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La Carta

July 27, 2012

Aquí mi cuento escrito como ejercicio del género Romanticismo al estilo del siglo XVIII. Dentro de la dinámica #10alas10 en twitter, que ahora está dedicada al Minicurso de Historia y Práctica del Cuento Hispanoamericano.

La carta.

Te imagino al pie de tu cama, arrodillada, musitando fervorosa tu plegaria, patética, trémula petición a tu Ángel de la Guarda.

“Y si muero antes de despertar dí a Dios que lleve mi alma”: tu última frase, citada con voz anegada en llanto por tu vieja aya.

Amor mío, Dios te oyó, no viste más la luz de la mañana ni escuchaste la llamada a despertar de los ruiseñores tras tu ventana. Una fiebre extraña te consumió en una noche; amaneció tu cama empapada. Creyeron los doctores que sudores. Pero fueron lágrimas. Sabemos el secreto, tu buena nana, cómplice y celestina de nuestros amores, la que te llevó mi última, malhadada carta, y yo.

¡Perdóname, vida mía, que ahora has sido de mí arrancada! Lamento la tormenta e ímpetu de mi ira. ¡Que te odiaba, yo te dije!

Esta mañana me trajo tu aya la noticia de tu muerte, mi carta maldita arrancada de tu mano yerta y otra carta. La tuya para mí. En ella me decías que sólo a mí amabas, que desafiabas a Dios, al mundo, por huir conmigo, que ¡con otro jamás te verían casada!
Yo que sin explicar porqué te dije que te abandonaba. ¡Yo soy tu asesino! ¡He de morir por la mano que escribió esas palabras!

Fin

Dije antes, que imbuida del espíritu de un romántico del 1800, no pude renunciar la tragedia así como así, jaja. De modo que la ilustré. Un boceto rápido con lápices pastel para capturar el alma de la pobre muerta de amor, ¿cómo se vería, con su carta en la mano, si yo fuera el Ángel Sombrío que recoge las almas? Con la mirada fija…

20120726-202813.jpg

Y como un pensamiento lleva al otro, la mirada fija de la pobre muerta me recordó un poema, no del 1800 pero de 1900 sí, ya que Jaime Sabines no vió el 2000. Se nos quedó en 1999 eternamente. En los ojos abiertos de los muertos.

En los ojos abiertos de los muertos
¡qué fulgor extraño, qué humedad ligera!
Tapiz de aire en la pupila inmóvil,
velo de sombra, luz tierna.
En los ojos de los amantes muertos
el amor vela.
Los ojos son como una puerta
infranqueable, codiciada, entreabierta.
¿Por qué la muerte prolonga a los amantes,
los encierra en un mutismo como de tierra?
¿Qué es el misterio de esa luz que llora
en el agua del ojo, en esa enferma
superficie de vidrio que tiembla?
Ángeles custodios les recogen la cabeza.
Murieron en su mirada,
murieron de sus propias venas.
Los ojos parecen piedras
dejadas en el rostro por una mano ciega.
El misterio los lleva.
¡Qué magia, que dulzura
en el sarcófago de aire que los encierra!

Jaime Sabines.

(Espero no infringir copyrights…)

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