrojo. Cosa sobre la que, si me preguntaran, opinaría que es bastante machista. ¿Asombrarse porque una mujer sea valiente, capaz y arrojada, ya sea en el combate o en cualquier otra cosa? ¿Congratularse los hombres, de tratar a una mujer como igual, o incluso, como superior? Claro que la capacidad y el valor es tan normal en una mujer como en un hombre, y que de por sí han de tratarse ambos sexos como iguales, y aceptar el liderazgo de una mujer, tanto como el de un hombre. Y el (la) que respingue al leer esto, he de informarle, que es machista, ya sea consciente, o inconscientemente.

Yo decidí usar como tema el caso contrario; el de la mujer abusada y vejada durante la revolución. Las más de las soldaderas eran incorporadas a la fuerza a las tropas, hay innumerables recuentos del rapto y violación de mujeres.

Dos citas del libro de Martha Eva Rocha, Las defensas sociales en Chihuahua. Una paradoja en la Revolución.

“En el pueblo de Namiquipa, Villa lo sitió y ordenó matar a todos los hombres y las mujeres se las echó a la tropa…”

“También los carrancistas en Rubio, también se trajeron como unas catorce muchachas y hasta se querían traer mujeres casadas, y así”.

Y esta de Edith O’Shaughnessy, se su libro Huerta y la Revolución vistos por la esposa de un diplomático:

“En el norte reina una total ilegalidad, en cualquier parte los hermanos se matan entre sí, en tanto que a las hermanas las reparten como botín”.

No hay daño mayor ni más terrible que se pueda hacer a una mujer, que la violación. Mi cuento es una protesta dolorosa contra este crimen.
Y contra el machismo, la misoginia, que lleva a toda clase de violencia contra la mujer, desde la verbal, hasta el feminicidio.

En otro tema, mi ilustración para este cuento es en homenaje a José Guadalupe Posada, que, con su estilo mordaz y satiríco, en el que todos eran esqueletos y calaveras (como proclamación de la vanidad fútil de los mortales humanos y de la igualdad entre las clases sociales, por compartir, todos sus integrantes, sin excepción, el destino de la muerte) primero criticó el régimen porfirista y más tarde retrató la Revolución como una fiesta de la muerte donde lo mismo andaban los generales, que los pelados, en “la bola”. Como Posada publicaba sus dibujos y grabados mayoritariamente en periódicos, dí a mi ilustración el efecto de un grabado reproducido en un periódico centenario, amarillento ya.
Dibujé a la soldadera Petrita como una calaca, porque ella ya estaba muerta en vida, quemada, desde antes de estallar, entrampada en su propia trampa, que era un intento de tomar venganza en contra de las injusticias que contra ella se habían cometido. Las violaciones secuenciales, el despojo, el rechazo y el abandono.

Cierro este artículo con un corrido agrarista, que refleja el sentir campesino sobre este tema tan escabroso aún, la Revolución Mexicana, que no solo no resolvió ciertos problemas que quedaron pendientes desde la guerra de Independencia, sino que falló en capitalizar sus triunfos a largo plazo. Por ejemplo ¿La Reforma Agraria nos hizo progresar realmente, aprovechando el máximo potencial del campo? Cien años después muchas cosas en este país conservan un estado similar al de 1910.

Bueno, el corrido y luego, en el siguiente artículo de este blog, una reflexión sobre la lucha de clases que se hace ostensible en él.

Corrido a los campesinos de la República Mexicana, por la Liga de Comunidades Agrarias del Estado de Veracruz.

Tomado de Manifestación lingüística y significación en doce corridos agraristas mexicanos, de Georgina Trigos y Domínguez.

“Cuando el gachupín llegó
hace cuatrocientos años
a despojar de sus tierras
a todos los mexicanos.

Trescientos años duró
la desmedida ambición
arrasando por completo
hasta nuestra religión.

Estos hombres emplumados
caminaban con destreza
de su civilización
que hable el Calendario Azteca.

Este pueblo de Cuauhtémoc
no lo podrán dominar
él luchará por sus tierras,
para libre trabajar.

En mil ochocientos diez
Hidalgo fue a la campaña
para arrojar al burgués
a ese que vino de España.

(…)

Por sus tierras ha peleado
este pueblo con denuedo
por eso se levantó
con Don Francisco I. Madero.

La burguesía mexicana
miró la cosa tan cierta
-mataremos a Madero-
de eso que se encargue Huerta.

Zapata se levantó
con su valor insurgente
y el gobierno lo mató
con puñal terrateniente.

Se hacen las revoluciones
en Washington sin tardanza
para asesinarlas luego
como le pasó a Carranza.

Desde Madero a Obregón
son diez ya los presidentes
que ha cambiado la nación
y seguimos como siempre.

El plan de Ayala nos trajo
un povenir que no es fijo
esa Ley del seis de enero
que parece a la de Cristo.

Toda la Reforma Agraria
es una mera ilusión
para Tierra y Libertad
hay que hacer expropiación.

Para vengar tanto mal
de la burguesía asesina
todos los proletariados
a empuñar la carabina.

Nuestro dolor aconseja
esta medida unionista
bastante ya hemos sufrido
al pie del latifundista.”

Y continúa… En este corrido el recuento de presidentes se quedó en Obregón, hoy ya pasamos por Calderón y estamos por pasar (queriendo o no) por Peña Nieto, y “seguimos como siempre”.

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