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Minicurso de Cuento. 4. Modernismo.

August 16, 2012

Modernismo.

Los integrantes del Minicurso de Historia y Práctica del Cuento Hispanoamericano que se lleva a cabo a través de twitter, avanzamos y estamos listos para dejar atrás al naturalismo, para estudiar a la corriente que lo debió sustituir, si en Hispanoamérica fuéramos ordenados, jaja. Pero parece que el caos tiende a prevalecer en esta zona del mundo. En un caso extraordinario, llegaron a coexistir por décadas, todas las corrientes que hemos visto: romanticismo, realismo, naturalismo y ésta que veremos ahora, modernismo.

Adelantaba que se trataba de llevarle la contraria a la corriente anterior. Si el naturalismo hablaba de la fealdad de la vida con un lenguaje crudo, el modernismo prefiere contar de la belleza, con un lenguaje preciosista.

El modernismo es descriptivo. ¿Qué describe? Todas las sensaciones agradables que se puedan percibir con los cinco sentidos. Hermosas vistas, sonidos bellos, sabores exquisitos, tactos delicados de texturas asombrosas, aromas inefables, perfumes dulcísimos. Y muy importante, todos estas experiencias sensoriales placenteras se pueden llegar a intercambiar unas con otras. Es sinestesia literaria.
La sinestesia es, para contarlo de forma breve y sencilla, cuando alguien puede oler los colores, o percibir un sabor en la boca al escuchar un sonido, o ver imágenes con sólo tocar una cosa. Esta revoltura de sentidos, es, en la literatura modernista, de una delicadeza primorosa. Revoltura que se reproduce en los sonidos de la prosa. No hay una prosa más poética que la modernista. No rima, pero tiene mucho ritmo. Y alitera.
La aliteración es una figura retórica de resultados musicales. Consiste en repetir un sonido, en las palabras de una frase, y si es posible, hasta en el párrafo y el texto completo, como hizo Rubén Darío, escritor nicaragüense, modernista por excelencia, altamente representativo del género, en un cuento. Pongo un extracto del mismo, “Amar hasta fracasar”:

“Faltaba ya nada para anclar; más la mar brava, brava, lanza a la playa la fragata: la vara.

La mar trabaja las bandas: más brava, arranca tablas al tajamar; nada basta a salvar la fragata. ¡Ah tantas almas lanzadas al mar, ya agarradas a tablas claman, ya nadan para ganar la playa! Blas nada para acá, para allá, para hallar a Ana, para salvarla. ¡Ah tantas brazadas, tan gran afán para nada, hállala, mas la halla ya matada! ¡Matada!… Al palpar tan gran mal nada bala ya, nada trata alcanzar. Abraza a la ama:

-¡Amar hasta fracasar! -clama…”

¡De rápido ingenio, Rubén el genio generó una rara gema!

Jeje. Aliteré un poquito. Claro que él lo hizo mucho más, ¡Escribió todo un cuento con sólo la letra “a” como vocal”. Ni una e, i, o, O, u. Jajaja. ¿No es divertido?

Pongo otros ejemplos de aliteración, ojo avisor, porque en el siguiente #10alas10, dinámica en twitter en la que se escriben los cuentos breves con extensión de diez tweets, cada miércoles de 10 a 11 de la noche, usaremos ese recurso retórico.

“En el silencio sólo se escuchaba un susurro de abejas que sonaba.” Garcilaso

“El ruido con que rueda la ronca tempestad.”
Zorrilla

“Ay, si las palabras fuesen solo un suave sonido…”
Vicente Aleixandre

“…lanza bajo el ala
bajo el ala aleve del leve abanico!
Rubén Darío

Ya lo que se contaba, era menos importante que cómo se contaba. Podía contarse de una tragedia, o de una muerte, pero era por sobre todo relevante, hacerlo de forma bella, ricamente descriptiva, con colores, aromas, texturas, sabores, sonidos. El modernista es un arte muy sensual. ¡Alto! No exclusivamente erótico. Sólo sensual, referente al placer de los sentidos, pero no necesariamente a un placer sexual. Aunque sí abarcaban ese tema, pero de un modo delicado, sublime. Nada que ver con las descarnadas descripciones naturalistas.

El objetivo, era, nuevamente, escapar de la realidad. Pero ya no mediante la idealización de la tragedia del romanticismo, ni por su tristeza depresiva. No, ahora la puerta de escape es la fantasía de la belleza. Y se puede escapar en el tiempo, y, en el espacio. Se puede visitar el pasado, o un lugar lejano, real o imaginario.

Los temas exóticos resultan atractivos al modernista. Lo extranjero, lo diferente, lo fuera de lo común, siempre más delicado y misterioso que lo que le rodeaba diariamente. Sí había tristeza, pero una tristeza elegante, que era más bien el aburrimiento, el hastío, causado a los espíritus elevados, por las cosas mundanas y ordinarias. ¡Qué cosa tan fea, y de evitarse, el ser ordinario! El modernismo era bastante desdeñoso de las cosas comunes.
La soledad sí era tema del modernista, pero como un placer y una necesidad del alma, que debía alejarse de la vulgaridad para alcanzar la perfección.
La mujer era frecuente tema de los modernistas, presentábanla etérea, de una belleza refinadísima, cual hada o ninfa. Algunos, sin descuidar este concepto de delicadeza, también describían su belleza sensual. La mujer ideal del artista modernista era hermosa de cuerpo y alma, fuente de goces carnales, al mismo tiempo que de espirituales. Inocente.

Reproduzco aquí a otro exponente por excelencia del modernismo, el mexicano Amado Nervo. El no fue cuentista, pero pongo extractos de sus poesías para ilustrar el ideal de belleza buscado por el lenguaje modernista:

“El día que me quieras, los sotos escondidos
resonarán arpegios nunca jamás oídos.
Éxtasis de tus ojos, todas las primaveras
que hubo y habrá en el mundo serán cuando me quieras.

Cogidas de la mano cual rubias hermanitas,
luciendo golas cándidas, irán las margaritas
por montes y praderas,
delante de tus pasos, el día que me quieras…
Y si deshojas una, te dirá su inocente
postrer pétalo blanco: ¡Apasionadamente! ”

“Todo amor nuevo que aparece
nos ilumina la existencia,
nos la perfuma y enflorece.”

“Como un ensueño en una cuna,
como se posa en la ruina
la piedad del rayo de la luna.
como un encanto en un hastío,
como en la punta de una espina
una gotita de rocío…”

Eh, bien. Basta de poesía. ¡A los cuentos! Links a tres de ellos, naturalmente, modernistas. El primero, un clásico, El Rubí, de Rubén Darío. Tomen nota del preciosismo del lenguaje, con salpicaduras de aliteración aquí y allá, las múltiples referencias sensoriales, y la descripción que hace de la mujer.

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/dario/rubi.htm

Las nieves eternas, del chileno Baldomero Lillo. Una fantasía que logra las delicias del oído con el lenguaje, y hace imaginar.

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/lillo/nieves.htm

Y, ¿Una Mariposa?, de Leopoldo Lugones, argentino. Una muestra de que aún la muerte puede ser descrita con belleza y delicadeza. Que la tristeza puede ser “elegante”.

http://es.m.wikisource.org/wiki/%C2%BFUna_mariposa%3F#section_footer

Lean uno o dos antes de dormir, jaja. Son largos, tal vez, pero creo que les gustarán.

Instrucciones para el cuento:

1. Elegir a una mujer como protagonista, la mujer es el personaje perfecto para el modernismo, ya que de ella se pueden describir muchas bellezas, espirituales y físicas.

2. Incluir la sinestesia literaria. Mezclar o intercambiar las sensaciones de un sentido, con las de otro.

3. Incluir la siguiente frase, tomada de un poema de Amado Nervo: “mi alma es una princesa en su torre metida”. La cual, expresa la delicadeza espiritual contenida en la fortaleza del cuerpo. Si su personaje no tiene diálogos, ni habla o piensa en primera persona, y el que cuenta la historia es un narrador,pueden cambiar a “su alma es una princesa en su torre metida. O bien, generalizar un poco: “el alma es una princesa en su torre metida”. Pero no hay que sacar a la princesa de la torre, jajaja. ¡Eso sería asesinato!

4. Utilizar el recurso retórico de la aliteración. Tan discreta o tan marcada como gusten los participantes. Pero este cuento debe tener una resonancia musical. Sin embargo, no hay que rimar, no es poesía… Jaja.

A sacar lindos cuentos de este tema.

Unas imágenes y ya casi me voy. Ya hablé (escribí) mucho. Soy hablantina y boquirrubia, perdón. El modernismo, en pintura, y en Europa, se llamó Art Nouveau. Un artista clásico del movimiento fue Alphonse Mucha. Un pequeño ejercicio de imaginación. Observen sus pinturas, a las lánguidas y dulces mujeres que retrata, pálidas pero mórbidas, sensuales… todos sus detalles, sus adornos, su delicadeza, y traten de traducir todo ello al lenguaje. La literatura modernista se escribe como estas pinturas se ven, todas las palabras, son bellas como flores, y en conjunto, hacen un ramo artísticamente dispuesto.

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