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Princesa en su torre metida

August 18, 2012

Ella ocultaba lindos rostro, cuerpo y cabellera, sabía del peligro de la belleza: causa deseos de poseerla de una forma, u otra.

La belleza, si no es la propia, causa a las mujeres, envidias verdinosas, que se les salen por los ojos, vueltos negros, negros.

Para los hombres, una mujer hermosa es una mariposa, un ave rara, azul y plata, que cazar; un bello adorno, una gema a comprar.

Escondía, tierna niña eterna, sus ojos, so pena de que su mirada de girasoles perdiera los colores tornasoles. Sólo podía hablar.

Pero ¡ay! sus palabras también eran hermosas, eran joyas, relucían, diamantes entre las perlas propias de su boca, hechos poema.

Su voz sabía a néctar, y atraía colibríes de metálico plumaje zafiro-rubí, abejas rosadas, y oh, pesar, también malignas moscas.

Hubo de callar. Entonces escribió paisajes, y contó del sabor a color azul (sabe a mañana, y a aguamarina, y a transparencias).

Y dibujando a versos caminos de aire como corrientes de mar, aprendió a volar. Bebió libertad, que es nubes, agua y piel de sal.

Pero un Dios Injusto notó, en sus dominios celestes, a la doncella volante, que debía, según sus mandatos, estar atada a tierra.

¡Le mandó furias de tormenta, latigazos de rayo! Amor la dejó ciega y mansa; un canto encerrado y boca que besar, silenciosa ya.

Ahora su alma es una princesa en su torre metida. No asoma más. ¡Hace tanto no se oye el brillo diamantino de su voz de luz!

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Éste cuento fue el resultado del estudio del modernismo, corriente literaria de estética inconfundible. Es una prosa poética, rítmica y llena de aliteración, muy descriptiva de la belleza. Se puede decir que la belleza era en sí el tema de Los Modernistas. Toda aquella que se pudiera percibir con los cinco sentidos.

Se trataba de evadirse de la fealdad cotidiana describiendo bellezas extraordinarias. La beldad femenina era el tema perfecto a describir. Para Los Modernistas la mujer tenía hermosuras tanto físicas, sensuales, como inmateriales, espirituales…
Información más extensa del modernismo, en este mismo blog, bajo el título de naturalismo, por cierto.

La ilustración para mi cuento modernista fue un ejercicio extraordinario para mí, pues poco favorezco en mi gusto particular, al pintar o diseñar, el colorido pastel, y la temática fantasiosa “bonita”. Me inspiré parte en la estética del Art Nouveau y parte en los anime japoneses. Si Takashi Murakami puede hacer arte de la cultura pop, jaja, yo también.

Mi personaje favorito del artista multimedia Murakami (pintor, escultor, diseñador) es Miss Ko.

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Creo que en la actualidad la estética pop rige el mundo, prácticamente. Como el Art Nouveau en su tiempo, es lo de moda, lo bonito, el eye candy que resulta llamativo por sus colores. Una verdadera golosina. No necesita de grandes reflexiones filosóficas para disfrutarse ni digerirse. La línea entre arte, diseño e ilustración publicitaria es muy tenue en estas corrientes. Arte para las masas, de consumo cotidiano.

Y comparando mi ilustración híbrida Art Nouveau-Animé, con mis ilustraciones anteriores en este ejercicio que me ocupa, la fauvista, que ilustró mi cuento naturalista, concluyo en que cada quien ve el mundo desde su perspectiva. Trágica, cruda, realista, soñadora, bonita… Yo creo que la vida es un poco de todo, mezclado aquí y allá, y hay que saber apreciar objetivamente el conjunto, no siempre es bueno quedarse en un rincón con una visión estrecha y una interpretación inamovible, de la vida.

En este cuento utilicé el recurso de la sinestesia y la figura retórica de la aliteración, como hicieron los exponentes clásicos del modernismo, como Rubén Darío y Amado Nervo. El título del cuento y la frase provienen precisamente de un poema de Nervo, El Fantasma y yo, que reproduzco aquí.

Mi alma es una princesa en su torre metida,
con cinco ventanitas para mirar la vida.
Es una triste diosa que el cuerpo aprisionó.
y tu alma, que desde antes de morirte volaba,
es un ala magnífica, libre de toda traba…
Tú no eres el fantasma: ¡el fantasma soy yo!

¡Qué entiendo de las cosas! Las cosas se me ofrecen,
no como son de suyo, sino como aparecen
a los cinco sentidos con que Dios limitó
mi sensorio grosero, mi percepción menguada.
Tú lo sabes hoy todo…, ¡yo, en cambio, no sé nada!
Tú no eres el fantasma: ¡el fantasma soy yo!

Este poema modernista habla de esa sensación, que era no poco frecuente en mí, de ser espíritu, alma, contenida, retenida y reprimida en y por un cuerpo que, a veces, era prisión. Creo fervientemente en que los seres humanos somos mente, cuerpo y alma juntos, y procuro cultivar todos. Sin embargo, mi cuerpo, de las tres partes de mí, es el único que me juega malas pasadas a veces, jaja. No porque se enferme o sea débil, afortunadamente no. Sino por la interacción social. Para la sociedad es más importante el cuerpo que cualquier otra cosa. El aspecto físico determina como se trata a la gente. Se crean conceptos equivocados en base a la apariencia. No se molesta, la mayoría de la gente, en conocer la mente y el alma de otras personas. Sólo les interesa su contenedor físico, su cuerpo. Y es triste. Es un círculo vicioso. Cuántos y tantos ya no se interesan por la espiritualidad ni por el intelecto. Pero por lucir bien, por las apariencias, se esfuerzan mucho.
Mi cuento habla un poco de eso. Una mujer bonita que tiene que esconderse para no causar envidias femeninas o acosos masculinos, siendo que tiene bondades que ofrecer, si escucharan sus pensamientos y consideraran sus sentimientos. Me hubiera gustado escribir un final distinto, jaja. Que el amor que encerró a la princesa en su torre, en vez de ello, la hiciera más libre. Son pocos los casos en que esto sucede. Las más de las veces el amor tiene algo de esclavitud, ya que las parejas buscan, o bien entregarse al otro, o que ese otro les pertenezca. No se trata de convertir a la persona amada en una propiedad, como un objeto. Por eso elegí ese final. Una protesta encubierta en palabras bonitas, jaja. No protesto por mí, que he sido bendecida con la libertad plena, que incluye la libertad de pensar, sentir, amar, actuar. Yo misma la conquisté al dejar de considerar a mi cuerpo la prisión de mi alma y mente, y empezar a sentirme orgullosa de los tres. No tengo porqué avergonzarme de mis ideas, ni de mis sentimientos, ni de mi aspecto. Muestro todos porque todos son (soy) yo.

Mi protesta es por todas aquellas mujeres que quieren ser tratadas “como princesas”, y terminan aprisionadas en una torre, dentro de otra torre. Esclavas de otra persona.

Debería de escribir, además, la historia contraria, la de una mujer también bonita, pero que no se oculta, sino que al contrario, exhibe y sobreexpone su belleza física, descuidando la de su interior, la de su mente y su alma, fenómeno muy ligado al imperio de la cultura pop. Materialista en sí. El culto a la belleza estereotipada y exclusivamente externa. Ya ven porqué he relacionado cosas en apariencia tan disímiles en este artículo, jaja. Modernismo, Art Nouveau, Pop Art y mente, cuerpo y alma.

Es que es cierto… Una cosa lleva a la otra.

Esta fue una cadena no de cuentos, sino de pensamientos.

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