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La señora Díaz dijo que ella misma compraría las flores

Vicky cerró el libro goteado de lágrimas, y lo decidió. Mientras buscaba su abrigo negro, el de los bolsillos amplios, pensó que ya nadie le decía Vicky, a excepción de ella misma, en su interior. La llamaban Victoria. O la señora Díaz.
Él dejó de decirle así antes que nadie. Llegaba con flores, la hallaba triste, le reprochaba: “¿Otra vez llorando, Vicky Woolf?”
Pero era un reproche dulce, de preocupación. Y la consolaba a besos y bromas sobre la depresión de la escritora Virginia Woolf.
“Basta de admirar tanto a tu tocaya, ya no la imites, Vicky. Lo bueno es que no hay ríos cerca…”, y le hacía el amor.
A la mañana siguiente ella cantaba como pájaro griego y le servía café caliente en las tacitas nuevas. Luego se quedaba sola.
Y lloraba. Un día él llegó sin flores y al encontrarla sollozando, le espetó: ¿”Otra vez, Virginia?” Sin Vicky, sin Woolf.
Ya no la amaba pero siguió viviendo ahí, por desidia. Ella siguió viviendo, nada más. El café estaba frío y las tacitas, viejas.
Tacita nueva, dónde te pondré… Tacita vieja, donde te tiraré. La señora Díaz estaba rota, como La señora Dalloway.
Ese era el libro que, goteado de lágrimas, había terminado. Ya no había vuelta de página. Fin. No había río, pero había azotea.

Epílogo
Cuando él llegó halló la casa llena de flores. Ella había dicho que sin su amor, ella misma compraría las de su funeral.

@yuriikko

 

Inspirado en la señora Dalloway, personaje creado por Virginia Woolf. si deseas saber cómo se escribió este cuento, visita: “Conversión de Virginia Woolf en la señora Dalloway y conversión de metáfora lexicalizada a metáfora literaturizada” http://wp.me/p2CJMw-l1

Conversión de Virginia Woolf en la señora Dalloway y conversión de metáfora lexicalizada a metáfora literaturizada.

Hola, en esta ocasión estudiaremos dos tipos de metáfora a la vez, la lexicalizada, que es aquella que se ha incorporado al léxico común, al lenguaje cotidiano, tanto, que el que la dice ni siquiera nota que está diciendo una metáfora.

Como “hoja de papel”. La hoja es un órgano de las plantas; por extensión, se aplica a toda lámina de algún material, como el papel.

Y partiendo de “hoja de papel”, con la que estaban hechos los libros de los contadores, por ejemplo, se acuñó “hoja de cálculo”, programa computacional que hace automáticamente las operaciones que antes se hacían manualmente en tales libros.

¿Me explico? Entender una metáfora lexicalizada es muy sencillo.

La metáfora literaturizada es el extremo contrario, es la metáfora de la metáfora, por decirlo así.

Se trata de analogías tan rebuscadas, que el lector tiene que pensar bastante para descifrar qué quiso decir el cultísimo escritor, jaja.

Retomemos el ejemplo de “hoja de papel”. Convirtámosla en una metáfora literaturizada. Hoja, por ejemplo, también se llama la lámina de metal de un puñal, o espada, o cualquier otra “arma blanca” (“arma blanca” es otra metáfora lexicalizada, por cierto). Así que podríamos convertir “hoja de papel” en “blanca espada en la que escribo”. Si lo pusiera en una construcción literaria, vgr, así…

“Tu nombre azul gotea sobre la blanca, endeble espada que cortó mi anular al escribirlo. Puse el punto final en rojo.”

Significaría, simplemente, que escribí el nombre de alguien con un lapicero de tinta azul, que goteó, en una hoja de papel en blanco. El azul haría alegoría a a la nostalgia o añoranza, el goteo hace referencia obligada al llanto, mencionar el corte del anular, el dedo donde se lleva el anillo de compromiso o la alianza de matrimonio, simboliza la ruptura de una relación, el punto final se explica solo, y el rojo alude a la sangre. No mucha, es de una cortadura de papel, ¡pero la frase se lee muy dramática!

Aunque solo yo supiera qué diablos quise decir. Pero si mis lectores lo pensaran un poco, probablemente desentrañarían el misterio.

Una anécdota chusca, antes de seguir, que siempre nos cuenta un profesor de filosofía: “Había una vez un filósofo que contrató a una secretaria para que tomara el dictado de sus libros. Terminando de desarrollar una idea, le pedía a la secretaria que le dijera si había entendido o no, lo que quería decir, que si consideraba que el texto podría ser comprendido por cualquier persona. Si la secretaria contestaba que sí, el filósofo exclamaba: ‘¡eso está muy mal escrito, entonces! No es digno de un filosófo. Hay que oscurecerlo’.

Jaja. A mí me encanta leer filosofía, pero es un hecho que algunos textos son intrincados.

Ese efecto parecen querer lograr, también, algunos literatos, sobre todo, los poetas. Mucho se acusa de complicados a algunos. No los animo a llegar a los extremos del culteranismo snob, pero sí a desarrollar un lenguaje literario.

No toda la literatura necesita expresarse en metáforas, pero la gran mayoría de los géneros y estilos recurren a ellas. El arte es subjetivo, en sí creación y en su recreación por el espectador. Sin embargo, el lenguaje literario aún debe ser un lenguaje inteligible, en mi humilde opinión, para que la comunicación sea exitosa.

Ya en contexto, viendo “el todo”, el arte es más sencillo de interpretar. Contexto social, histórico, personal del autor, político, etc.

Para este ejercicio, vamos a trabajar con ejemplos de metáforas lexicalizadas, a convertir en metáforas literaturizadas.

Primero, unas muy comunes en el lenguaje cotidiano…

1. Cintura de avispa
2. Pan comido
3. Colgar los tenis
4. Miel sobre hojuelas
5. Niña de mis ojos

Algunas, como dijo @_artillero, son Metáforas “Mexicalizadas”, jaja. Los refranes nacionales están hechos de metáforas muy buenas.

Luego cada quién aportará otras metáforas lexicalizadas, para “traducirlas” y completar diez. A
poner a trabajar el ingenio y la creatividad. ¡Metaforicemos!

Mis construcciones:

Cintura de avispa

Mi índice y pulgar pellizcan el breve talle, arriba del polisón. La reina se defiende y me pincha. Qué ardor.

Pan comido

Robar fue fácil. Tenía hambre. Harina y agua, ambrosía y néctar del dios que es un hombre pobre, después de haber comido.

Colgar los tenis

La violencia del impacto dispersó las partes del atropellado. Un tenis quedó colgado del cable del trolebús.

Miel sobre hojuelas

La vida me sirve de ese oro dulce que es la felicidad, hoy. He de relamer el plato.

Niña de mis ojos

Traviesa, toma mis dos lunas azules por espejos, y se mete, a través de ellos, a jugar en mi alma.

Varita de nardo

Le das varapalos al orgullo, con tu figura esbelta… y dura. ¿Cuándo darás una flor que suavice tu encanto?

Piel de durazno

Redondo corazón de terciopelo, ay, suave es tocarte por fuera, y más por dentro, cuando cedes y abro tus dos mitades.

Ventana del alma

Fueron hechos tus ojos, para iluminar tus interiores. Más erró el arquitecto. Tu luz escapa por ellos.

Luna de miel

Selene, monta tu caballo de plata toda la noche, escóndenos de Helios; los enamorados soñamos a ojos abiertos.

Pedrada

Golpeó certero a la víctima, el primer insulto, duro y pesado, arrojado como al azar. Todos se unieron a la lapidación.

Las conversiones de metáfora lexicalizada a literaturizada de @pliniux

 

Cintura de avispa

Me llevaste a ti con tu talle fino de himenóptero y luego, con dulce crueldad, perforaste mi alma con tu aguijón.

Varita de nardo

Tu esbelta y delicada silueta, tu blanca piel que espera paciente la noche para apresarme con su dulce aroma.

Pan comido

Doce trabajos imposibles que, para el grandioso Hércules, pronto fueron trigo deglutido.

Colgar los tenis

Noble calzado que imprimiste mi huella en el mundo, hoy –con dolor– te convertirás en un satélite de la pista.

Miel sobre hojuelas

Utopía, reino mágico de la perfección, manjar de buñuelo regado con exquisito néctar de flores.

Niña de mis ojos

No te vayas, mi niña, no me dejes ciego en la oscuridad.

Cuerpo de uva

Podía rodar por el mundo, dejando en el paladar de sus amantes el dulce sabor de la vid.

Tapar el sol con un dedo

Cerró los ojos para no ver los rayos justicieros que lo castigarían por todos sus engaños y mentiras.

Loco por ti

Me derrumbo sin esperanza por la ladera de la cordura y caigo, por ti, inexorablemente a la sima de la locura.

Una de cal por las que van de arena
Amistad. Tierra y más tierra. Siempre tierra. Y una única paletada de blanca cal.

 

Las conversiones de @_artillero:

Cintura de avispa

Mis retratos dactilares elevan tu cáliz atigrado, óvalo fecundo, clamas victoria desde nubes de durazno.

Colgar los tenis

San Pedro se negó y los arrojé de vuelta. Cuervos Converse graznando, desde la eléctrica telaraña.

Pan comido

Robarte un beso recién horneado o morder una de tus orejitas de hojaldre, ¿pecado o travesura? Mi repostera de maple.

Niña de mis ojos

Las letras bailan y cantan, los números corren y chocan, todo a través de tus ojos, de solo cinco años.

Como agua para chocolate

Nos arrancamos el papel. Concha y piloncillo.
Nata adornando tus jarros, a la olla y molinillo.

Ojo de hormiga
Te salen antenas y patas, desapareces en un santiamén; lo haces, sueldoinsecto, quincena a quincena y mes tras mes.

Las perlas de la virgen

Las iridiscentes se asoman, opacando los tiernos encantos, vista a ojo de ave, la foto y la boca de pato.

La inmortalidad del cangrejo

Escucho a la Hidragerente y mi mente divaga: la arrojo a los campos de Marte o a Troya, a la playa.

Miel sobre hojuelas

Crocante néctar, dorada semilla, bocado a bocado el maná nos alimenta. Cuarenta años parecerán solo días.

Patas de gallo

Cordilleras de sal arropan, al atardecer, a las sonrientes gemelas, las lunas acuosas. Coquetas, se sonrojan.

Las conversiones de @Jarekzado:

Cintura de avispa

He de buscar el antídoto contra el veneno que me inyectas; sé bien que en la estrecha curva no sé encuentra.

Pan comido

Maestro panadero el que hace cien encargos solo y de noche.

Miel sobre hojuelas

Te invito esta noche a mi casa. Últimamente servimos platillos de ambrosía.

Niña de mis ojos

Desde los prismáticos te observo, tan apacible, tan deslumbrante, tan dentro del corazón.

Romper el hielo

Frío cristal, separando el mundo de nuestras palabras. Contundente pica resquebraja en el silencio.

Como alma que lleva el diablo

Hacia el feudo infernal el viaje se hace corto. Fugaz como la misma muerte.

Pez en el agua

Corrientes y mareas parecen un juego al remontar. No intentes en la tierra, no es tu hábitat natural.

Delicada como una flor

Primavera, verano, otoño o invierno, te cuido desesperadamente, no te vayas a deshojar.

Corazón roto

Se notan en el cuerpo las heridas de antaño, el rojo caballero que lo entrega todo, cuestión de orgullo, de amor.

 

 

Y ahora, nuestro próximo truco -con la magia de la literatura- ¡consistirá en integrar metáforas lexicalizadas-literaturizadas a un cuento breve!

Vamos a llevar la conversión de lo común a lo literario más allá, extendiendo la metáfora a todo un concepto.

El personaje tristemente célebre será Virginia Woolf, conocida por su depresión crónica, transtorno bipolar y muerte suicida -eligió acabar con su vida saltando al río, habiendo llenado los bolsillos de su abrigo con piedras- pero hablaremos de ella solo en su versión literaturizada, es decir, nuestro personaje será no exactamente Virginia Woolf, la escritora, sino la señora Dalloway, alter ego de Virginia en la novela del mismo nombre.

Es un personaje autobiográfico. Ella se “deslexicalizó”, se sacó de la vida real y común, y se llevó a un libro.

Esta obra es famosa por sus imágenes poéticas, en una época en que la novela se escribía en una prosa… pues bastante prosaica, si me permiten la redundancia. Si no han leído La señora Dalloway, aquí está en PDF.

http://hispaforum.ru/resources/file/6930

Basta que lean las dos o tres primeras páginas para que noten la exquisitez literaria con la que describe las rutinas de la vida diaria.

¿Ven de qué se trata la literaturización a gran escala?

¿El objetivo propuesto al convertir metáforas lexicalizadas en literaturizadas? Espero que sí.

Vamos a los cuentos.

El primero, de @Pliniux, que fue más allá de la Metáfora Lexicalizada utilizada como dicho o adagio y convirtió en literatura una canción que es ya parte de la cultura popular en los países de habla hispana, y que relata la ” escena de la despedida misteriosa” de un amante, aquel que debe irse y no puede decir porqué, tan retratada en el arte. Plinio hace un símil que demuestra que el amor y las personas suelen comportarse igual sea cual sea su escenario geográfico.

Molinos de viento adentro, en la mente.

“Nosotros que nos queremos tanto, debemos separarnos, no me preguntes más”.

Dos años antes de que el joven Pedro Junco, escribiera esta bella despedida (¿o debo decir bella declaración de amor?), Adeline Virginia Stephen (¿o debo decir la señora Dalloway?) también buscaba el modo de explicarle a uno de sus grandes amores que partiría a un nuevo continente incierto, desconocido, opaco y que lo tendría que dejar a él y a la playa y a las flores y a los árboles y a los pajarillos volando arriba y abajo y a Vita y a Orlando y a Leonard (otra vez) y a Bloomsbury y a las olas. “Tú me has dado la máxima felicidad posible”, le dijo. “No puedo luchar más”, añadió. “Toda la felicidad de mi vida te la debo a ti”, confió, susurró. “Empiezo a oír voces y no me puedo concentrar”, aclaró. “No creo que dos personas hayan sido mas felices que lo que nosotros hemos sido”, finalizó. Se puso su abrigo, sus piedras preciosas de río y emprendió el viaje a lo profundo, lejos de los molinos de viento.

Ahora mi propio cuento…

La señora Díaz dijo que ella misma compraría las flores

Vicky cerró el libro goteado de lágrimas, y lo decidió. Mientras buscaba su abrigo negro, el de los bolsillos amplios, pensó que ya nadie le decía Vicky, a excepción de ella misma, en su interior. La llamaban Victoria. O la señora Díaz.
Él dejó de decirle así antes que nadie. Llegaba con flores, la hallaba triste, le reprochaba: “¿Otra vez llorando, Vicky Woolf?”
Pero era un reproche dulce, de preocupación. Y la consolaba a besos y bromas sobre la depresión de la escritora Virginia Woolf.
“Basta de admirar tanto a tu tocaya, ya no la imites, Vicky. Lo bueno es que no hay ríos cerca…”, y le hacía el amor.
A la mañana siguiente ella cantaba como pájaro griego y le servía café caliente en las tacitas nuevas. Luego se quedaba sola.
Y lloraba. Un día él llegó sin flores y al encontrarla sollozando, le espetó: ¿”Otra vez, Virginia?” Sin Vicky, sin Woolf.
Ya no la amaba pero siguió viviendo ahí, por desidia. Ella siguió viviendo, nada más. El café estaba frío y las tacitas, viejas.
Tacita nueva, dónde te pondré… Tacita vieja, donde te tiraré. La señora Díaz estaba rota, como La señora Dalloway.
Ese era el libro que, goteado de lágrimas, había terminado. Ya no había vuelta de página. Fin. No había río, pero había azotea.

Epílogo
Cuando él llegó halló la casa llena de flores. Ella había dicho que sin su amor, ella misma compraría las de su funeral.

@yuriikko

L’apres midi d’un Faune

n

“Mírame de lejos y verás
como tu dios colapsa dentro mío Bajo este cielo de papel maché Entre el humo de sahumerios y pachulí…”

Las candilejas se besan, crecen y se multiplican, cientos de microsoles, girando todos alrededor del Dios Fauno, como flores.

Los velos de las ninfas, embriagados en aquella belleza masculina, aún más grácil que la de sus núbiles dueñas, se desmayan. Se corren y caen, enseñando un trozo de sonrosado hombro aquí, ocultando una redonda mejilla, o una mirada de adoración, allá.

Todo el teatro adora al danzante Dios Fauno; sus zapatillas de punta le lamen los pies, y enloquecidas, giran convulsivamente. Violentos aplausos remarcan cada gesto de Nijinsky; los binoculares que brillan en los palcos se le repegan a la piel.

El decorado de cartón piedra se vuelve un bosque vivo, parras de madreselva, pachulíes olorosos a deseo. Es el paroxismo.

La corona de azahares del Dios saca espinas como garras y las hunde en su sien; el Hombre-Fauno sufre, acosado por Venus y Eros. El Hombre quiere ser puro, como un Dios, pero bajo la túnica de cada Dios, asoman las patas cabrías de un lúbrico Fauno.

Se agita, bailarín, arriba, abajo, el pañuelo blanco en la mano del Fauno. Erupciona, espasmódico, al llegar un staccato.
El silencio deja de ser pausa en la música para volverse eterno. El Fauno no volverá a bailar. El Hombre está loco. El Dios ha muerto.

@yuriikko

Inspirado en Vaslav Nijinsky. Si deseas conocer a este bailarín, vistita “El Dios de la Danza y la metáfora cinestésica”, en este mismo blog. El Dios de la Danza y la Metáfora Cinestésica http://wp.me/p2CJMw-kS

El Dios de la Danza y la Metáfora Cinestésica

v

En el taller literario #10alas10*, dedicado a la creación de cuentos breves corresponde estudiar, tras una metáfora “fácil”, como la hiperbólica, una más compleja, la Cinestésica (no confundir con la Sinestésica, con “s”, que se refiere al intercambio de las percepciones los sentidos), o Kinestésica.

La Cinestesia o Kinestesia -de un modo simplista- es el estudio del movimiento. Más específicamente, del movimiento humano, de la capacidad humana de percibir el espacio utilizado por su propio cuerpo, mantenerlo en equilibrio, desplazarlo en el espacio que lo circunda, y en el tiempo. Esto se logra a través de la percepción interna, llamada sensibilidad interoceptiva y de la percepción externa, la sensibilidad propioceptiva, radicada en los músculos y articulaciones y auxiliada por el sentido del oído (esencial en la ubicación espacial y el equilibrio). Ambas se conjugan para llevar a cabo el acto voluntario del movimiento. Caminar, adelantar el brazo y la mano para sujetar algo, comer, negar con la cabeza, saltar, correr, bailar, etc., todos son actos cinestésicos.

Una nota cultural: la habilidad Corporal- Cinestésica hoy en día es considerada uno de los componentes de la “inteligencia múltiple”, según la teoría de Howard Gardner. un bailarín o un deportista son genios del movimiento lo mismo que un artista plástico.

La Cinestesia, como recurso literario, se emplea para dotar de movimiento aparentemente voluntario a cosas inanimadas que no lo tienen, por voluntad propia ni por reflejo. Por ejemplo, esta construcción:

La puerta se abrió, airada. La vela se estremeció y su llama quedó temblando de frío, hasta que murió.

Aquí estoy insinuando que la puerta se abrió sola, no que alguien o algo la abrió, aunque podía haber sido el viento; la llama de una vela puede “temblar” con una corriente de aire, pero está claro que no puede tener escalofríos, como un ser vivo. Estoy haciendo una Metáfora Cinestésica.

No es una antropomorfización, pues no únicamente los humanos se mueven, y, además, como figura retórica, la Metáfora Cinestésica se extiende a los sentidos y sensaciones, haciendo oír, palpar, olfatear y ver a las cosas que no pueden hacerlo. Pero lógicamente, todas estas cosas son efectuadas a través del movimiento. Les pongo un ejemplo:

Recosté mi frente en el cristal, que, al sentirla arder, le dió un frío y duro beso para absorber mi locura.

Es una metáfora Cinestésica porque un cristal “besara”, además de que tendría que tener labios, claro, habría de fruncirlos y presionarlos, efectuar un movimiento voluntario. No es el cristal el que se mueve, es el humano el que lo hace al acercarse al cristal y presionar su frente contra él, pero es una forma muy efectiva de comunicar la sensación de un cristal frío contra la piel caliente, que es lo que yo buscaba.

Hasta los actos de hablar y escuchar involucra Cinestesia. ¿Recuerdan esa frase, “las paredes oyen”? Es una Metáfora Cinestésica.

Para ampliar, con un agradable ejemplo, el concepto de Cinestesia como recurso retórico, aquí una construcción literaria de @_juan_karlos_, uno de los talleristas de #10alas10.

“Yo seguía a la noche y la madrugada a mí; el viaje estaba por terminar. El aroma a café recién hervido llamó al amanecer y las casas de mi pueblo respondieron al badajo que anunciaba el día cerrando los ojos.

El viento del norte bailaba con el maizal junto al camino viejo, que seco y agrietado, nos besaba los pies cansados que ya sentían la querencia por la tierra amada.

Por fin mi hogar me dio la bienvenida con el sabor humeante de la cocina.

La sonrisa de mi madre y el tibio calor de mi casa me reconfortaron. Las ventanas me abrieron los brazos.

Salí a buscar a mi padre y los zarzales dieron un paso atrás para mostrarme el camino. Fue un abrazo de hombres que se quieren, que hizo temblar la tierra y estremecer el cielo.”

@_juan_karlos_
Editora, @yuriikko

 

Y una ilustración de lujo, feliz hallazgo del tallerista @pliniux, un poema de Octavio Paz que, como bien nos lo dijo él, casi todo es pura metáfora cinestésica.

“Cantan las hojas,
bailan las peras en el peral;
gira la rosa,
rosa del viento, no del rosal.
Nubes y nubes
flotan dormidas, algas del aire;
todo el espacio
gira con ellas, fuerza de nadie.

Todo es espacio;
vibra la vara de la amapola
y una desnuda
vuela en el viento lomo de ola.

Nada soy yo,
cuerpo que flota, luz, oleaje;
todo es del viento
y el viento es aire siempre de viaje.”

Octavio Paz

El personaje Tristemente Célebre que protagonizará nuestras historias es el mítico bailarín de ballet ruso, Vaslav Nijinsky, llamado “El dios de la danza”, y caído en la mayor de las desgracias, pues desarrolló una enfermedad mental que, tras solo 10 años de carrera, le alejó prematuramente de los escenarios que le dieron fama y gloria a nivel de leyenda: esquizofrenia.

Vaslav Nijinsky, de ascendencia polaca, nació en Rusia posiblemente en 1889, aunque en su acta consta 1890; hijo de padre y madre bailarines, a los 8 años ya actuaba con ellos en sus giras.

A los 9 años (oficialmente 10) ingresó a la Escuela de Ballet Imperial de San Petersburgo, y a los 17, recién graduado, fue inmediatamente privilegiado con papeles estelares, dado su virtuosismo. Pronto se presentó con la también legendaria Anna Pavlova, en los ballets Las Sílfides, El Festín y Cleopatra. Ambos son famosos por dominar magistralmente la técnica “en pointe”.

Inició así su ascendente y polémica carrera, Nijinsky sorprendía en todos los sentidos, en los técnicos, y en el expresivo y convulsivo dramatismo que imprimía a sus actuaciones. Tras un breve romance con el príncipe Lvov, su primer protector, conoce al hombre con el que tuvo una intensa relación de amor-odio que marcó su destino: Serguéi Petróvich Diàghilev.

Diàghilev era un personaje muy influyente en el mundo de las artes ruso, y dirigía un grupo de intelectuales enfocado en la producción de obras de arte “totales”, música, teatro y artes visuales. Tras los desacuerdos de Anna Pavlova con Diàghilev, que redundaron en la creación de la propia compañía de ella, Nijinsky brilla aún más con su propia luz en Giselle, aunque pronto abandona el Ballet Imperial Ruso, tras la censura de su vestuario, considerado por el público ruso, “indecente”, por escaso y entallado.

Viaja a Montecarlo y París, obteniendo grandes éxitos con ballets como Narciso y El Dios Azul. El público francés, mucho menos propenso a escandalizarse que el ruso, lo adora. El momento álgido de la carrera de Nijinsky llega con su début como coreógrafo en la producción La Siesta del Fauno, basado en un poema de uno de los Poetas Malditos, Mallarmé.

Fue un escándalo, pues el bailarín incluyó movimientos marcadamente eróticos en su coreografía, incluyendo la simulación de una eyaculación con un pañuelo blanco, “en honor” a las ninfas. Pero había más, Nijinsky había creado un estilo nuevo que se alejaba del académico, experimentando con lo que mucho más tarde sería conocido como danza contemporánea.

Aquí el cartel de la famosa La Siesta del Fauno.

n

Un análisis psicológico de la coreografía de El Fauno devela el debate de Nijinsky entre la sexualidad y la moralidad, su obsesión con la androginia, y con las enfermedades neurológicas, pues tenia un hermano que, al haber caído de una ventana de niño, habia sufrido daño cerebral, y fue internado en un hospital psiquiátrico. Poco antes de diseñar la coreografía, lo había visitado, y los movimientos espasmódicos de su personaje parecían imitar los de los enfermos psiquiátricos. El mismo Vaslav Nijinsky tuvo una caída importante a los doce años.

Siendo estudiante, sus compañeros le retaron a saltar sobre un atril, y embadurnaron el piso con jabón. Vaslav tuvo hemorragia interna y estuvo en coma cinco días tras el golpe en el abdomen y la cabeza.

Aunque los muchos médicos que atendieron su esquizofrenia años después no pudieron hallar evidencia de que la caída causara su patología, mucho lo especularon.

Prosigo. Tras otras presentaciones, y la creación de un método nuevo, que sin embargo, no tuvo oportunidad de presentar, inesperadamente, Nijinsky contrae matrimonio. Aprovechando un viaje en barco hacia Sudamérica, en el que Diàghilev estaba ausente, se compromete con Rómola Pulsky, aristócrata húngara, y se casa con ella en Buenos Aires, al desembarcar. Furioso, Diàghilev lo expulsa de su compañía, y Nijinsky forma la suya propia en Londres, pero entonces aparecen sus primeras crisis de salud, que le impiden presentarse en escena.

Por la cancelación de sus espectáculos, Njinsky enfrenta la bancarrota, y sobreviene su primera crisis nerviosa. Viaja a Budapest con su esposa, y allí es encarcelado, tras el inicio de la guerra. Diàghilev lo rescata, y lo lleva a Nueva York para que se presente con los ballets rusos en la Metropolitan Opera, y es nombrado director de la compañía.

El 19 de enero de 1919 baila en público por última vez, realizando un violento solo, danza poseído de furia, cosa que hace evidente su enajenación mental a los espectadores.

Los siguientes 30 años, hasta su muerte, fue atendido por los más prestigiosos psicólogos y psiquiatras de la época, incluido Sigmund Freud.

Su diario, escrito en tres libretas durante seis semanas, es considerado un valioso documento tanto para la psiquiatría como para el arte. Para la psiquiatría, porque es el único diario en que un esquizofénico ha plasmado sus ideas durante los ataques de psicosis, sus delirios y alucinaciones. Para el arte, porque en ese manuscrito se encuentra volcada el alma un genio, que trasmutó en arte su obsesión con la sexualidad y con Dios, su fragilidad, su introversión, la desprotección que experimentó de niño, ante el abandono de su padre y la convivencia con una madre depresiva, el sacrificio que supuso tener dos amantes- mecenas…

En fin, un artista atormentado, como muchos otros. El arte siempre ha sido una válvula para liberar el sufrimiento interior. Pero a veces la explosión final sucede, de todos modos.

El diario de Nijinsky, ha sido publicado en forma de libro, lectura que les recomiendo; es interesantísimo en todos los aspectos; en el humano, el clínico y en el artístico, no solo en lo que respecta a la danza, también en el literario.

Nijinsky se expresaba con abundancia de metáforas, por ejemplo. Son expuestas, en particular, sus ideas sobre Dios (un tiempo se convirtió a la filosofía de Tolstoi acerca de Dios).

Sobre que Dios está en cada ser humano y la bondad reside en su interior, no en la religión…
Pero eso merece un capítulo aparte.

Hoy, por último les recomiendo una de las películas que se han hecho inspiradas en esta trágica vida: Nijinsky, de 1970, con el también célebre y virtuoso bailarín Rudolph Nureyev.


L’apres midi d’un Faune, interpretada por Nureyev, coreografía de Nijinsky.

Ahora un par de cuentos, creados en este taller literario, con el objeto de estudiar la Metáfora Cinestésica y tomando como inspiración al gran artista del movimiento Nijinsky. Enseguida el mío propio, que he titulado…

L’apres midi d’un Faune

“Mírame de lejos y verás
como tu dios colapsa dentro mío Bajo este cielo de papel maché Entre el humo de sahumerios y pachulí…”

Las candilejas se besan, crecen y se multiplican, cientos de microsoles, girando todos alrededor del Dios Fauno, como flores.

Los velos de las ninfas, embriagados en aquella belleza masculina, aún más grácil que la de sus núbiles dueñas, se desmayan. Se corren y caen, enseñando un trozo de sonrosado hombro aquí, ocultando una redonda mejilla, o una mirada de adoración, allá.

Todo el teatro adora al danzante Dios Fauno; sus zapatillas de punta le lamen los pies, y enloquecidas, giran convulsivamente. Violentos aplausos remarcan cada gesto de Nijinsky; los binoculares que brillan en los palcos se le repegan a la piel.

El decorado de cartón piedra se vuelve un bosque vivo, parras de madreselva, pachulíes olorosos a deseo. Es el paroxismo.

La corona de azahares del Dios saca espinas como garras y las hunde en su sien; el Hombre-Fauno sufre, acosado por Venus y Eros. El Hombre quiere ser puro, como un Dios, pero bajo la túnica de cada Dios, asoman las patas cabrías de un lúbrico Fauno.

Se agita, bailarín, arriba, abajo, el pañuelo blanco en la mano del Fauno. Erupciona, espasmódico, al llegar un staccato.
El silencio deja de ser pausa en la música para volverse eterno. El Fauno no volverá a bailar. El Hombre está loco. El Dios ha muerto.

@yuriikko

Una aportación más, esta, de @_artillero. Disfruten de este mágico cuento creado por él, inspirado en Vaslav Nijinsky.

Marioneta

Tras la salva de aplausos, la efigie estilizada del bailarín de ballet Vaslav Nijinsky aparece sobre el improvisado teatro.

Luce magnífico en el disfraz del personaje que le diera fama en sus inicios: Petrouchka, la marioneta de paja, aserrín y magia. Con elegante y fluido movimiento saluda al público a la vez que comienza el espectáculo que año tras año da aquí, en este lugar.

La habilidad del bailarín es tal que toma los papeles de los demás personajes principales, maravillando a su cautivo público. La bailarina, El mago y El moro, además de Petrouchka, son fielmente representados, recibiendo cada uno un toque distintivo. Pirouette, arabesque, cabriolé, allegros; ejecuta a la perfección los pasos clásicos del ballet y se prepara para el gran salto.

Petrouchka toma impulso y vuela… Su salto dura un latido más de lo posible, entrecorta la respiración, arranca exclamaciones.

El cementerio de Montmartre cobra vida; árboles y plantas aplauden; en las lápidas los epitafios dejan paso a frases de asombro. Las Vírgenes, los santos y los querubines asienten, sin duda complacidos. No aplauden pues temen romper sus manos de mármol.

Petrouchka, marioneta de bronce, vuelve a su sitio: la tumba de Vaslav, junto a las flores que celebran su aniversario luctuoso.

@_artillero

Felicidades a @_artillero por el enfoque que halló sobre el tema; la escultura sobre la tumba de Nijinsky en Montmartre representa precisamente a Petrouchka, aquella marioneta que fuera su primer papel profesional. Haber elegido a Petrouchka, es muy apropiado; el concepto de una marioneta que cobra animación y vida, es en sí una Metáfora Sinestésica gigante. La ilusión de las marionetas consiste en hacer que una cosa, un objeto, parezca moverse como por voluntad propia. Lo mismo que hace un escritor al usar una Metáfora Sinestésica. Notarán que una metáfora puede llevarse tan lejos como uno quiera. Esto es ver en grande. Sin descuidar los detalles, pues la sinestesia está también en los árboles, las lápidas y las demás esculturas del cementerio.
Un gran acierto.

Gracias por leer.

*Las lecciones de #10alas10 se imparten a través de la red social Twitter, y publicamos nuestros ejercicios prácticos cada miércoles a las diez de la noche, hora del centro de México.

@yuriikko

Dos cuentos: Caballero y Cabalgadura, y Más refulgente que el sol

Louis de Rougemont

Caballero y Cabalgadura

-¡Infinita tragedia! No más fantásticas aventuras, ni para mí…
-Dolíase Louis de Rougemont, -ni para ti, Pemulwuy,
m
i amigo.

-No ahora que yace, desgarrada en mil sangrantes pedazos, mi reputación de explorador, y la hiena social le hinca los dientes. Esos periodicuchos y revistas “serios”, ¿qué ganaron excavando, ratas hambrientas, en mis historias, buscando “verdad” en ellas? ¡Dinero! Tú sabes que yo no fui un estafador; jamás de los jamases mentí por eso. Ni por todo el oro del mundo. Solo quería honor. ¿Qué hacer, si uno se sabe valiente, capaz, osado, inteligente, caballero de brillante armadura , pero sin rocín y sin aventuras? Soñar. Solo compartí con el mundo mis maravillosos sueños. Me acusan del infame, terrible delito de tener demasiada imaginación. Yo coloreé la mente desabrida de los insulsos lectores de noticias, con visiones extáticas, magnificentes. ¡Les regalé perlas! Los hice lamer por las lenguas ardientes del desierto, hallar tesoros. Vieron, con mis ojos, volar a un roedor gordo y dentón.Conté hasta de ti, Pemulwuy, la tortuga que me deja montar su caparazón. Nos han visto, caballero y cabalgadura, y aún dudan.

-¡Déjalos Louis! -Contestó Pemulwuy. -La incredulidad es más segura para sus mentes, tan diminutas como la de un cobarde ratón.

Más refulgente que el sol

Hoy escribiré, amables lectores, de cuando su servidor, Louis de Rougemont, explorador y aventurero, fue dios.

Sucedió en Australia, ¡cuando hallé minas de oro que harían un pobre mendigo del rico Rey Salomón! Salía de una de ellas cargando, desnudo, algo así como una tonelada de pepitas de oro, como rocas, en envoltorios que había hecho con mi ropa…

-¡Oh, perdón si ruborizo la imaginación de mis púdicas admiradoras, ejem, digo, de las lectoras de mi columna en este diario!-

Decía que salía de la mina, y me detuve a morder una pepita para calar el oro, tan fuerte que la rompí con mis dientes… y noté que toda mi piel refulgía como si fuera yo un incendio vivo. ¡Tal era el abundante polvo de oro suelto en la mina!

Mi brillo opacaba al mismo sol en fuerza y pureza, y así desnudo, parecía yo un hermoso ídolo egipcio o africano, tamaño natural. O tamaño sobrenatural, pues así, mordiendo la pepita, sorprendióme una liliputiense tribu pigmea, ¡que se postró a adorarme!
Me llevaron a su aldea en un carro tirado por canguros. Wombats voladores iban sosteniendo un lienzo sobre mí para darme sombra.
Allí fui su dios mil días. Huí, harto de festines dignos de Midas, ¡pues me ofrendaban, para comer, puras pepitas de oro!

@yuriikko

 

Inspirados en Louis de Rougemont. Si deseas conocer a este personaje  y saber cómo fueron creados estos cuentos, visita “El mentiroso más grande del mundo y la metáfora hiperbólica” en este mismo blog. El mentiroso más grande del mundo y la metáfora hiperbólica http://wp.me/p2CJMw-kK

El mentiroso más grande del mundo y la metáfora hiperbólica

Louis de Rougemont

Estamos listos, fieros paladines, defensores feroces de las letras, listos para enfrentar otra batalla de tinta y papel contra los fantásticos gigantes de viento, Metáforo y Retórico.

O, dicho más simplemente, hola, ¿listos para hacer y/o leer otro ejercicio de metáfora de #10alas10? #10alas10 es un taller de creación literaria impartido a través de la red social Twitter, por cierto. En él escribimos cuentos breves a guisa ejercicios prácticos, y los presentamos cada miércoles a las diez de la noche.
Dirán, qué ampulosamente se expresó Yuri (la redactora de este texto) en el primer párrafo. Eso que estaba haciendo una Metáfora Hiperbólica.

Usando referencias a la leyenda de los paladines y a los “gigantes” contra los que se enfrentó el ingenioso hidalgo en aquel “buen suceso que el valeroso Don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento con otros sucesos dignos de felice recordación…”

Reconocerá el título del capítulo octavo del Quijote, libro que es un constante ejemplo de metáfora hiperbólica; todo el tiempo el escritor hace pensar hablar y actuar al personaje, en hipérbole, y como narrador, se encarga de corregir sus exageraciones.

Ya leeremos un fragmento. Ese Cervantes era el verdadero ingenioso.

Habrán notado ya que la Metáfora Hiperbólica consiste en exagerar, exagerar, exagerar. A mí en lo particular me parece muy divertida; la cosa más sencilla suena extraordinaria si elegimos palabrotas para nombrarla.

Y con palabrotas no me refiero a ordinarieces, sino a palabras que resulten la apoteosis de la grandilocuencia, la exacerbación hasta la locura de la retórica, magníficas de tan impresionantes, tan sonoras que canten estentóreas como mármoles (como te recuerdo, Gabo), coloridas como gemas, adornos preciosistas del lenguaje, amantísimas del dramatismo y, y claro, rimbombantes. Oh, oh, exageré, exageré otra vez.

Estoy, queridos amigos, hiperbolizando.

Una hipérbole muy común es utilizar “morir”, para todo. “Me muero de sueño”, “me muero de hambre, de sed, de amor”…

Obviamente nadie se está muriendo de verdad cuando dice estas cosas, pero impresiona más, ¿no?

Digan a alguien “me muero por ti” y le acariciarán tanto el ego (Metáfora Sinestésica, “acariciar el ego”), que sonreirá “de oreja a oreja”.

Otra hipérbole. Nadie tiene boca de Guasón, imposible que, por más amplia la sonrisa, las comisuras de la boca toquen las orejas.

Pero es una metáfora muy expresiva.

Algunos ejemplos clásicos de Metáfora Hiperbólica:

“Érase un hombre a una nariz pegado”

Francisco de Quevedo

“Tanto dolor se agrupa en mi costado que, por doler, me duele hasta el aliento”

Miguel Hernández

Y otros ejemplos más, muy buenos… Como las irónicas frases a continuación:

“…soberbios alcázares de la miseria”, “oníricas construcciones”, “inverosímiles mansiones”, refiriéndose a unas pobres chozas.

Y esta otra, para referirse a sus desafortunados habitantes: “revuelto mar de sufrimiento pudoroso”.

Entendemos así que las casas eran tan, tan miserables, que eran el palacio fortificado de la pobreza, y la imagen de “revuelto mar” nos describe el hacinamiento sin privacidad de sus moradores.

También es muy efectiva está otra frase, hablando de las mismas chozas:

… “fueron construidas con piel humana, y con gotas de sudor y lágrimas humanas congeladas”.

Lógicamente no se usó en su construcción piel, sudor o lágrimas; así se expresa el sacrificio y sufrimiento que costó edificarlas, así sean paupérrimas.

A eso se refiere esta otra Metáfora Hiperbólica muy común, “dejar la piel” en algo. “Dejó la piel en la lucha por progresar”.

Nadie queda literalmente desollado, pero esta hipérbole ilustra que se hizo un gran esfuerzo, que tuvo un alto costo, que fue desgastante.

Ya comprendimos perfectamente lo que es una Metáfora Hiperbólica, imagino.

Aquí está El Quijote en PDF. Un clásico que si no han leído, han de empezar ya. Hiperbólico y divertidísimo, con su dosis de ironía.

http://www.donquijote.org/spanishlanguage/literature/library/quijote/quijote1.pdf

El peculiar caballero que será nuestro protagonista, puesto que #10alas10 se halla en el Ciclo de Personajes Tristemente Célebres, es Louis de Rougemont, naturalmente, en nuestras narraciones utilizaremos Metáforas Hiperbólicas.

Así que les cuento ignotos lectores, que espero sean al menos dos, la historia del que yo considero el Quijote moderno.

O no tan moderno, porque Louis de Rougemont nació bajo el nombre de Louis Grin, en 1847, en Suiza. Y el Quijote fue escrito en 1605.

El joven Louis huyó de casa a los 16 años, dispuesto a correr aventuras, pero al parecer no halló ninguna como apuntador de una actriz, o como asistente de un banquero, ni como mayordomo de un gobernador. Louis anhelaba descubrir cosas nuevas.

Quizá por ello quiso ser inventor, con nulo éxito. También trató de descubrir el amor, y se casó, pero no pudo permanecer atado.

Nuevamente huyó, en busca de horizontes nuevos y experiencias extraordinarias. Lamentablemente no tuvo ninguna.

Pero eso no lo detuvo. Si las aventuras no le sucedían a Louis, él le sucedería a las aventuras.

Se hizo conocido por las crónicas que publicaba en “The Wide World Magazine”, relatos de sus andanzas en Australia. Ahí, decía, trabó amistad con varias tribus indígenas, aprendió sus dialectos, y llegó a ser adorado como dios por una de ellas.
Contó que buscó y halló oro, y también una variedad del marsupial (por supuesto terrestre) llamado wombat, que volaba.

Una de sus hazañas, que llegó a demostrar en público, era montar tortugas…

Pero tantas maravillas provocaron la duda y la desconfianza. Louis de Rougemont fue cuestionado por el Daily Chronicles. Tal periódico y The Wide World Magazine, donde Louis era columnista, se enfrascaron en una batalla de ventas con el escándalo. Se descubrió la verdadera identidad de Rougemont, y el hecho de que buscaba en las bibliotecas los datos de sus aventuras. Pero seguramente con poca aplicación y mala memoria, porque nunca pudo señalar la ruta de sus viajes en un mapa. Alegaba que tenía un contrato de confidencialidad con una empresa minera, que no quería que revelara la ubicación del oro.

Finalmente, Louis de Rougemont, desacreditado, hubo de ganarse la vida viajando como actor de un show de salón. Se presentaba como “El mentiroso más grande del mundo”, pero tan hiperbólico título no le dio, tampoco, la fama anhelada.

Desapareció de la luz pública unos años. Reapareció tratando una vez más, de posicionar un invento suyo, un sustituto de carne que había creado, y que pensaba sería útil durante la Primera Guerra Mundial. No lo fue, era un invento inútil.

Al menos, no podemos decir que Louis de Rougemont no lo intentó…
Intentarlo y fracasar, ¿no vale más que no intentarlo?

Claro, está el problema ético. La mentira más inocente siempre resulta culpable.

Yo le hubiera recomendado a Louis Grin, que se dedicara a ser escritor de libros de aventuras bajo el seudónimo Louis de Rougemont…

¿Acaso no vivimos un poco -o un mucho- las aventuras que vivimos en los libros?

Tanto vivió las fantasías librescas el don Quijote de Cervantes, que abandonó todo para perseguirlas en la vida real.

¿Fue inútil, su búsqueda de sueños y quimeras?

Un extracto de un texto mío:

“Me reservo el derecho de creer, con la fe más tierna, en todo lo que imagine. Mi construcción más segura son mis castillos de aire.”

Y con esto como introducción y prefacio, enseguida uno de mis propios cuentos hiperbólicos  sobre Louis de Rougemont, El mentiroso más grande del mundo. Caballero y cabalgadura, y Más refulgente que el sol.

Caballero y Cabalgadura

-¡Infinita tragedia! No más fantásticas aventuras, ni para mí…
-Dolíase Louis de Rougemont, -ni para ti, Pemulwuy, mi amigo.

-No ahora que yace, desgarrada en mil sangrantes pedazos, mi reputación de explorador, y la hiena social le hinca los dientes. Esos periodicuchos y revistas “serios”, ¿qué ganaron excavando, ratas hambrientas, en mis historias, buscando “verdad” en ellas? ¡Dinero! Tú sabes que yo no fui un estafador; jamás de los jamases mentí por eso. Ni por todo el oro del mundo. Solo quería honor. ¿Qué hacer, si uno se sabe valiente, capaz, osado, inteligente, caballero de brillante armadura , pero sin rocín y sin aventuras? Soñar. Solo compartí con el mundo mis maravillosos sueños. Me acusan del infame, terrible delito de tener demasiada imaginación. Yo coloreé la mente desabrida de los insulsos lectores de noticias, con visiones extáticas, magnificentes. ¡Les regalé perlas! Los hice lamer por las lenguas ardientes del desierto, hallar tesoros. Vieron, con mis ojos, volar a un roedor gordo y dentón.Conté hasta de ti, Pemulwuy, la tortuga que me deja montar su caparazón. Nos han visto, caballero y cabalgadura, y aún dudan.

-¡Déjalos Louis! -Contestó Pemulwuy. -La incredulidad es más segura para sus mentes, tan diminutas como la de un cobarde ratón.

Fin

Decía que Louis de Rougemont fue generoso conmigo y me regaló la inspiración para un segundo cuento sobre su persona, aún.

Más refulgente que el sol

Hoy escribiré, amables lectores, de cuando su servidor, Louis de Rougemont, explorador y aventurero, fue dios.

Sucedió en Australia, ¡cuando hallé minas de oro que harían un pobre mendigo del rico Rey Salomón! Salía de una de ellas cargando, desnudo, algo así como una tonelada de pepitas de oro, como rocas, en envoltorios que había hecho con mi ropa…

-¡Oh, perdón si ruborizo la imaginación de mis púdicas admiradoras, ejem, digo, de las lectoras de mi columna en este diario!-

Decía que salía de la mina, y me detuve a morder una pepita para calar el oro, tan fuerte que la rompí con mis dientes… y noté que toda mi piel refulgía como si fuera yo un incendio vivo. ¡Tal era el abundante polvo de oro suelto en la mina!

Mi brillo opacaba al mismo sol en fuerza y pureza, y así desnudo, parecía yo un hermoso ídolo egipcio o africano, tamaño natural. O tamaño sobrenatural, pues así, mordiendo la pepita, sorprendióme una liliputiense tribu pigmea, ¡que se postró a adorarme!
Me llevaron a su aldea en un carro tirado por canguros. Wombats voladores iban sosteniendo un lienzo sobre mí para darme sombra.

Allí fui su dios mil días. Huí, harto de festines dignos de Midas, ¡pues me ofrendaban, para comer, puras pepitas de oro!

@yuriikko

Y también obsequió inspiración (de la buena) a otro escritor de #10alas10, @Pliniux, cuyo cuento nos comparte aquí:

Una Tortuga tan Grande como una Montaña

Imaginen la mentira más falsa que se puedan imaginar. ¿Ya? Bueno pues no es nada comparada con las mentiras de Henri Louis Grin. Henri se cambió el nombre por uno más glamoroso: Louis de Rougemont. Y, a partir de ahí, se dedicó a decir y publicar mentiras. Durante una eternidad, impresionó al mundo contando las historias más fantásticas habidas y por haber.
Pero esa eternidad se tuvo que acabar: todas sus mentiras –hasta la más microscópica– fueron descubiertas. Eso no detuvo al muy cínico: se fue al más recóndito, apartado y lejano rincón del mundo a dictar sus conferencias. Solo que ahora, en la apartada África del Sur, se presentaba como El Mayor Mentiroso del Mundo. Así, paradójicamente, sus gigantescas mentiras las acompañaba de una verdad más grande que el universo. Un día, dictaba su conferencia al aire libre bajo el agobiante y seco calor de la sabana africana: “Sin ningún miedo me trepé en esa enorme tortuga de unos 270 kg de peso y cabalgué sobre ella cerca de mil kilómetros”, decía. En eso, apareció una enorme tortuga, tan grande como una montaña, levantó una de sus patas y lo aplastó como a una pulga.

@pliniux

Buena historia, y perfecto ejemplo de la hipérbole como recurso retórico. Nos divertimos estudiando esta particular metáfora.

 

@yuriikko

Nahualli

la foto

Desde que me mordió, sueño con ese terrible perro parecido a un coyote.
En mis pesadillas, me habla; me regaña, me da consejos.

Y no bienintencionados. Quiere que sea mala. Me acusa de ser débil, de ser demasiado buena. Dice que mi abuelo se avergonzaría.

Él era fuerte, sí, pero violento, agresivo, también. Fue él quien llevó al perro-coyote a casa, “para que cuidara”. Ambos eran feroces.

De día, el abuelo encerraba con llave al perro que dormía en fría penumbra bajo su cama. De noche lo soltaba, y se encerraba él.

Despertábanme alaridos de muerte: gatos de los vecinos, siendo despedazados por el perro. Y una vez, un ladrón, mordido.

Una tarde el abuelo se quedó dormido en el patio mientras yo jugaba. Al instante apareció el perro de la nada, y me mordió a mí.

Me desgarró el brazo derecho, que usé para proteger mi cuello. Casi morí desangrada. Pero me llevaron al hospital aún a tiempo.

Sané, crecí, me fui de casa, estudié. Especialista en mitología mesoamericana, escribo libros sobre El Nahual y la teriantropía.

Curioso, que el vocablo “nahualli” signifique “sabio”, “investigador”. Soy investigadora, y mi nombre es justo ese, Nahualli.

Qué raro soñar con aquel perro una y otra vez, oírlo pronunciar mi nombre con la voz del abuelo. “Nahualli, es hora”, me dice.

 

@yuriikko

 

Este cuento utiliza la imagen visionaria y fue creado dentro de un taller de cuento. Si deseas conocer qué es una imagen visionaria y los pormenores del curso, por favor visita: Imagen visionaria http://wp.me/p2CJMw-jx