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La rubia y yo

August 3, 2012

Aquí algunos de los cuentos de #10alas10, dinámica tuitera dentro del Minicurso de Cuento; finalizada la labor de edición, puesto que se trata de un taller. Gracias a todos los escritores.
Empezamos con…

La rubia y yo por @alexia_dsegura

Versión original:

“Las 2 de la tarde y el calor agobiaba mis sentidos, las calles semi pobladas carecían de ruidos, de niños jugando en el asfalto.
A lo lejos caminaba una despampanante mujer de 1,70 pechos firmes y cadera torneada, su corto vestido delataba su profesión.
¡Ay, qué pinche sabrosa! Gritó un albañil desde al construcción de la costera Miguel Alemán; la rubia ni volteó, solo bajó la mirada.
En la contraesquina dos chavos de 19 años platicaban mientras cheleaban -Mira, ahí viene tus males y tus pesares- dijo uno, burlándose.
-¡ Pinche vieja! Ni me la menciones, por su culpa Mariana me cortó!
-Yeso Juan? Jajaja si te la diste?—Claro que no, goey. Los celos enfermizos de Mariana y los chismes de su hermana causaron todo, jamás pude explicarle la relación entre la rubia y yo.
-¡¿Entonces sí te la echaste pinche Juan goloso quien te viera?! ¡Tu tan escuálido pero tienes pegue!
-¡Que no, Ramiro!A Mariana jamás le interesó todo lo que hice por ella, ¡ella solamente quería que fuera de su propiedad y nada más! Le valía todo. ¡Y empezó todo porque la saludé! Aparte me gritó que si me gustaba porque estaba güerita y ella no, que si me gustaban pintadas.
– ¿Porque era rubia?
-Sí y me dejo ese día…
-¿Y si te la echaste?
-No goey, es mi prima esa rubia, jamás dejó que le explicara.”

La versión original quedó ligera. En el tallereo se optó por una explicación más fuerte de que la rubia tuviera una relación oculta con Juan, que éste no le pudiera confesar a su novia. La corriente realista no evade temas escabrosos. Así que se convirtió a la rubia en una prostituta con un hijo que tuvo de adolescente. Si lo hubiera tenido a los quince, más los 19 de él, tendría 34. Tallereado el texto con esta idea, el cuento hace hincapié en la prostitución y el embarazo precoz. El rencor de un hombre joven hacia su madre, que lo avergüenza, sostiene el cuento.

Segunda versión:

Las dos de la tarde. El calor agobiaba los sentidos, las calles semivacías carecían de ruidos, de niños jugando en el asfalto. Se acercaba caminando una atractiva mujer de unos 35 años; muy alta, de pechos firmes y cadera torneada, su corto vestido delataba su profesión.
¡Ay, qué pinche sabrosa! Gritó un albañil desde al construcción de la costera Miguel Alemán; la rubia ni volteó, solo bajó la mirada.
En la contraesquina dos chavos de 19 años platicaban, cheleando.
-Mira, ahí vienen tus males y tus pesares- dijo uno, burlándose.
-¡ Pinche vieja! Ni me la menciones, por su culpa Mariana me cortó!
-Y eso, Juan? Jajaja, sí te la diste?-¡Claro que no, goey! ¡No vuelvas a decir eso! Los pinches celos de Mariana y los chismes de la gente causaron todo, jamás pude explicarle la relación entre… Bueno, nada. Ya no importa.
-¡¿Entonces sí te la echaste, pinche Juan goloso, quién te viera?! ¡Tú tan escuálido pero tienes pegue!
-¡Que no, y cállate, Ramiro! Un día Mariana y yo nos encontramos a la güera, y la tuve que saludar. Mariana se puso loca, me gritó que si me gustaba porque estaba güerita y ella no, que si me gustaban pintadas. No entiende nada.
– ¿Se puso celosa?¿ porque era rubia?
-Sí y me dejó ese día…
-¿Y sí te la echaste?
-No goey, ¡te dije que no volvieras a decir eso! Ramiro… No soy huérfano. La güera es mi mamá.

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